UCR 13 de Abril de 2009
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La crisis que asola al mundo es gravísima, según sentir casi unánime. Algunos personajes llegan a pronosticar una devastación total y los ultras, gozosamente soñadores, profetizan un cambio histórico: el triunfo e instauración del marxismo y la dictadura del proletariado, y la tan ansiada defunción del fachoso capitalismo. Otros dicen que el sistema ha falseado datos sobre España, culpando de todo al inefable Bush cuando las miserias propias, afloradas paralelamente, son más graves e incrementan localmente el problema. |
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Destacan, sobre todas ellas, el irresponsable cambalacheo de que ha sido objeto el concepto España sólo para salvar, sin prever las consecuencias, una institución monárquica fósil, que fue restaurada acobardando al pueblo y mantenida posteriormente por unos partidos dinásticos corrompidos. Después, como era de esperar, se superó la peor historia negra española: fratricidios tenebrosos; perjurios solemnes; ingentes comisiones y sobornos, ¿algunos petrolíferos?; enriquecimientos inexplicables; pinacotecas desguazadas; golpismo milagroso; asesinato de osos borrachos; yates y sexo de lujo; GAL; chanchullos y amiguismo; estafas y prevaricación; especulación, recalificaciones y deterioro de las costas; intolerables e inhumanos desequilibrios sociales; total dependencia económica y energética del exterior; incalificable fraude del ladrillo; el mayor paro mundial… Y el remate fue el trapicheo periférico: desorbitadas estructuras autonómicas imposibles de sufragar, y disgregadoras al quebrantar la sinergia común con pugnas estériles; plétora de funcionarios duplicados; fronteras interiores y mercado roto; sanidad, educación y justicia atroces…
Asimismo han vuelto a abrirse heridas no cicatrizadas en los últimos setenta años, al no haber habido paz, sino victoria. Ello desacredita aún más a una soberanía engañosa, apoyada y apoyando al franquismo sociológico por un tácito pacto del trono con los partidos dinásticos, vergonzoso en todo caso. Además está fomentándose cierto ambiente prerrevolucionario porque el desmadre territorial, la generalizada corrupción y los intereses de las mafias de politicastros provincianos, están tan enraizados y extendidos que es ya prácticamente imposible erradicarlos mediante una evolución pacífica dentro de este régimen, santuario de la autocensura, el egoísmo y la mediocridad. Se ha erigido una España tan pedestre y futbolera como embaucadora y discordante es su monarquía, en la que se publicita la República en un trivial felpudo. Ese menosprecio quizá se deba a que el republicanismo puro está aletargado, desavenido, disperso y viciado por personalismos sempiternos, en algunos casos deplorables. Por ello es incapaz de comprender colectivamente las consecuencias de una crisis que, para ser afrontada con éxito, necesita la confianza, vocación de permanencia, firmeza y superioridad moral de la República.
Por ello es urgente regenerar esta España demolida por una soberanía nociva, pues la institución monárquica no solo atenta contra los Derechos Humanos al discriminar al resto de la sociedad por razón de nacimiento, sino que la secular aversión de algunos territorios hacia la dinastía Borbón agrava lo deleznable, precario y… centrífugo del régimen.
La monarquía está en fase terminal, a pesar de que los venales e insolventes medios de información y sus pesebreros comunicadores se esfuercen en apuntalarla. Su continuo y miserable servilismo al trono ha descompuesto España, quizá de forma irreversible, siendo la única salida la República Constitucional (no de partidos, ni parlamentaria), confiable, arbitral, laicista y cohesiva, junto con una ley electoral limpia en la que figure la elección directa de todos los cargos públicos y se establezcan distritos electorales nominativos con segunda vuelta entre los dos candidatos más votados.
Si España quiere extirpar la depravación política institucionalizada, y recuperar honor y confianza, hay que implantar la dignidad, honestidad y humanismo republicanos, ahora inexistentes. Como se dice en el pedestre felpudo citado…
“Bienvenido a la República Independiente de mi casa”… y de la de todos.
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