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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

 
Sobre Monarquía y Ciudadanía

 
Rebelión 14 de Diciembre de 2008
 

"Monarquía" y "ciudadanía" corresponden a contextos significacionales distintos. Son significantes correspondientes a estructuras diversas. Ciudadanía como significante representa la abolición dialéctica del significante "subditanía", ligado (ciudadanía) a un conjunto de significantes presidido por el significante república, que es el único que puede admitir como capitel o contextualizador general el significante ciudadanía sin que haya reducción al absurdo. El significante república y solo él inaugura el significante ciudadano y se efectiviza en éste. Entendemos que el significante es el término en sentido amplio, y el significado el brillo que éste adquiere, los efectos que produce, los hechos y comportamientos que desencadena que, por otro lado, no se ligan unilateralmente, o en solitario, al término, sino que se dan en red, se presentan en el interior de un conjunto de significados.

Sólo en relación con el significante república se puede inaugurar y delimitar el significante ciudadano y por tanto el ámbito de sus significados. Encastrar este significante en el vientre de la matriz "monarquía" equivale a anularlo o banalizarlo so pena de ser anulado o banalizado por él... No se juega con las palabras de cualquier modo... o se arriesga uno a dejarlas "sinsentido". Pretender que esa reunión es valida es pretender que una fogata llora. Cuando se hace se está travistiendo el significante ciudadano, que se ve invisiblemente empalado por el significante súbdito, que será el que tenga de verdad efectos en el plano de los significados: Basta con ver lo que pasa cuando uno se declara por la liquidación de la monarquía en algún espacio mediático y/o político: En un mundo de sujetos políticos, ciudadanos, sería atendido y respetado; en espacios mediatico-políticos reinales o filoreinales, con muchos peros pre-1789, se desencadenan las planchas del consenso censor antisedición. Cuando un "ciudadano" reclama la liquidación del reino se le empluma, es decir, se le significa suficientemente que en realidad los ciudadanos, en este país, son como las hadas o las gunfias: no existen. No existe esa matriz significacional, subjetiva, autónoma, potencialmente activa, asociativa. Existe el significante súbdito, uno de cuyos significados resuelve no poner en cuestión a su rey.

En las republicas nacientes de América se acogió el pensamiento político de la Revolución Francesa. En las épocas en que los ciudadanos pierden allí de facto sus derechos políticos, no es que haya problemas en el funcionamiento de significantes republicanos, es toda la trama estructural de significantes la que se contrae, se vacía de sus significaciones operativas; todo queda en una suerte de grupo de "significantes clausurados", significantes sin efecto, obsolescencia del conjunto estructural. Ello no serviría, pues, para defender la potencialidad de "ciudadano" en la vecindad de series de significantes que lo contradicen. Sin negar que esa potencialidad sea inversamente proporcional al vigor de significantes como monarca: En algunos regímenes los monarcas tienen una presencia practicamente fósil, una presencia ausente, son reyes-momia explicitamente. No es el caso en España, donde son constantes tanto las referencias interpretadas por periodistas y políticos al rey como jefe y asidero dentro del discurso sistémico, como las irrupciones, copiosamente guarnecidas, del propio rey, ya espontáneas, ya contempladas en el guión.

Xaquín Silva. Redes Escarlata

 

 

 

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