La
reina muy de cerca, los vasallos y los villanos
Clamor
Republicano
12 d e Noviembre e 2008
El alcalde Barroso ha
sido elevado a la categoría de esperpento, de monstruo de feria
que va paseando su republicanismo sin que nadie o casi nadie
haya salido a la palestra a defender su postura. Trasciende del
señor Barroso, quizá por su manera de expresarse, su faceta de
personaje populista por encima de la de cargo público poniendo
en jaque a la monarquía. Una visión interesada de los medios de
comunicación que elevan a la categoría de anécdota una grave
denuncia, quedándose el público con la sensación de que se trata
más de un circo para divertir a la audiencia y pasando el
mensaje transmitido a la consideración de chiste, no a la carga
de profundidad contra la moralidad y la ética de la monarquía. Y
no me refiero a los “polvos reales”, denominación barrosiana, a
mí, como a él, no me importan los temas de testas cornamentadas,
pero lo que tengo muy claro es que no quiero sufragarle las
juergas al Borbón (recordemos que el rey llamaba cabrona a la
reina ¿por algo sería?). También ha quedado en la categoría de
anécdota las reiteradas denuncias del coronel Martínez Inglés,
otro personaje considerado de Reality que no debe merecer
ninguna credibilidad, pasándose por alto el que la justicia
portuguesa haya admitido a trámite la denuncia presentada por
este para que sea investigado el crimen cometido en Villa
Giralda. Parece ser que en Estoril un Borbón mató a otro, uno
que ya no era tan niño y que conocía perfectamente el manejo de
las armas por hallarse en la academia militar de Zaragoza, ya
sabemos que la historia está llena de accidentes Reales.
A todo esto estalla la
polémica por el libro de Pilar Urbano, “periodista” de la Obra,
que no goza de mis simpatías y sobre la que quieren hacer recaer
toda la controversia creada. Qué raro que nadie ataque a la
editorial Planeta que es quien ha editado el libro. Creerse a
estas alturas la versión de la Casa Real, que lo controla todo,
sobre que desconocía el contenido del libro es de ser iluso. Es
impensable que no tuviera un ejemplar antes de ir a imprenta, si
el funcionario de turno no ha hecho bien sus deberes o la reina,
en su corta mirada, no vio las consecuencias de sus palabras es
otra cuestión. Ayer decía un editor republicano que hay que
tener sentido de Estado y que no se pueden publicar esas cosas,
editor del libro de Vilallonga sobre el rey. La verdad es que
con republicanos de esta índole no veremos nunca la Tercera, una
cosa es decir que lo eres, y quedar muy bien, y otra actuar como
tal, ¿o es que el miedo sigue impreso en su código de actuación?
¿Qué es eso de sentido de Estado?
Lo peor fue cuando un
oyente valiente, con voz entrecortada por el nerviosismo, se
atrevió a llamar a La Ventana de la Ser para expresar ese
secreto a voces, que es que la monarquía es heredera de la
dictadura y que vive a nuestra costa gracias a Franco. Si
hubiera hecho esas declaraciones en la plaza pública hubiera
sido lapidado por unos tertulianos, Carnicero al frente, que
salió a defender el pleito cual caballero de la corte del Rey,
diciendo que el monarca estaba ratificado democráticamente en su
cargo por todos los españoles con la constitución que tuvimos a
bien adjudicarnos. Le recordaré al Sr. Carnicero, que esa noche
debió dormir delante de la puerta del colegio electoral para ser
el primero, que hubo españoles que no contestaron
afirmativamente entonces a la pregunta trampa y que una gran
parte de los actuales españoles no lo pudimos hacer por cuestión
de edad. Pero no es ese el asunto, sino el que expone Manuel
Saco en El Público, que lanzó a los kioscos una portada
histórica. La cuestión no es si se debió preguntar ¿República o
monarquía? sino que lo que había, y hay, que dirimir, es si
queríamos, o queremos, democracia o monarquía, ya que
esta monarquía por origen y todas por definición
no es democrática.
Para que el esperpento
esté presente de verdad, el sr. Zapatero, después de sus
gloriosas palabras con las que aseguraba que el franquismo había
sido absolutamente juzgado por la historia, pasa de humillar
públicamente a aquellos que aún esperan una mínima justicia por
haber sido víctimas de una dictadura asesina, a humillarse a si
mismo, defendiendo el papel de la reina y de la casa real.
Porque lo cierto es
que la monarquía no se siente tan bien tratada por los gobiernos
de derecha como por los de “izquierda”, auténticos defensores a
ultranza de la institución, que escupen sobre la república y los
republicanos con ese servilismo genético que los acompaña. La
impronta de la Transición, que urdieron entre todos, para
convertirnos en vasallos de una monarquía decadente.