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3-republica.blogspot.com 5 de Febrero de 2007
La Constitución garantiza la opacidad de las cuentas de la Casa Real. El Rey hace con sus cuentas lo que quiera sin que nadie le pueda fiscalizar. Es el único organismo público incontrolable. Sabemos la cantidad global de dinero que el Estado da a la Casa Real vía Presupuestos Generales del Estado, pero desconocemos cuánto dinero gana por otras vías ni cómo distribuye la Casa Real su presupuesto. No sabemos qué sueldo tiene el rey, su mujer, su hijo, sus hijas, su nuera, sus yernos. Por no saber, no sabemos ni si el hombre paga el IRPF (aunque podemos sospechar que no, porque al ser irresponsable nadie le podría sancionar por incumplir obligación alguna, si la tuviera). Algunas de estas cosas se las preguntó al Gobierno el único senador que tiene Izquierda Unida, Eduardo Cuenca. Era de prever que el Gobierno anduviera con evasivas para no decir que de la economía del rey no se sabe nada y que de lo que vamos sabiendo nada es demasiado limpio. Pero lo que sucedió es que la Mesa del Senado no aprobó la pregunta: decidieron no tramitarla.
Han sido ya varias, y de diversas tendencias ideológicas, las denuncias de
turbios negocios cerca de la Casa Real. Es conocido que algunos de los mejores
amigos del Rey no son tampoco un ejemplo de transparencia financiera (han pasado
por la cárcel varios íntimos del Rey como Mario Conde, Javier de la Rosa y Manuel
Prado y Colón de Carvajal). En estas circunstancias, si yo fuera el Rey, y
dando por hecho que su economía está limpia como una patena, haría públicas
todas mis cuentas para eliminar las dudas que algún despiadado republicano
pueda albergar. Pero sin duda los asesores de Juan Carlos (tampoco sabemos cuánto
se gasta en asesores
ni sobre qué le asesoran)
no son muy finos y no le han indicado que acabe con la sospechosa opacidad.
Lo que me llama la atención del senador es que pregunte por el IRPF del
monarca. En mi opinión no es el impuesto más importante en este caso. Lo que
el Borbón tendría que realizar es una declaración de patrimonio y pagar el
Impuesto sobre el Patrimonio.
Supongamos que se le hace pagar ese impuesto. Habría muchas cosas que aclarar.
No sabemos, por ejemplo, si el Palacio de la Zarzuela, o el de Marivent, son
considerados propiedad del Estado o de la persona que ostenta su jefatura. Por mí
que lo decida él mismo. Que decida libremente cuáles de los bienes de los que
dispone libremente son de su propiedad y cuáles del Estado. Pero que se aclare,
que se marquen las fronteras claramente. Posiblemente decida que casi todo es
del Estado para así pagar menos Impuesto sobre el Patrimonio. Perfecto. Pero el
día que se proclame la III República (día en que este blog tendrá que
cambiar de nombre) todos esos bienes se los queda el Estado y su familia se
queda con una mano delante y otra detrás. Si, por el contrario, decide que sea
casi todo propiedad personal suya, tendrá que retratarse ante el fisco cada año
y cuando muera se retratarían sus herederos con el Impuesto sobre Sucesiones.
Pedir que el rey decida libremente qué le pertenece y qué no, no puede
tacharse de un republicanismo radical; es más bien moderadita mi petición. Aún
así sabemos que nadie la aceptará. Por su propia naturaleza, la Monarquía sólo
se somete a una ley: la del embudo.