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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

El Papa, Internet y el dominio del conocimiento

Geógrafo subjetivo

Geografía subjetiva 17 de Mayo de 2009

 

Joseph Ratzinger me está decepcionando mucho. Nunca pensé que hablaría a favor del uso del preservativo o del celibato opcional de los sacerdotes, pero no me podía imaginar que se expresase de una forma tan torpe.

Hace solamente una semanas, reconocía públicamente en una carta que se podían haber conocido las declaraciones negacionistas del obispo integrista al que se le levantó la excomunión, que si hubiera utilizado Internet, el Vaticano se podía haber ahorrado unos cuantos quebraderos de cabeza.

El otro día se descuelga diciendo que Internet fragmenta el conocimiento, pero realmente no quería decir eso, sino lo que cita “La Vanguardia”:

“El uso ilimitado de portales a través de los que las personas tienen fácil acceso a indiscriminadas fuentes de informaciones puede llegar a ser un instrumento de creciente fragmentación. El conocimiento viene destruido y la compleja habilidad de crítica y discernimiento de las tradiciones académicas y éticas son a veces soslayadas y descuidadas.”

Veamos que le parece mal al Pontífice sobre Internet:

1) La ilimitación del uso, es decir, que Internet no le parecería mal si el acceso fuera ilimitado.

2) El fácil acceso a indiscriminadas fuentes de informaciones por lo visto también es horrendo. El Papa preferiría que el acceso a las informaciones (como equivalente a conocimientos) no fuera fácil, pero que si lo es, las fuentes fueran discriminadas, esto es, seleccionadas por alguien, que me supongo que sería él mismo o alguno de sus delegados.

3) La consecuencia es la destrucción del conocimiento, así a lo bruto, aunque luego precisa que la destrucción viene por el descuido y el soslayamiento de las tradiciones que él considera válida, las que realizan la selección querida por el PP, que en su caso es la tradición griega.

4) De todas las afirmaciones papales lo que se deduce es que Benedicto XVI expresa su miedo a la libertad de información y de conocimiento, su miedo a que Internet acentúe aún más la pérdida del control del conocimiento por las instancias eclesiásticas y, sobre todo, la idea de que el discernimiento sobre la validez de las fuentes debe hacerse “a priori” y de forma heterónoma.

 

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