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23-F. Crónica de un
rey pasmado
Clamor Republicano 15 de Febrero de 2009
23-F: el día más difícil del rey” retrata una historia un tanto inverosímil con
un héroe, el Rey, y un villano a la vieja usanza, el General Armada, con
traición incluida, lágrima y tontería hasta límites inaguantables. Nos consta
que la cosa no fue así, pero de haberlo sido, sería la historia más patética
jamás contada, donde un rey confiado, ajeno al mundo, indeciso y pusilánime se
enfrenta en solitario al ataque a una democracia recién salida del horno. Lo que
choca es que haya tenido una audiencia tan elevada un producto de estas
características y es que los tópicos usados para elevar al rey a santo de la
democracia siguen funcionando.
Felipe el príncipe
llamado a ser rey
La serie empieza con una comida familiar dónde un tierno Felipe se queja de que
él no puede elegir lo que le gustaría ser de mayor porque ya sabe que tendrá que
ser rey, ahora parece que más que atormentarle le apremia verse coronado.
Felipe y su geyperman del
espacio son obligados a ser testigos de los acontecimientos, réditos
para el futuro. Así la escena en que graban el discurso del rey a la
“nación” no es gratuita, nos hacen un plano en el que aparece la cabeza
del príncipe Felipe para que nos vayamos haciendo a la idea de que esto
es un kit inseparable y que él también fue testigo y parte de cómo la
corona nos salvó del golpe de estado.
- Papá tú querías ser rey, -
Eso no se elige - Hoy me parece muy difícil ser rey, - Hoy lo único que
pasa es que tengo más responsabilidad, hay mucha gente a la que no puedo
defraudar. Sin comentarios.
Sofía, “la gran mujer
detrás del gran hombre”
Sofía parece tenerlo más
claro, va dando instrucciones al que llama Juanito, diminutivo real que
en vez de parecer familiar y cercano, suena muy poco serio. Sofía
contundente: “esto no os lo merecéis ni tú, ni los españoles (el burro
delante) tienes que arreglarlo.” Defensora de la legalidad: “No podemos
permitir que tomen los poderes civiles”. Clarividente: “Nadie estará
tranquilo hasta que no hable Juanito (por televisión)”.
La familia propia y la
política.
En la antesala del Golpe,
llega la exiliada cuñada Irene para recordar los “buenos tiempos antes
del exilio” en Grecia (allí sí hicieron bien sus deberes). Horas más
tarde llegan las hermanas del rey a Palacio como si tal cosa, vienen a
hacerle compañía a su hermano para decirle que desde pequeños han estado
en el mismo barco ¿cuál?, ¿en el que coincidían en verano? ¿en el mismo
que el hermano muerto?. Quizá es que no se sentían muy seguras en su
domicilio.
La llamada telefónica.
El contenido de la llamada a sus padres
enVilla Giralda es el colmo de lo inverosímil.
Padre: esos militares rancios tirando por la borda lo que hemos
conseguido.
Hijo: también yo soy militar papá. Y lo hago también por ti para que no
caiga en saco roto todo tu sacrificio (que te robé la corona papi)
Padre: no es hora de emocionarse (cría cuervos que te sacarán los ojos).
Después de esta llamada un rey
muy humano llora a moco tendido mientras no ha hecho nada para
solucionar el problema. Pero seguro que a la audiencia cautiva le parece
muy emotivo.
El rey
Tejero entra en el Congreso en
el mismo momento en que el laborioso rey, en unas horas cruciales, se
disponía a ir a jugar al tenis tan alegremente. Un tipo muy responsable.
Aparece supuestamente
desbordado por un golpe de estado, que si no conocía, debía ser por
incompetencia ya que se lo habían dicho en su propia cara y a él no
parecía molestarle, ni alarmarle. Hasta Milans había explicado en unas
maniobras delante de su real persona que con su División podía
bombardear Madrid y que tenía en el punto de mira el Congreso de los
Diputados. Suárez y Sabino le habían avisado del peligro golpista en la
figura de Armada, pero él les había ignorado porque Alfonso era su
amigo. Un amigo que había hecho uso indebido del sello real para sus
intereses particulares. El rey explica que éste ya ha pedido perdón una
y mil veces, que él le ha perdonado y que pelillos a la mar. ¿Le cegaba
la amistad hasta el punto de dejar entrar en palacio como un miembro más
de la familia a un opositor acérrimo del gobierno? se le resta
importancia bajo la explicación-disculpa de que era un buen hombre pero
muy religioso. Luego "le cegarían" otras amistades que siempre le han
dejado beneficios.
Nos aburren hasta límites
insospechados con la reiteración de la teoría del amigo traicionado, eje
sobre el que gira el 23-F, según esta serie.
El rey nos regala frases
épicas del tipo: “esos militares le costaron el exilio a mi familia, no
nací en Roma por mi gusto”. ¿Quieren explicar otra historia de España?
Que el abuelo se fue a golpe de urna si mal no recordamos. ¡Pero si a él
le devolvieron su corona los golpistas, si formó parte de
la Dictadura
y jamás la ha criticado! Él mismo personaje dice: hace 20 años que fui
nombrado heredero a la corona, pero al guionista se le olvida escribir
que gracias a Franco, faltaría más.
Otras frases del héroe
“creíbles cien por cien”: “No abdicaré antes me tendréis que ejecutar”.
“Sólo estoy a los más altos servicios del estado y de la democracia”.
“Me da miedo que la fidelidad a mi persona esté por encima de lo que yo
represento”.
Para rematar por si no nos
había quedado claro dice el rey a Sabino: “han sido los momentos más
difíciles de mi vida, lo más difícil ha sido encajar la traición de
alguien que creía incondicional”. Erre que erre con lo de que su única
responsabilidad era ser amigo de un Armada que muy bien podría haberle
dicho algo parecido a: majestad, que si ganan los rojos las próximas
elecciones igual reinstauran la república y se tiene que ir usted a
Estoril con su padre. Esto es ficción, por supuesto, como la serie.
