Oiga, Juan
Carlos: ¿y usted, por qué no condena el terrorismo?
inSurGente
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Qué
pena y qué congoja me entraron, Rey Juan Carlos, el día
que José Antonio Barroso, ese simpatiquísimo pero
lenguaraz alcalde de la gaditana villa de Puerto Real,
amigo mío por cierto, vertió sobre su egregia persona y
sus ancestros, todo tipo de descalificaciones. Era
domingo. Yo me encontraba tomando un mojito,
tranquilamente, en un bareto de La Habana, después de
haber ido a misa para ver a una cubana amiga mía, que
canta como los ángeles en el coro de la iglesia, y me
contaron que el excelentísimo corregidor se había cebado
en usted, como los buitres en la carroña. Se me
atragantó el bebedizo. No sabe hasta qué punto quedé
anonadado, ante aquella sarta de improperios, que ignoro
si son ciertos o no, aunque un ciudadano que ocupa un
cargo así, se supone que debe tener mejor información
que yo. |
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A lo que iba. Me puse a recordar
que, hace unos meses, visité algunas de las oficinas del
Parlamento Europeo en Bruselas,
Luxemburgo y Estrasburgo,
preguntando por aquella jornada en la que todos los partidos
de derechas representados en la cámara del viejo continente,
votaron en contra de una propuesta destinada condenar los
crímenes de Franco, ya sabe, ese general
que le nombró a usted su sucesor a título de Rey. Y me dije:
¿Pero no es mi monarca, el que condena el terrorismo cada
vez que puede? ¡Anda, que no es Su Alteza pelín guaja¡…
Ahora que
se acerca una de sus fechas icono, el 18 de Julio,
recuerdo su gesto tan recio y castrense cuando juraba
sobre la Biblia, y ante el
Caudillo, los Principios Fundamentales
del Movimiento Perpetuo, porque, que yo sepa,
su antecesor, gracias a personalidades como
Manuel Fraga, Santiago Carrillo,
Felipe González, Manuel Chaves, José Bono, José
María Aznar, Carlos Iturgaiz, María San Gil, Mariano
Rajoy, Rosa Díez, Esperanza Aguirre y usted
mismo, que sin duda es el mayor admirador del
Generalísimo, sigue más vivo que nunca.
Permítame una pregunta que me corroe desde que
hace un lustro: ¿Si hubiera usted sido, por un
casual, diputado en el Parlamento Europeo,
pongamos por el PSOE (que le cuadra
muy bien) o por el PP (que tanto
monta, monta tanto), hubiera condenado el régimen de
aquel animal vestido de militar? ¿O más bien se
hubiera ausentado discretamente de la cámara? En
fin, es una cuestión sin doble intención. De todas
formas, volviendo al alcalde de Puerto Real,
yo creo que lo que le espetó a su majestad, fue sin
mala voluntad, así que, Alteza, pelillos a la mar; y
si puede, échele una mano económica al munícipe, que
a usted no le falta el dinero. Pillín, más que
pillín... Una multa de más de siete mil euros, con
esta crisis, acojona a cualquiera. Y total, por
soltarle cuatro frescas, o como decía mi añorado
Tip, por cantarle a su egregia
persona las verdades del barquero.
Yo sé que usted
es persona cultivada, que ha estudiado dos
asignaturas importantes: Cómo
parecer Demócrata en dos días y
Urbanidad y Buenas Costumbres,
aunque haya suspendido la última, y sé también
que está usted muy preocupado por el terrorismo
y la violencia. Y yo, no vea. Vivo en un barrio
madrileño donde ETA colocó varias bombas, y cada
vez que yo salía de casa, o mi hija se iba al
Instituto, se me subían los huevos a la
garganta, igualito que cuando escucho el
Himno Nacional o veo los telediarios de
las TV españolas, o leo (más
bien, leía,) algunos diarios, de esos que poseen
unos cuantos millonarios amigos suyos. Por
cierto, qué cosa más curiosa, que algunos de sus
mejores colegas hayan tenido graves problemas
con los tribunales de justicia (Mario
Conde, Alfonso Escámez, los “Albertos”, Javier
de la Rosa), aunque alguno, pobre alma
de Dios, la ha palmado (Manuel Prado y
Colón de Carvajal) o le “han
palmado” para que no cantara, que todo se
sabe luego… ay, ay, ay… Alteza, qué mundo más
siniestro, este en el que vivimos.
