La censura
de TVE
Rafael Torres
OTR Press
17 de mayo de 2009
Si un sólo individuo puede censurar la
expresión pública y conjunta de 60.000 personas, ¿qué no podrán hacer varios
individuos, si, como es el caso, controlan un medio de comunicación de masas? La
censura de la sonora pita con que los Reyes y la Marcha Real fueron acogidos en
el estadio de Mestalla en los prolegómenos de la final de la Copa, perpetrada
por TVE, se ha saldado con la destitución del jefe de Deportes de la casa,
Julián Reyes, el hombre que silenció a 60.000, pero es muy probable que la
criatura, a la que lo mismo se premiará con una indemnización millonaria por el
cese como a alguno de sus antecesores en el cargo, no fue responsable sino de un
"exceso de celo".
Las palabras del capitoste de TVE que anunció su destitución vendrían sutilmente
a confirmarlo: "Se dieron instrucciones precisas para que no fallara nada".
Reyes debió entender esas "instrucciones" perfectamente, aunque las ejecutara a
lo bestia.
"Para que no fallara nada" ¿Para que no le fallara a quién? ¿A los monarcas?
¿Iba a permitir Julián Reyes, entonces, que 60.000 personas, las que llenaban
las gradas del estadio, catalanes y vascos en su mayor parte, le estropearan la
parte política, monárquica, de la retransmisión? "Para que no fallara nada". ¿A
quién? Julián Reyes no pensó, desde luego, en que no le fallara a los
telespectadores, pues la retransmisión del partido fue, de principio a fin, un
desastre, con las cámaras en lo alto de la torre del campanario, con el tío
encargado de la repetición de las jugadas dormido, con el realizador jugando a
la brisca en el bar de al lado, con los operadores de cámara buscando
desesperadamente el balón por la verde inmensidad del césped.
El gran jerifalte de TVE habla de "error humano". En efecto; manipular la
realidad, censurar, hurtar a los ciudadanos la noticia de lo que sucede, es un
error humano. Que cometen constantemente, sobre todo en relación a la Monarquía,
algunos humanos demasiado humanos.