Las reales indisposiciones
Arturo Villar
UCR
4 de Diciembre de 2009
Ha causado profunda turbación a la ciudadanía
saber que su majestad el rey católico no pudo
asistir en la noche del 2 de diciembre a la
reinauguración del Liceu, debido a una
indisposición, según informó su servicio de
comunicación. La ciudadanía se pregunta si le
contagiarían alguna infección en la Fundación
para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES),
fundación fundamentalista del partido llamado
Popular, a la que acudió por la mañana para
recoger un premio a la Libertad.
Tan
justo premio se le ha concedido justamente al
cumplirse cuarenta años de su juramento de
fidelidad a las leyes de la dictadura, y al
dictadorísimo que lo designó su sucesor. El
premio cosiste en una especie de manillar de
bicicleta accidentada: está claro que los
artistas vinculados al partido llamado Popular
carecen de inspiración. Por eso pertenecen al
partido llamado Popular, claro está. Al acto
asistieron todos los dirigentes del partido
llamado Popular, con su presidente fundador a la
cabeza, el ministro de la dictadura Manuel
Fraga. Su reencuentro con el rey fue
cordialísimo, como hace cuarenta años. El tiempo
no pasa en España.
Los
ciudadanos nos preguntamos cómo entiende la
Libertad el partido llamado Popular fundado por
Manuel Fraga, el ministro que persiguió el más
mínimo asomo de libertad durante la dictadura.
Para esa noche estaba anunciada la asistencia de
sus majestades los reyes católicos a la
representación de Il trovatore, de Verdi,
en el Liceu barcelonés, pero solamente asistió
su majestad la reina. La representación fue
retransmitida en directo por la segunda cadena
de Televisión Española, y se ha grabado para su
posterior venta en DVD. Su majestad el rey
católico no acudió al teatro, a causa de una
indisposición.
La
asistencia al acto fue por estricta invitación,
para evitar que pudieran introducirse en la sala
discrepantes con la monarquía del 18 de julio
instaurada por el dictadorísimo. El Liceu fue
lugar de oposición a la dictadura, a pesar de
sus terribles medidas represivas. Una de las
estrellas no invitadas, pero sí destacadas, en
una de sus representaciones fue Jordi Pujol.
Después de la solemne pitada que se ofreció a
sus majestades los reyes católicos en el campo
de Mestalla en el pasado mes de mayo,
púdicamente censurada por Televisión Española,
había que evitar otro escándalo en el Liceu.
Parece que los ciudadanos están indispuestos con
la monarquía, y eso debe ocultarse. Las
manifestaciones populares al rey deben ser
únicamente de adhesión inquebrantable, y nunca
jamás de discrepancia, y menos aún de silbido.
Lo
indiscutible es que el premio de FAES le sienta
bien al sucesor designado por el dictadorísimo.
Lástima que no lo luciera en el Liceu.
Arturo
Villar es Presidente del Colectivo Tercer
Milenio