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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

Los príncipes, a destajo

Arturo Villar

UCR 26 de Octubre de 2009

 

   Ha sido emocionante escuchar a su alteza real el príncipe don Felipe el discurso que leyó al entregar los premios que llevan el título de Príncipe de Asturias. El escriba de turno que redactó el mensaje había creído necesario aludir a la crisis económica que padecemos, sin comprender que los oyentes íbamos a relacionarla con el sacrificio que nos cuesta subvencionar el derroche de esos festejos, organizados a la mayor honra y gloria de la monarquía del 18 de julio: son una pobre imitación de los premios Nobel, en versión de país subdesarrollado, innecesaria en cualquier momento, pero menos en el actual.

   El príncipe leyó sin temblarle la voz lo redactado por el escriba. A él no le alcanza la crisis, porque desde que nació vive y gasta a costa de los Presupuestos Generales del Estado. Los cuatro millones y medio de parados que escucharon sus palabras admiraron su serenidad y la perfecta dicción de que hizo gala. ¡Se le entiende más que a su padre!

   Digna de meditación es una de las fotografías que ilustran las informaciones relativas a los emocionantes momentos vividos por los príncipes de Asturias en la tierra que les da el título. Se trasladaron al pueblo de Sobrescobio para entregar un premio a los vecinos por tenerlo muy limpio, y aprovecharon el viaje para plantar un árbol. Así les queda menos por hacer, ya que según el refrán todo ciudadano debe tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol. Ellos de momento han hecho lo último; les falta tener un hijo, después de las hijas, y encargar al escriba que les redacte un libro en su nombre.

   La fotografía es maravillosa: retrata a la feliz pareja en el momento de echar una paletada de tierra, mientras ambos ríen a carcajadas. ¿De qué se ríen con tantas ganas? Tal vez de la pamema de representar a unos obreros en pleno trabajo para ganarse el jornal del día, al pensar en la cara que ponen los verdaderos obreros en el tajo, sudorosos y andrajosos. A ellos da gusto verlos, luciendo sus trajes de las mejores firmas, sin miedo de que nadie les diga que se los han regalado, como le sucede al presidente de la Comunidad de Valencia: a ellos nadie les regala nada, porque lo reciben todo de los Presupuestos Generales del Estado. Para eso trabajan, entregado premios y plantando árboles.

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Arturo del Villar es Presidente del Colectivo Republicano III Milenio

 

 

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