Sabino ese nuevo amigo
leal.
Ese hombre que hace todas las
llamadas mientras el rey mira. Que le salva del peligro Armada. Que se
revela como nuevo amigo y sin el cual hubiera acabado todo como el
rosario de la aurora, con Armada en palacio con su telescopio para
Felipe y todos convencidos de que el golpe de estado era lo mejor de lo
mejor.
El miedo y el teatro.
Sabino dice: “majestad no
deben saber de que lado estáis vos, si os perciben como un obstáculo no
dudéis…” dramatismo para justificar que durante horas no se hacía nada
operativo. Pero lo que no explican es que ese tiempo era necesario para
que el miedo hiciera el efecto deseado, la llamada al orden a la
sociedad civil, que es lo que constituye el 23-F. Miedo que todavía
quieren manejar con frases en boca del rey: “si al ejército no le da la
gana aquí no hay libertades, ni democracia que valga”, debía saberlo
bien porque él era, y es, el jefe de todos los ejércitos.
El problema del secuestro de
Prado del Rey se soluciona con una llamadita al Marqués de Mondéjar, ya
le podían haber llamado antes, pero esas horas de no saber nada,
escuchando marchas militares, son necesarias para crear el efecto de que
la situación es trágica y así el héroe sale más reforzado y todos más
convencidos de que nos hemos librado de una buena, de una guerra civil,
según Francisco Laína, director
general de
la Seguridad
del Estado y presidente por unas horas.
Un tiempo que no se marca en
la serie para que la sensación de inoperancia sea lo menor posible. No
llegan ni a 10 las llamadas realizadas desde el palacio, en esta
ficción, en la friolera de 7 horas, las que van desde la entrada en el
Congreso a las 18.27 hasta el discurso a la 1.14 de la madrugada.
El discurso
Cuando ya está todo organizado
y controlado, siempre según la serie, llega la hora de ese discurso que
el rey ha estado llevando de un sitio para otro y del que nos quieren
dejar bien claro que lo ha escrito él con sus manitas y sin ayuda. “La Corona símbolo de permanencia y unidad
de la patria…” Cuánta democracia. El momento discurso se solemniza con
la imagen de un criado vistiendo al rey con el traje de Capitán General
de todos los ejércitos.
General Alfonso Armada,
el cerebro.
Armada que intenta engañar al
incauto rey, es como el encantador de serpientes y el rey hace muy bien
de serpiente encantada, y cuando por fin se rinde a la evidencia de la
traición (según el guión) lo más fuerte que le dice es: Alfonso, tú
mientes como un bellaco.
Al final parece ser que el
taimado Armada urde en solitario un plan en el que utilizando al rey
engaña a todo el mundo. Nadie temía entonces que fuera posible un golpe
de estado, porque no habían existido antecedentes como
la Operación Galaxia, con un
Tejero reincidente, y por eso no se había tomado ninguna medida de
seguridad cuando toda la cúpula política estaba reunida en el Hemiciclo.
Nos toman por los más crédulos, como si no se viniera de una dictadura
en un país que estaba pinchado en su totalidad, un punto geoestratégico
en etapa aún de guerra fría con su red de espionaje instalada hasta en
los lavabos del Congreso y
la Zarzuela.
Un momento estelar es cuando
Armada da un papel a Tejero donde le muestra la composición de su
supuesto futuro gobierno con socialistas y comunistas, así el traidor
también traiciona a Tejero y a Milans. Más confusión para el
telespectador que ya no entiende nada.
¿Armada quería ser Presidente
a toda costa sin importar con quién?, Milans del Bosch quería ser
Ministro de Defensa, ¿era cuestión de ambiciones personales? ¿Qué quería
ser el rey? Teniendo en cuenta que ya dijo en una ocasión que era un rey
republicano, puede que quisiera ser un rey dictador o absoluto, como su
antepasado Luis XIV ¿Quiénes eran esos socialistas y comunistas?
Del Tejero de opereta esperando al elefante blanco, de Aramburu haciendo una
demostración de testosterona sacando su pistola para luego marcharse, de los
servicios secretos probando nuevos juguetes, del ahora voy, ahora vengo dentro
de los cuarteles, no hay mucho que comentar. Son más lamentables las imágenes
reales viendo como el golpista se despide de sus hombres tan tranquilamente, las
irrisorias penas cumplidas, los pocos inculpados y que en el 2009 se siga
ocultando a la ciudadanía que pasó el 23-F. Aunque la verdad desmontaría la
leyenda chollo para el rey y su prole.
Fastidia ver a buenos actores realizar
este trabajo, u oda al monarca para su mayor gloria, como los
bufones y cómicos que estaban al servicio de la corte.
Y que sea el Institut Català de les Indústries
Culturals parte del proyecto. Espero, al menos, que a la guionista
Helena Medina le reporte muchos beneficios este culebrón, que
contribuye a la confusión de millones de ciudadanos maleables y a
seguir forjando la nefasta leyenda del rey adalid de la democracia.
Y lo peor, que se haya hecho con el dinero de nuestros bolsillos,
esos que cada día cuestan más ganar.
Por último decirle al monarca que los
momentos más difíciles de su vida, no serán las verdades que le
gritaron a su real cara en Gernika (que un rey apenado recuerda en
la serie), o la traición del amigo, ni otras milongas que nos
quieran contar, las peores horas están por llegar, cuando tenga que
coger sus efectos personales, desposeído de sus privilegios
constitucionales y tenga que abandonar su palacio, nuestro palacio,
sin nuestros bienes.
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