Correo

Alameda, 5. 2º Izda. Madrid   28014 Teléfono:  91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04     

 

No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

Operación Corona Salvadora
 

Antonio Maira  

Kaos en la Red 11 de Febrero de 2009

 

          Dos miniseries de televisión -en Antena 3 y TV1-, intentan revalorizar la figura del Rey Borbón ante la crisis catastrófica que nos está cayendo encima.

 

Historia de una traición” y “El día más difícil del Rey”, son las dos series televisivas con las que el “consorcio” que nos gobierna quiere reforzar la Monarquía -como soporte del sistema institucional-; ante la crisis torrencial: económica, social y política, que se está llevando por delante la seguridad vital de millones de personas. Casi un millón de familias sin trabajo en la totalidad de sus miembros; y una previsión –todavía no hecha pública por el gobierno, pero enunciada ya entre bastidores por los muchos comités económicos que sirven para dosificar la verdad y evitar la rebeldía-, que debe aproximarse ya a los cinco millones de parados, reclaman un Gran Salvador. La historia oficial del 23-F tiene que ser grabada en la conciencia de los jóvenes.


La próxima “gran meta económica” a la que nos dirigimos a velocidad de campeones: esos cinco millones de parados; obligan a reforzar la sagrada Trinidad de la “transición” y del sistema.

Los tres dioses: Mercado, Democracia Representativa (según consenso de Washington) y Libertad –que como saben los teólogos del sistema son sólo uno: el Capitalismo-, necesitan una devoción indestructible.

 

La crisis económica se está convirtiendo, aceleradamente, en una crisis política. ¿Qué mejor que recurrir a la institución que representa la continuidad de siempre y, sobre todo, la continuidad histórica desde el golpe fascista que derribó a la II República?. 

  El Rey –sucesor nombrado por Franco-, fue la clave para la “transición” hoy visible como continuidad de los poderes económicos y políticos del franquismo. Se convirtió después en soporte jurídico –inviolable- de una Constitución pactada y totalmente rígida ante cualquier demanda o necesidad de cambio. Finalmente; la varita mágica que nos presenta nuestra realidad de poder oligárquico y corrupto como un ejemplo universal de democracia, ha decidido elevar a la categoría de lo “sublime” su “intervención salvadora” del 23-F.

Los programas televisivos están “dirigidos a los jóvenes”. A los mismos a los que se ha educado sistemáticamente en la indiferencia política y social, la ignorancia sobre los mecanismos de poder, un individualismo que ha resultado suicida, y una fe en los políticos y su sistema de manipulación y propaganda que los ha vuelto ciegos. Los mismos que ahora sufren la marginación económica, política y vital; los que están sintiendo intensamente la soledad, y la condición de “parias sin futuro”.

Nuestra generación –que ha condenado sin misericordia a las siguientes, aceptando un sistema explotación y de desigualdad que les negaba toda posibilidad de vida digna-; quiere reforzar el engaño, conservar la bolsa llena, y continuar “su fiesta”.

Que los jóvenes –mujeres y hombres “integrados como mileuristas (los que alcanzan esa cifra casi imposible) en la sociedad entre los contratos basura y el paro”-, vean la historia que les cuentan los poderes que los gobiernan y les niegan el trabajo.

Los que hemos vivido aquellos años –que son la raíz del desastre que nos abruma- tenemos la obligación de contar otra historia muy diferente.

El papel del Borbón, Juan Carlos, en la transición y en el golpe del 23-F fue absolutamente distinta -radicalmente antagónica-, a la del salvador que quieren relanzar ahora. 

Al margen de los hechos de aquellos días: los jefes golpistas eran los militares más vinculados a la monarquía y más fieles al propio Juan Carlos, la embajada de EEUU apoyó el golpe, el castigo de los golpistas fue restringido y sólo afectó a las “intervenciones escandalosas”, y tantos otros que habrá que recordar para recuperar la historia; el golpe fue el resultado de un proceso que fue definiendo la “transición” y bloqueando todos los procesos de ruptura con el franquismo y de movilización e intervención populares.

En ese proceso –y en relación con las Fuerzas Armadas- el rey tuvo un papel relevante.

Una consulta mínima a las hemerotecas de la época evidenciaría, sin lugar a dudas, que Juan Carlos fue uno de los promotores ideológicos del golpismo, remarcando en todos sus discursos el “sistema de valores de las fuerzas armadas” que reclamaban como “exigencia de patriotismo” los seguidores de Armada, Milans y Tejero.

De eso, precisamente de eso, escribiré en las próximas semanas.

 
Desde hoy hasta el 23 de febrero –y más allá de esta fecha- , intentaremos recordar algunos datos y analizar nuestro proceso político de una manera diferente. Al menos para que los responsables políticos, que se mueven en la más absoluta enmunidad e  impunidad, no nos tomen el pelo.
 

 

  Página de inicio