Es increíble ver como los que manejan
el poder, escriben la historia, lo hacen ante nuestros propios ojos
sin ruborizarse y sin llamar negativamente nuestra atención. La
historia más reciente de este país ha pasado por un gabinete de
estética, donde lo mismo te hacen un lifting democrático. que te
liposuccionan las excrecencias fascistas. Ese centro de estética
adorado por los protagonistas, cómplices y consentidores de la
dictadura, como por los claudicadores luchadores antifranquistas,
amantes de la reconciliación nacional, y por los demócratas de nueva
hornada, se llama Transición. Y ahí sigue, funcionando todavía a
pleno rendimiento.
Es este un Estado de desmemoria por
obra y gracia de la monarquía y quienes la sustentan. Nadie osa
preguntarse por el pasado franquista del monarca, quien parece haber
vivido en otro país desde 1948 a 1975, año de la muerte del
Dictador, su protector y postulador al cargo que hoy ocupa.
Nadie se para a pensar en que hacía el
príncipe Juan Carlos mientras se firmaban condenas de muerte, se
torturaba, se mataba y se privaba de libertades a millones de
ciudadanos. Él no estaba cautivo y desarmado como los demócratas de
verdad, él era un invitado de lujo del franquismo, que le
proporcionó una carrera militar y un futuro prometedor, ser el jefe
de todos los ejércitos en la actualidad. De lo que carecía el
príncipe era de escrúpulos morales, que eran suplidos por una
ambición desmedida, ya se sabe que una corona bien vale la sangre de
los que serán súbditos, aunque sea bajo tierra.
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Cómo puede un señor que ha
presidido consejos de ministros franquistas, cuya casa le
envío una nota al padre de Xosé Humberto Baena, más tarde
fusilado, diciéndole que ya nada se podía hacer por su hijo,
y que mostró su apoyo al Dictador en el balcón tras los
asesinatos franquistas de septiembre del 75. Cómo puede ser
rey de un estado democrático, si es que un estado monárquico
puede ser apodado así. Pues puede porque los ciudadanos se
lo hemos consentido y seguimos haciéndolo.
De haber sido un demócrata de
verdad se hubiera exiliado al tener uso de razón, cosa que
igual nunca tuvo, posicionándose al lado de las fuerzas
democráticas en el exterior, censurando la dictadura y
esperando su oportunidad. Aunque claro, ésta no hubiera
llegado nunca en ese supuesto, ya que el pueblo se hubiera
decantado claramente por la opción República, a la muerte
del asesino. La referencia hubiera sido la legalidad vigente
abolida por las armas golpistas no un sistema arcaico que el
pueblo ya había descalificado y descartado en 1931. |
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Así pues, este es un rey con un pasado
fascista, consentidor de crímenes y colaboracionista, siempre un
paso atrás de su mecenas, esperando como un buitre su muerte y
robándole el derecho sucesorio a su padre, más competencia no tenía,
desde el affaire de Estoril. En Portugal hubiera pasado más
miserias, aquí se crió rodeado de todo a lo que no pensó en
renunciar en nombre de la justicia, la moral, la libertad, los
derechos humanos y otras sandeces republicanas, que le hubieran
privado de los lujos de los que siempre ha vivido rodeado.
Se han sustituido en los libros de
texto los 30 años de Príncipe franquista por los 30 de Rey
“demócrata”. Pertenece al club de los que son exonerados de sus
cargas fascistas, como al Papa, que anda con su pregón de muerte por
África, ahora ya no hacen falta campos de exterminio para deshacerse
de los “inferiores”. Claro que Benedicto tiene una representación
muy lucrativa, es el manager de Dios en la tierra, y teniendo en
cuenta que las monarquías son bendecidas por el altísimo, ya tenemos
el círculo completado.
No teníamos bastante con la propaganda
gubernativa, que nos cae un programa de
La Sexta, una
entrevista al Labordeta en Belchite, el mismo que anda de promoción,
que declaró hace poco que mejor este Rey que una república bananera
(veo que tiene a los ciudadanos de este estado en muy alta estima),
que restó importancia a los vestigios fascistas por las calles del
Belchite nuevo y contó, paseando por el viejo, comos los rojos
cañoneaban las iglesias para celebrar el Año Nuevo. Pero la puntilla
fue cuando nos muestran la historia de dos viejecitos que compartían
banco en el parque y que descubrieron un día que lucharon en la
misma batalla en trincheras opuestas, oda a la reconciliación
nacional. Estos narraban su historia como el que cuenta que jugaron
un partido de fútbol en equipos contrarios, donde hubo algunas
cosillas en el campo de juego, pero que al acabar se intercambiaron
las camisetas y pelillos a la mar. Quizá no hicieron suficiente
hincapié en que el del bando nacional estaba allí porque le tocó por
cuestión geográfica, vamos, que no era fascista.
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Este programa se emitía un día
después de la segunda concentración en Barcelona para pedir
Verdad, Justicia y Reparación, exigir el fin de la impunidad
para los crímenes del franquismo y la anulación de sus
juicios. La gente que se acercó a aquella concentración
reclamaba Justicia, con dolor, con emoción, con indignación
y con razón. Estas reivindicaciones chocan frontalmente con
el sistema monárquico, con un rey que lució las
condecoraciones del ejército franquista y que vela para que
el franquismo no sea condenado. Conclusión: los derechos
humanos y la monarquía son incompatibles y reivindicarlos es
trabajar por la República. |
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Nosotros no tenemos Una bala para el
Rey, como tituló Antena 3 su infumable serie, cuyo guionista era un
tal César Vidal, maniático del revisionismo y desde hoy mago de los
festivales del humor. Nosotros tenemos miles de razones y argumentos
para pedirle al monarca que restituya la verdadera democracia, que
libere a la República y que se dedique a sus
hobbies allén de nuestras fronteras, pues puede ser que la legalidad
restituida empezara a juzgar los crímenes de lesa humanidad en este
Estado.