La súplica al Rey
Rafael Torres
OTR Press
12 de Diciembre de 2009
Difícil discernir qué es más pintoresco, si el discurso
de Obama en la recepción del Nóbel o los trajines de
Cayo Lara y de algunos presuntos republicanos con el
rey. Que un individuo agradezca la concesión a su
persona del Nóbel de la Paz haciendo una apología de la
Guerra, de la necesidad de la Guerra, tiene delito, pero
que unos señores que se reputan de republicanos le pidan
una merced al Monarca, encabezando su misiva con un
detonante Majestad, también lo tiene, bien que mucho
menos cruento y dentro de los límites de la simple
incoherencia política e intelectual.
El disparatado discurso de Obama en Oslo no lo es tanto, en
realidad, si se piensa que el personaje es el presidente
de un país que mantiene activas dos devastadoras guerras
de agresión, en Irak y Afganistán, y un centro,
Guantánamo, de tortura y detención ilegales. El
disparate no es, lógicamente, el contenido del discurso,
un poco al estilo Far West, sino que le hayan otorgado
el Nóbel de la Paz. Lo de los supuestos republicanos
rogando humildemente al rey que se salte a la torera un
fundamento esencial del estado de derecho, el que
establece que es el Gobierno elegido democráticamente, e
investido por tanto de la única legitimidad, el que debe
actuar en el caso Haidar, y llame a su amigo, colega,
hermano, primo o lo que sea, el rey de Marruecos, para
que le haga el favor de que permita el retorno a su
tierra, a su hogar, de la infortunada saharaui, debe
inscribirse, pese a la muy noble intención subyacente de
salvar una vida, en el ámbito de la incongruencia, una
incongruencia que debe estar haciendo muy felices, por
cierto, a los enemigos de la ética y de la estética
republicanas. Un republicano de verdad, específico, no
le pide nada a un rey, salvo que dimita y pase a ocupar
plaza de ciudadano como los demás, pero como tampoco
nadie señala que ni Cayo ni los firmantes de la súplica
son específicamente republicanos, o sea, republicanos,
sino sólo accidental, transitoria y testimonialmente
partidarios de una República, ahí queda el dislate,
registrado en los anales de Celtiberia Show. Pero
también queda, intacta por la inanidad del gobierno, la
tragedia de esa mujer y de su pueblo. |
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