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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

De tiranía a dedocracia sin despeinarse: 40 años sin honor

 

Cuando se acaban de cumplir cuarenta años desde que aquél 22 de julio de 1969, el dictador Franco nombrara sucesor a Juan Carlos a título Rey. Si Neil Amstrong al pisar la luna, dos días antes, dijera que aquella gesta significaba un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad; la designación de Juan Carlos como sucesor de Franco significaba un pequeño paso para Franco pero un gran salto para perpetuar su dictadura personal.

La designación de Juan Carlos como sucesor no fue fruto de la casualidad, sino el producto de un trabajo concienzudo y minucioso del dictador. Su sucesor debería ser un hombre de inteligencia mediocre, ambicioso, carente de principios, y sobre todo acostumbrado a obedecer a quien tuviera el poder de dar las órdenes. Juan Carlos reunía todos los méritos para hacerse acreedor de la sucesión a la Jefatura del Estado.

Tras la muerte de Franco y la designación de Juan Carlos I como Rey de España, se orquestó desde las bambalinas del Régimen la más asombrosa operación de prestidigitación política que ha conocido el mundo civilizado. El abracadabra de los magos del régimen se resumía en que después de Franco quedarían las instituciones. En el escenario de la Transacción había que crear nuevas instituciones formales envueltas en papel democrático. El pacto de condominio para repartirse el poder del Estado entre los dirigentes del franquismo y los de la oposición política se basó en el consenso y el secreto. De este modo, los responsables de los crímenes cometidos durante la República , la Guerra Civil y la Dictadura sellaron un pacto de no agresión con la aprobación de la Ley de Amnistía. La libertad política fue rápidamente secuestrada con la aprobación de la Ley Electoral basada en el sistema proporcional que confería el monopolio electoral a los partidos políticos que aceptaran las directrices impuestas por quien expedía las autorizaciones en la ventanilla de la dictadura. La decisión sobre la forma de Estado (Monarquía o República) y sobre la forma de gobierno (parlamentario o presidencialista) se pactó en secreto. La Ley de la Reforma Política, aunque fue aprobada como Ley Fundamental , no era más que una Ley para elegir diputados a Cortes. No siendo Cortes Constituyentes los diputados electos el 15 de junio de 1977 carecían de poderes para redactar una Constitución y sin embargo la Constitución de 1978 fue ratificada en referéndum sin una sola protesta; sin una sola revuelta popular ante un atropello que aplastaba las esperanzas depositadas en la instauración de las libertades políticas y la oportunidad única para instaurar una verdadera y auténtica democracia.

¿Cómo fue posible este burdo engaño?. La razón debe encontrarse en las ambiciones personales de los dirigentes políticos de la oposición a la dictadura y el miedo a perder los privilegios por parte de los dirigentes franquistas. Los dirigentes de la oposición a la dictadura cambiaron, en palabras de Benjamin Franklin, la libertad política que reclamaban cientos de miles de ciudadanos movilizados en las calles, por una pequeña seguridad personal.

Con el propósito de asegurarse una cómoda existencia en el nuevo régimen, se emplearon a fondo para desmantelar las organizaciones y desprestigiar a los dirigentes que apostaban por la ruptura. Las masas movilizadas fueron engañadas con el truco de los ruidos de sables exigiéndoseles un esfuerzo para asegurar una convivencia pacífica entre los españoles. La vieja propaganda de la vuelta a la Guerra Civil fue utilizada como arma disuasoria por uno y otro bando. La Constitución de 1978 vino a sellar la continuidad del régimen, consagrando la aceptación de la Monarquía sin decisión posible sobre la forma de Estado, la instauración de una democracia formal y la ausencia total de libertad política.

Muchos se preguntan hoy si sería verdad que el hombre pisó la luna aquél 20 de julio de 1969. Otros empiezan a preguntarse si podemos llamar democrático a un régimen cuya Jefatura del Estado se encarna en la persona impuesta por un sanguinario dictador. Por eso, el silencio mediático será la nota dominante en esta efemérides.

 

 

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