Oiga Rey,
monarca de las entretelas de Plácido
Domingo, Ana Belén, La
Pantoja, Víctor Manuel, Chiquilicuatre,
Ramoncín, Serrat, Raphael y
Sabina: ¿por qué no me deja algo
tranquilo, y en lugar de pintar la mona en
la TV, como suelen hacer los mandatarios
europeos, a los que luego se les atrapa de
juerga con el puterío internacional, se
decide de una vez y condena también a
Franco? ¿Qué le cuesta?
Ande, no sea como Felipe González
o el ex general Galindo.
Por cierto, cómo vive el nota este, y eso
que organizó el GAL
(gracias a un sevillano que era abogado
laboralista, ay, ay, ay…), y fue condenado a
71 años de prisión por torturas, asesinato,
secuestro y pertenencia a banda armada.
Sin embargo, estoy convencido que,
como otros muchos uniformados, el del
tricornio es un buen cristiano, de esos
que ofrecen sus crímenes a Dios en el
confesionario (aunque su director
espiritual le haya aconsejado que no se
arrepienta), y en las procesiones a las
que acude vestido casi como usted en esa
infumable fotografía. Total, ¿qué cara
va a poner el Señor, sino de comprensión
y afecto, hacia este asesino tan
católico, si es que llega al Paraíso?.
Fíjese que, sin ir más lejos, el pícnico
Eligio Hernández (al
que trata un veterinario amigo mío),
cuando era Fiscal General
se deshizo en elogios hacia aquel
caritativo sayón que mancilló el buen
nombre de la Benemérita.
Y es que hay canarios que cantan en
eterno desafine: J.J. Armas
Marcelo, Jerónimo Saavedra, Fernando
González Delgado, Teddy Bautista, José
Carlos Mauricio, en fin, de
esos intelectuales de pensamiento
blando y bolsillo repleto, que
jamás se solidarizarían con el ejemplar
dramaturgo Alfonso Sastre;
no como ese descocado y republicano
Alcalde de Zalamea,
digo de Puerto Real,
que suelta por la boca lo que siente,
aunque le cueste los ahorrillos.
Bueno, famosísimo Rey: a lo que
voy. Que a ver si condena a
Franco; que aseguran los
libros de historia (no los que a
usted le han leído mientras roncaba,
sino los buenos, los que figuran en
Bibliotecas Nacionales, como las que
existen en Madrid o París), que ese
general fue el culpable de la
muerte, eso sí, en nombre de Dios y
de la Santísima Virgen, de más de un
millón de personas, cuyo único
delito fue defender una Constitución
y una democracia, apoyada por la
mayoría del pueblo español. Y digo
yo: si ETA ha matado a dos mil
prójimos en cuarenta años y Franco a
un millón, en sólo tres, más los
miles a los que ordenó encarcelar y
torturar desde 1940 hasta 1975, le
pregunto: ¿Quién es más cabrón?
Por eso yo, que sé que
usted siente debilidad por la
Biblia y los actos
protocolarios, donde lucir sus
inmerecidas medallas y
condecoraciones, u organizar
reuniones culturales en las que
departir con sus habituales
pelotilleros, le rogaría, si un
día le da por la abstemia, que
jure ante las Sagradas
Escrituras que Francisco
Franco fue un
terrorista de primer orden. De
lo contrario, sufriré tal
decepción que tendré que irme a
Puerto Real y
darle la razón a José
Antonio Barroso. Por si
acaso, majestad, me he sacado un
billete en el AVE para ir a
cuerpo de rey. ¿Qué le
parece? Como ya tengo la
jubilación, por cierto, algo
escasa, pues me sale más
baratito…
Venga, anímese y en
Cádiz,
donde se promulgó La
Pepa* podría dejar
sentado que es usted un
demócrata con un par de
criadillas. Hay mucha, mucha
gente que aún lo pone en
duda. ¿No le da pena?
Civilizadamente, le
saluda,
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