Radio Nacional de España, miércoles, 7 de octubre de 2009, noticias
de la mañana de una emisora no siempre suficientemente alejada de
los senderos y ecos de la radiodifusión nacional-católica.
Después de una breve referencia a las declaraciones de Miguel Ángel
Fernández Ordóñez, ese supuesto técnico que insiste en soluciones
supuestamente técnicas para salir de la crisis que pivotan siempre,
y esencialmente, en torno a la disminución de los derechos laborales
de las clases trabajadoras españolas, incluyendo el abaratamiento
del despido, los cambios en las formas de contratación y en la
negociación colectiva, todo ello, en clara sintonía con los deseos y
finalidades de la ultraderechizada patronal española; después, en
una segunda referencia, al caso Gürtel, ese abisal desfiladero urbi
et orbe de inmundicias, choriceos y corrupciones del llamado
principal partido de la oposición1,
después de ello, decía, el presentador del programa informativo se
refería a Berlusconi y a las argumentaciones de su abogado defensor:
todos los ciudadanos son iguales ante la ley, había recordado el
abogado italiano, pero no en la misma medida. El señor Berlusconi,
señalaba su defensor, es primer ministro. Recordemos el caso
brevemente.
Se está discutiendo estos días en Italia la ley conocida como
lodo Alfano. Fue aprobada con urgencia en 2008 por la derecha
italiana con el objetivo básico de evitar el procesamiento de
Berlusconi. Se ha recurrido la ley, lo ha hecho el fiscal de Milán,
por considerarla inconstitucional. Los quince jueces del Tribunal
Constitucional, el tribunal que debe determinar su corrección
jurídica, escucharon el 6 de octubre los, digamos, argumentos de los
abogados defensores del primer ministro italiano. Sus nombres:
Niccolò Ghedini, Gaetano Pecorella y Piero Longo.
Ghedini, el abogado estrella de esta farsa, sostiene que la nueva
ley es distinta de la ley Schifani de 2004. Esta otorgaba a las
cinco principales personalidades del Estado italiano una suspensión
general, automática y de duración indeterminada ante cualquier
juicio. Increíble pero cierto. La nueva ley, sostiene Ghedini,
protege a cuatro altos cargos, no a cinco, y sólo (¡sólo!) mientras
dure su mandato, no de forma indefinida.
Ghedini añadió otro argumento a su defensa de la nueva ley: la ley,
desde luego, Ilustración obliga, es igual para todos, pero no es
igual su aplicación. Además, concluyó finalmente, la ley no es una
ley de inmunidad2.
Qué puede significar la igualdad ante la ley y su desigual
aplicación es un enigma jurídico insondable, que muestra, por si
fuera necesario, el grado de sofistería, filisteísmo y servilismo
que han alcanzado sectores profesionales del Derecho italiano (y de
otros países desde luego). Pero no es éste el punto, no se trata
ahora de recordar los conocidos desmanes berlusconianos, el blindaje
de hierro con el que suele rodearse, el permanente ataque al Estado
de Derecho al que nos tiene acostumbrados.
El punto esencial, el rovell de l’ou de la información es que el
presentador de Radio Nacional que criticaba ostensiblemente ese
pseudoargumento de igualdad ante la ley pero no en su aplicación, el
periodista que denunciaba la inmunidad de la que goza el primer
ministro italiano, fuera incapaz de hacer referencia, en un contexto
así, tan suyo, a lo que sigue sucediendo en nuestro país por
decisión constitucional, como si en España una situación como la
italiana fuera impensable.
Y no lo es. Aquí la situación es, si cabe, mucho peor. El jefe del
Estado goza en España de inmunidad, está de hecho fuera de las
leyes, no puede ser penalizado. Obra según su antojo y según sus
deseos, sean cuales sean sus actuaciones. De hecho, hay que andarse
con mucho ojos en las críticas que se vierten contra la institución
que representa y contra la forma en que la representa. ¿Alguien
puede creer plácidamente y sin convulsiones que muchos de sus amigos
y consejeros hayan sido acusados de mil vilezas y corruptelas, y
condenados firmemente en numerosos casos, y que todo ello no roce al
máximo representante de la Casa Real ni en la yema de sus dedos ni
el dedo meñique de su pie izquierdo?
¿Que la Italia berlusconiana es un escándalo? Sin duda. ¿Pero no lo
es acaso también la España juancarlista? ¿Un presentador de la radio
pública no debe señalar igualdades comparativas tan básicas cuando
informa de una situación como la apuntada? ¿O se trata nuevamente de
ver la pajilla en el ojo ajeno y olvidar el inmenso pajar que nos
rodea, como si esa falta de visión fuera un simple e inconsciente
corolario de un postulado que afirmara que “España siempre va bien”,
que España es el mejor de los países concebibles?
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Notas:
1 Situación
que, sin duda, no debería sorprendernos. Baste recordar las
declaraciones públicas del ex alcalde de Benidorm, ex president de
la Generalitat valenciana, responsable parlamentario del PP en la
anterior legislatura y actual alto cargo de Telefónica, el señor
Zaplana: yo estoy en política, dijo este insigne servidor público,
para forrarme y para ligar sin descanso (esto último lo expresó con
más crudeza; evito sus modos).
2 El abogado
del Estado que también pudo intervenir ante el alto Tribunal, cosa
que no pudo hacer Alessandro Pace, el fiscal milanés, sumó otro
argumento que merece figurar en el historia universal de la infamia:
la suspensión de los juicios contra el primer ministro es un daño
pero un daño menor., preferible, señaló, “a tener un primer ministro
más pendiente de los juicios que de gobernar”. Por si se ha
olvidado, lo recuerdo: se trata de un argumento esgrimido por el
abogado del Estado.