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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

Desfile de la Fiesta Nacional

 ¡Borbón, abdicación!

 Amadeo Martínez Inglés

 

UCR 15 de Octubre de 2009 

         El pasado lunes, 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional española, tuvo lugar, como todos ustedes conocen y seguramente habrán visto por televisión (de presente, sólo debieron acudir los comandos anti-Zapatero de la derecha española), la tradicional parada militar de corte franquista (no podía ser de otra manera, dada la personalidad del general de pacotilla que las preside en la actualidad) que todos los años “deleita” a los pocos madrileños que acuden a La Castellana, más que nada para incordiar a ZP con sus gritos y sus abucheos.

         Este año, desde el punto de vista estrictamente militar, pocas novedades, por no decir ninguna, ha presentado la citada efemérides castrense, sucesora de aquella otra de triste recuerdo con la que el dictador recordaba anualmente, y nos hacía recordar a todos los españoles, su particular victoria fascista sobre la legalidad y legitimidad republicanas y sobre los derechos y libertades de todos los españoles. Los mismos estereotipos folclóricos y trasnochados de siempre a los que nos tiene ya acostumbrados la parafernalia ad hoc de las FAS  españolas, han desfilado de nuevo por la principal arteria madrileña después de que su comandante en jefe, un monarca español ya viejo, gordinflón y cargado de medallas al estilo del más barriobajero espadón caribeño, consiguiera subirse por fin a una de las escasísimas tribunas levantadas en el recorrido. Recordemos pues un poco por encima, para el que no lo haya visto, las principales Unidades que intervinieron en tan trascendental desfile:

-         la ya renuente compañía de “lejías” del Tercio perdiendo el culo a 160 pasos por minuto y con la clásica cabra (esta vez procedente del Este) en vanguardia. Por cierto, en esta ocasión los discípulos de Millán Astray han aparecido por La Castellana sin patillas pero con michelines (sobre todo los mandos), y es que parece ser que la vida sedentaria y los ácidos grasos saturados no respetan ya ni a los novios de la muerte.

-         la también clásica compañía de Regulares, con su “look” moro y su parsimonia de 90 pasos por minuto.

-         una de las nuevas Unidades de “bomberos castrenses” de la Brigada Zapatero que, como son los “bien pagaos” de las FAS, desfilan siempre muy orgullosos de sus motobombas y sus mangueras.

-         un pequeño destacamento de la tristemente célebre División Brunete, con sus viejos carros de combate Leopard (alquilados por un euro al año a Alemania), con la única misión de hacer mucho ruido y “encender” al personal de derechas.

-         y, ya en el aire, la creme de la creme aeronáutica de combate: los antediluvianos F-18 A, con treinta años de servicio; algunos (muy pocos, porque llegan con cuentagotas y son muy caros) modernos Eurofighter 2000; y un pequeño cóctel de helicópteros (fabricados en Francia por aquello de la cooperación antiEta) y aviones menores y de transporte.

 

    En resumen, la certificación neta y clara para cualquier observador internacional de que España sigue siendo, a día de hoy, uno de los países más débiles y trasnochados en materia de defensa nacional. Circunstancia ésta que a más de un ciudadano de este país puede hasta parecerle bien, pero que no deja de ser demencial dado lo que nos gastamos en nuestros Ejércitos (más del 2% del PIB).

         Pero dejando de lado la vertiente castrense (¿por qué no nos dejamos de una vez de hacer esta pantomima castrense con material de chatarra que solo sirve para evidenciar nuestras carencias?), este año la cosa ha tenido su aquél por el masivo y ensordecedor abucheo y las peticiones de dimisión a ZP por parte de un público muy especial que esperaba al presidente del Gobierno perfectamente preparado y coordinado para la acción. Los medios de comunicación han recogido con todo detalle este subidón antiZapatero y, también, las palabras del alcalde de la “cabezonada olímpica”, señor Gallardón, descalificando a los manifestantes e invitándoles a transmitir sus más profundos sentimientos democráticos en “actos de Gobierno” y no “de Estado”.

         O sea, que el señor alcalde de Madrid ve bien que los ciudadanos se suelten el pelo contra ZP en cualquier acto gubernamental en el que se lo encuentren, pero de ninguna manera en uno de corte estatal. Parece dar a entender, con ello, que en estos últimos, en los actos de Estado, sólo se debería poder abuchear y menospreciar al titular del mismo, es decir, al rey Juan Carlos. Bueno, pues no deja de ser una teoría plausible, una novedosa forma de ver las cosas de la que los sufridos ciudadanos madrileños, y más todavía si no comulgan para nada con esa candidez trasnochada de la “monarquía parlamentaria”, deberían tomar buena nota para ponerla en práctica el año que viene, si para entonces todavía disfrutamos del claro liderazgo y de la altura moral del que, con todo derecho, muy bien podría ser llamado por los sesudos analistas del “caso Gürtel”: “choricillo de La Zarzuela”. Y, evidentemente, con unos abucheos y unos gritos acordes a los recibidos por el insigne amiguete de Obama: ¡Borbón, abdicación! ¡Borbón, abdicación!

         ¡Basta ya de meterse con Zapatero, aunque el pobre lo esté haciendo rematadamente mal en esta su segunda legislatura maldita! Él, por lo menos, ha sido elegido en las urnas por el pueblo soberano, si bien es cierto que las listas cerradas y bloqueadas no son precisamente algo que deba copiarnos democracia real alguna. Pero al otro, al ex franquista de pro y demócrata advenedizo, no lo eligió para el puesto que ocupa ni la madre que lo parió (que quería al otro, al muerto por éste), sólo el pequeño dictador que trajo de culo a los españoles nada menos que cuarenta años.        

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 Amadeo Martínez Inglés es Coronel. Escritor e Historiador.

 
 

 

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