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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

¡Sofía, no se calle!

Júcaro

14 e Abril    2 de Noviembre de 2008

 

              Pocas cosas hay más humillantes que la mordaza. Es cierto que un día tuvimos que optar entre democracia o dictadura dejando aparcada la discusión Monarquía o República; ese día nos la metieron en el mismo paquete pero, ¿había otra opción?, o mejor dicho, dejando como dejamos morir de puro viejo al dictador ¿estábamos por la labor de hacer una transición diferente? La elección era muy simple: o democracia, monarquía incluida, o correr el riego de combatir contra una derecha fanática que contaba con el apoyo de un ejército de naturaleza golpista y las bendiciones de una Iglesia Católica ultramontana. Ya fuera por simple pragmatismo, por desgana o hastío, el caso es que la monarquía parlamentaria se nos presentó como la opción más práctica en aquel momento. La historia es la que es, y aunque podemos interpretarla según queramos, lo cierto es que la realidad de aquellos fechas nos ha conducido hasta la actualidad de estos días.

Resulta paradójico este sistema democrático que alardea de la libertad de expresión como un valor fundamental y trate de silenciar algunas voces en virtud de su significación institucional. Es como si el propio sistema no estuviera convencido de ese valor o que, precisamente por conocer sus consecuencias, pretendiera preservar ciertas instancias. Sabedores de esta incoherencia, los redactores de la Constitución vigente no constataron ninguna mordaza expresiva en el articulado para la Corona; el silencio real es un acuerdo tácito, una garantía de futuro para esta institución propagado por sus más acérrimos partidarios. En cualquier caso, las palabras de la Reina Sofía de Grecia han levantado una tormenta política y mediática un poco ficticia y en la que se demuestra algo que escuché muchas veces; lo peor de la monarquía son los monárquicos, incluidos los miembros de la realeza.

No pediré a la señora consorte que se calle, sino todo lo contrario. Nunca me gustó la libertad de expresión selectiva. Visto, oído y leído el revuelo que nos han montado: ¡Señora, por favor no se calle! Si la Corona opina abiertamente sobre cuestiones controvertidas, será la institución misma la sometida a controversia. Esa es la clave. Lo dice con más claridad y contundencia El Roto: Si los reyes empiezan a opinar de lo nuestro…, nosotros empezaremos a opinar de lo suyo.

Opine, hable, muéstrese como es. Nadie puede sorprenderse por su talante conservador, lo contrario sí sería inesperado. Sus palabras no deben escandalizarnos, todo lo contrario. Demos alegrarnos de conocer qué es lo que piensa porque así, igual dejamos de escuchar la letanía pringosa de unas supuestas virtudes monárquicas ensalzadas por encima del bien y del mal. El silencio de la familia real, de todos y cada uno de sus miembros es o era su fortaleza; con esa falta de criterio se les ha mantenido en un altar inaccesible pero sustentado con nuestros impuestos.

Coincido con J. G. Centeno cuando escribe que es mejor que revelen su opinión, otros lo hicieron antes y fue beneficioso para el conjunto de la sociedad. Por nuestro bien, por la Tercera; ¡Sofía, no se calle!

 

 

 

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