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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

¡Qué país tercermundista!

 

Arturo del Villar

 

UCR 3 de Agosto de 2009

 

   Los medios de comunicación de masas españoles se han escandalizado al conocer que el Ministerio del Interior de Marruecos ha ordenado secuestrar el jueves una revista. En un país democrático no podría ocurrir nada semejante, porque se respeta la libertad de expresión, de opinión y de manifestación.

 

   El motivo aducido es que publicaba un reportaje sobre el rey, que en Marruecos es irresponsable, irreprochable, irrecusable, irreprensible, irrefutable, irrenunciable e irresistible. Esto solamente puede suceder en un país tercermundista; en los democráticos no se considera irreverente publicar cualquier tipo de información sobre el jefe del Estado, y jamás se ordena el secuestro de un periódico, ni siquiera en el supuesto de que inserte caricaturas procaces del prócer o su familia.

 

   Pero en un país tercermundista está penado intentar comentar nada relativo a su jefe del Estado. Así, únicamente se cuchichea en privado sobre el montante de su fortuna personal cuidadosamente colocada, sobre los automóviles lujosos y las motocicletas de grandes cilindradas que posee, o sobre lo que cuestan a la Hacienda Pública sus aventuras cinegéticas y sus hazañas eróticas. Todo eso es secreto de Estado en un país tercermundista, aunque en los democráticos que tienen a un golfo al frente de su primera magistratura aparece en los medios de comunicación sin que suceda nada a los denunciantes, pero sí al golfo.

 

   En los países tercermundistas los políticos son corruptos, porque imitan al jefe del Estado; los jueces son corruptos, porque imitan a los políticos; los policías son corruptos, porque imitan a los jueces; los empresarios son corruptos, porque imitan a los policías, y así sucesivamente. A veces en los países democráticos se descubre una corrupción, pero cuando esto ocurre la opinión popular es informada, y tanto el corruptor como el corrompido pagan su culpa, aunque se trate del jefe del Estado.

 

  La mayor ventaja de los países democráticos sobre los tercermundistas consiste en que el jefe del Estado no es vitalicio ni hereditario, sino que es elegido periódicamente por el pueblo soberano. Precisamente por eso no es irresponsable ni irreprochable, etc.,  sino que debe justificar ante el pueblo soberano cada una de sus  actuaciones, y si alguna es reprensible recibe el castigo correspondiente.

 

   ¡Qué suerte tenemos de vivir en un país democrático, y no en uno tercermundista como Marruecos, en el que se castiga cualquier presunto desacato al rey con secuestros, multas y amenazas!

 

Madrid, 2 de agosto de 2009.

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Arturo del Villar es Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio

 

 

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