La Zarzuela, salida de tono
Alfonso Puig
Cartelera Turia
15 de Noviembre de 2008
Hay indicios suficientes de que la autora
del reciente libro sobre la reina de España («La reina muy de
cerca»), la opusdeísta Pilar Urbano, ha dejado deslizar
deliberadamente en el mismo ciertas declaraciones del personaje
con un doble objetivo: por un lado, que su carácter polémico y
cuestionada oportunidad potencien sus ventas en la actual época
de crisis, y por otro, mostrar que la reina está de su parte en
cuestiones como el nombre del matrimonio homosexual, el aborto,
la religión en la escuela, etc. Después, tales afirmaciones han
sido matizadas como «inexactas» por la casa real, su servicio de
prensa, o el de limpieza (de imagen). Pero la autora manifiesta
que «la Zarzuela revisó la obra antes de ser publicada» (quizá
no pensaron que cantaría tanto). Que cada cual saque sus
conclusiones.
El trasfondo del asunto no es que la reina asuma las tesis
católicas sobre tales temas, objeto propio de las leyes
españolas, o que pretenda la explicación del origen de la vida
en las clases de religión (¿con qué nivel una persona pública
puede afirmar hoy tal cosa?), lo que a la derecha le entusiasma
porque refuerza su afán de culto a la institución: como si lo
que dijera esta mujer fuera a ser más válido sólo por eso, sino
el que si se ha de considerar reina de toda la ciudadanía,
proceda o no manifestar su opinión favorable a las de ciertos
sectores parciales de la misma, y contrarias a las de otros.
Y se evidencia que la tal señora necesita, como mínimo un
repaso-actualización en sus nociones de ciencias básicas, y otro
repaso en cuanto a las oportunas limitaciones de sus
manifestaciones públicas, en razón de su gracioso cargo, con
cargo al erario público, y abono a su graciosa cuenta corriente.
Otro tanto cabría decir de sus asesores, y resulta que entonces
ya estamos financiando dos instancias… De modo que, pese a su
rango real, se ha puesto en evidencia su paradójico desfase
respecto a la realidad, y su alineamiento con las tesis
tradicionalmente retrógradas de la derecha y la jerarquía
eclesiástica. Lo ocurrido con el lanzamiento de este libro
parece más un nuevo y torpe movimiento en la ofensiva ideológica
de la derecha cavernal y beata, que busca el efecto propaganda
del voto «de calidad» de la institución, al presentar a la reina
como defensora de sus postulados, con lo que nos conducirían al
«vasallaje ideológico», y es precisamente por eso, por lo que
dentro de una monarquía constitucional, resultan improcedentes
sus declaraciones en temas que son materia de ley, además de
polémica: en su papel institucional no debe tomar partido por
opción política alguna y si lo quisiera hacer, en pos de la
«libertad de expresión», puede atenerse a las consecuencias:
para ejercerla libremente ya están los presidentes de república,
a los que, precisamente por eso, se les puede cambiar mediante
elecciones, sin cargo hereditario, sino acogido a la general
precariedad, relativa, pues como ex políticos, después podrían
recalar en alguna compañía telefónica, constructora o
universidad americana, no es complicado si han sabido mover
ciertos resortes, o aparecer en azoradas fotos...
Si incluso el lenguaraz González Pons ha manifestado que lo
dicho por la reina «ofende a una parte de los españoles pero
también es verdad que representa lo que piensa la otra mitad»
(la primera «parte» la considera así ya una mitad ofendida…), es
porque la cosa no es tan menuda como otros tratan de facturarla,
como también que «el principio de neutralidad debe mantenerlo
toda la familia real», rotunda y acertada sentencia propia de
experto constitucionalista que es el vocero PoPular, pero que
irritó al sector oficial de su partido, de modo que pocas horas
después tuvo que «matizar», y posteriormente fue acusado también
por el PSOE de «criticar a la monarquía». Más papistas que…
A la casa real le convendrá tomarse realmente en serio un
esfuerzo real por ajustar sus declaraciones y movimientos de
acuerdo al más estricto sentido de la representación neutral,
además de ajustar su cultura general a la realidad, de lo
contrario van a sufrir un ridículo real, más con las nuevas
generaciones, educadas en realidades no tan rancias como las
cunas reales. Ahora, unos tratan de quitar importancia al tema,
por «estabilidad institucional», mientras que otros tomamos
nota, pero la evidencia manifiesta es que la reina, dejándose
caer en el juego de la derecha, ha dado la razón a los
republicanos, pese a su sangre azul, no están por encima del
bien y del mal. Quizá, más adicta a la realeza que a la
realidad, también le flaquee la memoria de ciertas experiencias
reales, y no recuerde el episodio de su hermano Constantino II
en Grecia tras el apoyo a la junta militar griega de 1967,
empujando al abismo a su monarquía en 1974...
¿Lamentable, ilustrador, o real como la vida misma? Visto que en
la Zarzuela se salen de tono, y se bajan del trono, desde ahora,
¿quién se fía de Sofía?