"Monarquía"
y "ciudadanía" corresponden a contextos significacionales distintos. Son
significantes correspondientes a estructuras diversas. Ciudadanía como
significante representa la abolición dialéctica del significante "subditanía",
ligado (ciudadanía) a un conjunto de significantes presidido por el
significante república, que es el único que puede admitir como capitel o
contextualizador general el significante ciudadanía sin que haya
reducción al absurdo. El significante república y solo él inaugura el
significante ciudadano y se efectiviza en éste. Entendemos que el
significante es el término en sentido amplio, y el significado el brillo
que éste adquiere, los efectos que produce, los hechos y comportamientos
que desencadena que, por otro lado, no se ligan unilateralmente, o en
solitario, al término, sino que se dan en red, se presentan en el
interior de un conjunto de significados.
Sólo en relación con el significante república se puede inaugurar y
delimitar el significante ciudadano y por tanto el ámbito de sus
significados. Encastrar este significante en el vientre de la matriz
"monarquía" equivale a anularlo o banalizarlo so pena de ser anulado o
banalizado por él... No se juega con las palabras de cualquier modo... o
se arriesga uno a dejarlas "sinsentido". Pretender que esa reunión es
valida es pretender que una fogata llora. Cuando se hace se está
travistiendo el significante ciudadano, que se ve invisiblemente
empalado por el significante súbdito, que será el que tenga de verdad
efectos en el plano de los significados: Basta con ver lo que pasa
cuando uno se declara por la liquidación de la monarquía en algún
espacio mediático y/o político: En un mundo de sujetos políticos,
ciudadanos, sería atendido y respetado; en espacios mediatico-políticos
reinales o filoreinales, con muchos peros pre-1789, se desencadenan las
planchas del consenso censor antisedición. Cuando un "ciudadano" reclama
la liquidación del reino se le empluma, es decir, se le significa
suficientemente que en realidad los ciudadanos, en este país, son como
las hadas o las gunfias: no existen. No existe esa matriz
significacional, subjetiva, autónoma, potencialmente activa, asociativa.
Existe el significante súbdito, uno de cuyos significados resuelve no
poner en cuestión a su rey.
En las republicas nacientes de América se acogió el pensamiento político
de la Revolución Francesa. En las épocas en que los ciudadanos pierden
allí de facto sus derechos políticos, no es que haya problemas en el
funcionamiento de significantes republicanos, es toda la trama
estructural de significantes la que se contrae, se vacía de sus
significaciones operativas; todo queda en una suerte de grupo de
"significantes clausurados", significantes sin efecto, obsolescencia del
conjunto estructural. Ello no serviría, pues, para defender la
potencialidad de "ciudadano" en la vecindad de series de significantes
que lo contradicen. Sin negar que esa potencialidad sea inversamente
proporcional al vigor de significantes como monarca: En algunos
regímenes los monarcas tienen una presencia practicamente fósil, una
presencia ausente, son reyes-momia explicitamente. No es el caso en
España, donde son constantes tanto las referencias interpretadas por
periodistas y políticos al rey como jefe y asidero dentro del discurso
sistémico, como las irrupciones, copiosamente guarnecidas, del propio
rey, ya espontáneas, ya contempladas en el guión.
Xaquín Silva. Redes Escarlata