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El negocio de los
Premios Príncipe de Asturias
Miguel Ángel Llana
Asturbulla
24 de Octubre de 2009
Todos los años el mismo ritual, la misma liturgia, se reúne lo mejor de
la sociedad de cuello blanco con el mayor lujo posible. No se recatan,
aunque esto ni siquiera sea lo apetecido por muchos de los galardonados,
acostumbrados más al duro trabajo y a superar dificultades. Difícilmente
pueden encontrarse a gusto en medio de tanta etiqueta y de tanto
maniquí.
¿Quiénes son los homenajeados? Principal y
fundamentalmente quien otorga los premios que dispones de un presupuesto
es de más de siete millones de euros y de no se sabe cuantos más de
forma indirecta y un montón de vasallos a sus pies. También son
homenajeados con una fiesta que dura una semana ahora, y unas cuantas
más para el numeroso jurado, pilar y valedores de la monarquía, que
durante el resto del año disfruta de no se sabe cuantas reuniones de
trabajo, dietas y gastos.
¿Cuál es el sentido de los Premios Príncipe de Asturias? Muy concreto:
se reduce a un montaje mediático que nada tiene de científico ni de
cultural, salvo alguna que otra charla de relleno. La ceremonia
principesca es lo fundamental.
Los premios:
1.- Nacen por la necesidad de "legalizar" y consolidar una monarquía
carente de contenido -como todas- que, para mayor incongruencia, ha sido
impuesta por el dictador Franco. La misión de un Príncipe está vacía de
contenidos que no sean los puramente protocolarios y ornamentales. Por
ello es necesario hacer algo, como idear un "Premio" con su nombre para
reunir a lo mejor y más destacado de determinadas áreas con las que
poder mimetizarse con su talento y su ciencia. Es un intento de
identificarse con cada uno de los premiados cada año, todos los años.
2.- El Príncipe, en medio de todo este boato, siguiendo la tradición de
los cuentos infantiles, se gana al público, se hace valer y justifica su
cometido. Y, además, quien da el premio está por encima, es superior al
homenajeado. Así una persona tan lista y preparada merece ser Príncipe,
como en los cuentos.
3.- Cierto que es un galardón para el premiado. Pero, de paso, el que no
fuera monárquico ahora lo será un poco o, por lo menos ya no será
antimonárquico. Implícitamente, al menos, ha de reconocer al Príncipe y
a la monarquía que representa.
4.- Demasiada gente alrededor, esto es bueno para la monarquía, un
centenar de presumibles personalidades "debaten" en torno al Premio.
Unos en el jurado y otros no se sabe bien en qué, pero todos se
comprometen con el "Premio y Príncipe", con la monarquía .
5-. Nadie lo hace gratis,
todos cobran, unos en metálico y otros en "relaciones", en influencias
directas e indirectas. Cientos o miles de personas apoyarán los
"Premios" porque algo les toca. Y, sino, vean los líos (y disgustos) que
hay todos los años por una butaca en el teatro de los premios y cuanta
gente a la entrada haciendo el pasillo. Por las buenas o por las malas
todos "participamos" de los premios.
6.- A la sombra de los méritos de algunos o de muchos de los premiados,
cuelan a otros, a los vividores del sistema que, aprovechando el
prestigio de los premiados, legalizan una corriente de opinión, una
ideología o un comportamiento antisocial tergiversando así, la ética o
la moral de lo que debiera de ser un premiado.
Y, esto sin hablar, por ejemplo, de deportistas y otros acaudalados que
tienen su paraíso fiscal, nadie sabe donde, y que son especialmente
meritorios en evadir impuestos y maestros de la insolidaridad por no
decir de la delincuencia y del delito. Todo un modelo.
7.- Premio a los políticos, que encuentran un foro más en donde celebrar
sus pitanzas y codearse con los poderosos de la economía, de los
negocios, del pelotazo y, en definitiva, a lado de los promotores del
sistema económico insostenible.
8.- Premio también a los osados, que más exhiben de insensatos, ya que
tienen el cuajo de sentarse a una mesa a deliberar sobre temas y
ciencias de las que como mucho sólo han oído hablar. Y, con semejantes
mimbres se hace el jurado de cada disciplina.
9.- Premio a personajes siniestros descendientes y defensores, aún
quedan, de la dictadura y de su Falange que son el “alma” de la
Fundación y del jurado. Sirvan de ejemplo Juan Antonio Samaranch, Juan
Velarde Fuertes, Manuel Fraga, etc.
Sirva también de ejemplo, Socialistas y Obreros del Partido así se auto
denominado, que lideran toda una conversión a la monarquía, lo mismo que
otros muchos de izquierda y hasta comunistas amnésicos que ahora resulta
se han vuelto también monárquicos.
10.- Esta es la fiesta de la
degradación de la conciencia social y de la solidaridad. Una Fundación
privada con 26 millones de euros de patrimonio propio provenientes de
“donaciones”, más un montón de millones de las arcas públicas
municipales, regionales o estatales, más todos los costosos medios
necesarios puestos a disposición de la realeza.
En resumen. Subvenciones y
donaciones dadas a una Fundación “Príncipe” como peaje para reunirse en
torno a mesa y mantel para medrar, traficar amistades, negocios,
información, proyectos y recuperar con creces la aportación entregada y,
de paso, reafirmar el modelo monárquico que tan buenos resultados les
está dando.
Hoy, los acaudalados,
autoridades, políticos, militares, jerarquía eclesiástica, dirigentes
sindicales, banqueros, constructores, nobles y bufones, tienen cita al
atardecer en el Teatro Campoamor, el Príncipe espera porque, como decía
Marx, no habría reyes sino hubiera súbditos.
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