El
'Fortuna' es un yate fantasma
Matías Vallés
El confidencial
20 de Agosto de 2009
La efigie
veraniega del Rey se vinculaba con mayor intensidad al yate 'Fortuna'
que al palacio de Marivent. La imagen del monarca, vestido de blanco
impoluto y con la mirada marinera perdida en el horizonte, servía como
metáfora de que todo funcionaba con corrección en la cúpula del Estado.
Curiosamente, el embrujo se rompió cuando el penúltimo yate de tan
afortunado nombre fue sustituido por su actual reencarnación. La
multiplicación de la potencia y del confort no contribuyó a reforzar la
estampa náutica de Juan Carlos de Borbón,
sino que la ha debilitado progresivamente. La crisis económica y la
amenaza de ETA han hecho el resto. A fecha de hoy, no hay fotografías de
la Familia Real a bordo de su lujosa cabalgadura náutica. El
'Fortuna' es un yate fantasma, que vaga por el Mediterráneo porque
avergüenza a sus pasajeros. En resumen, la antítesis de la
componente exhibicionista que gobierna la adquisición de embarcaciones
de recreo.
Una de las
primeras confusiones a deshacer sobre el 'Fortuna' tiene que ver con su
naturaleza de obsequio privado. Es cierto que los hoteleros más
imponentes -Escarrer, Barceló, Matutes, Fluxá, Riu, Hidalgo- se
sumaron a otros empresarios de tronío para la adquisición mediante
partes alícuotas de un yate de ensueño. Ya sabemos lo peligrosos
que se han vuelto los obsequios en la política, pero ha transcurrido el
tiempo suficiente para que desvelemos que el propio Jefe de Estado fue
el impulsor de la colecta. Es decir, movilizó a hombres de su
confianza para que a su vez motivaran a los líderes empresariales
citados. Esperemos que hoy pueda anotarse esta circunstancia sin
vulnerar lo que el 'Sunday Times' de Rupert Murdoch
definía el pasado domingo como la actitud "reverencial de la prensa
española" hacia su Familia Real.
Otro falso
tópico a deshacer apunta a que sólo los magnates citados contribuyeron
económicamente a sufragar la nave. En realidad, la cantidad obtenida
resultó insuficiente, por lo que el gobierno autonómico de Baleares
debió aportar 400 millones de las antiguas pesetas para materializar la
entrega. Es decir, cada habitante de la región aportó tres euros al
navío. Ahora que está infrautilizado, habría que barajar alguna fórmula
para que la plebe tuviera acceso al 'Fortuna'.
Sabino
Fernández Campo fue
el primero en alzar la voz contra la posibilidad de que el Rey
recibiera obsequios de empresarios privados. De hecho, durante
su etapa al frente de la Casa del Rey bloqueó el mismo presente náutico,
a cargo de personalidades tan controvertidas como Mario Conde
o Javier de la Rosa. Finalmente, los paganos
tuvieron que contemplar como su regalo era recibido por representantes
de Patrimonio, sin que compareciera ningún miembro de la Casa Real. Eso
no quiere decir que en años sucesivos rechazaran el juguete náutico. El
año pasado, los Duques de Palma y sus hijos circunnavegaron Balears a
bordo del 'Fortuna'. Les sorprendió una fenomenal tormenta y la familia
Urdangarín se vio obligada a buscar refugio en el puerto de Maó.
Este año,
el 'Fortuna' fue en principio un yate fantasma por culpa de la crisis.
Austeridad regia es un oxímoron, pero los Reyes han de
compatibilizar el exhibicionismo inherente al cargo con una morigeración
a prueba de la crisis económica ambiental. La visibilidad que
alcanzan en Mallorca es un arma de doble filo. Cada gesto y cada gasto
será contabilizado. El espectro a no repetir son las alegres y
criticadas vacaciones de 1990, en la primera guerra mundial contra
Sadam. Han de disfrutar de un veraneo que no lo parezca. En esa ficción
se sentirán muy acompañados por la ciudadanía.
Pocas
veces se habrá puesto tanto esmero en no desentonar con la vulgaridad
ambiental. Desde 1995, cuando ETA tuvo al Rey en su punto de mira según
las sentencias judiciales, el 'Fortuna' se refugia en una enorme nave
industrial -mejor no entremos en consideraciones urbanísticas-.
El doble asesinato de ETA multiplicó las revisiones del yate, que ahora
sólo navega en secreto. Y también lo ha arrinconado la pasión
cinegética de Juan Carlos de Borbón, que ha cambiado el timón por la
escopeta. |