Operación Corona Salvadora
Antonio Maira
Kaos en la
Red
11 de Febrero de 2009
Dos miniseries de
televisión -en Antena 3 y TV1-, intentan revalorizar la figura
del Rey Borbón ante la crisis catastrófica que nos está cayendo
encima.
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“Historia
de una traición” y “El día más difícil del Rey”,
son las dos series televisivas con las que el “consorcio”
que nos gobierna quiere reforzar la Monarquía -como
soporte del sistema institucional-; ante la crisis
torrencial: económica, social y política, que se está
llevando por delante la seguridad vital de millones de
personas. Casi un millón de familias sin trabajo en la
totalidad de sus miembros; y una previsión –todavía no
hecha pública por el gobierno, pero enunciada ya entre
bastidores por los muchos comités económicos que sirven
para dosificar la verdad y evitar la rebeldía-, que debe
aproximarse ya a los cinco millones de parados, reclaman
un Gran Salvador. La historia oficial del
23-F tiene que ser grabada en la conciencia de los
jóvenes.
La próxima “gran meta económica” a la que nos dirigimos
a velocidad de campeones: esos cinco millones
de parados; obligan a reforzar la sagrada Trinidad de la
“transición” y del sistema.
Los tres dioses: Mercado, Democracia Representativa
(según consenso de Washington) y Libertad –que
como saben los teólogos del sistema son sólo uno: el
Capitalismo-, necesitan una devoción indestructible. |
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La crisis económica se está convirtiendo, aceleradamente, en
una crisis política. ¿Qué mejor que recurrir a la
institución que representa la continuidad de siempre y,
sobre todo, la continuidad histórica desde el golpe fascista
que derribó a la II República?.
El Rey –sucesor nombrado por Franco-, fue la clave para la
“transición” hoy visible como continuidad de los poderes
económicos y políticos del franquismo. Se convirtió después
en soporte jurídico –inviolable- de una Constitución pactada
y totalmente rígida ante cualquier demanda o necesidad de
cambio. Finalmente; la varita mágica que nos presenta
nuestra realidad de poder oligárquico y corrupto como un
ejemplo universal de democracia, ha decidido elevar a la
categoría de lo “sublime” su “intervención salvadora” del
23-F.
Los programas televisivos están “dirigidos a los jóvenes”.
A los mismos a los que se ha educado sistemáticamente en la
indiferencia política y social, la ignorancia sobre los
mecanismos de poder, un individualismo que ha resultado
suicida, y una fe en los políticos y su sistema de
manipulación y propaganda que los ha vuelto ciegos. Los
mismos que ahora sufren la marginación económica, política y
vital; los que están sintiendo intensamente la soledad, y la
condición de “parias sin futuro”.
Nuestra generación –que ha condenado sin misericordia a las
siguientes, aceptando un sistema explotación y de
desigualdad que les negaba toda posibilidad de vida digna-;
quiere reforzar el engaño, conservar la bolsa llena, y
continuar “su fiesta”.
Que los jóvenes –mujeres y hombres “integrados como
mileuristas (los que alcanzan esa cifra casi
imposible) en la sociedad entre los contratos basura y el
paro”-, vean la historia que les cuentan los poderes que los
gobiernan y les niegan el trabajo.
Los que hemos vivido aquellos años –que son la raíz del
desastre que nos abruma- tenemos la obligación de contar
otra historia muy diferente.
El papel del Borbón, Juan Carlos, en la transición y en el
golpe del 23-F fue absolutamente distinta -radicalmente
antagónica-, a la del salvador que quieren relanzar
ahora.
Al margen de los hechos de aquellos días: los jefes
golpistas eran los militares más vinculados a la monarquía y
más fieles al propio Juan Carlos, la embajada de EEUU apoyó
el golpe, el castigo de los golpistas fue restringido y sólo
afectó a las “intervenciones escandalosas”, y tantos otros
que habrá que recordar para recuperar la historia; el golpe
fue el resultado de un proceso que fue definiendo la
“transición” y bloqueando todos los procesos de ruptura con
el franquismo y de movilización e intervención populares.
En ese proceso –y en relación con las Fuerzas Armadas- el
rey tuvo un papel relevante.
Una consulta mínima a las hemerotecas de la época
evidenciaría, sin lugar a dudas, que Juan Carlos fue uno de
los promotores ideológicos del golpismo, remarcando en todos
sus discursos el “sistema de valores de las fuerzas armadas”
que reclamaban como “exigencia de patriotismo” los
seguidores de Armada, Milans y Tejero.
De eso, precisamente de eso, escribiré en las próximas
semanas.
Desde hoy hasta el 23
de febrero –y más allá de esta fecha- , intentaremos recordar
algunos datos y analizar nuestro proceso político de una manera
diferente. Al menos para que los responsables políticos, que se
mueven en la más absoluta enmunidad e impunidad, no nos tomen
el pelo.
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