Bobastro2.blogspot
5 de Diciembre de 2007
La memoria histórica basada en verdades absolutas repetidas hasta la
saciedad en los medios de comunicación supone la posibilidad de hacer
olvidar la autentica Historia de las cosas, a aquellos que no se
molestan en consultar otras fuentes.
Basta con repasar cualquier biografía de nuestro Jefe de estado, para
comprobar que Don Juan Carlos I rey de España, no fue elegido por los
españoles al votar la constitución de 1978, sino por el general
Francisco Franco en
virtud de la
Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado
del
26 de julio
de
1947,
donde fue propuesto como su sucesor a título de Rey, propuesta
ratificada por las
Cortes Españolas
en julio de
1969,
ante las que posteriormente prestó juramento de guardar y hacer
guardar las Leyes Fundamentales del Reino y los principios que
informan el Movimiento Nacional . La
sucesión debía recaer en su padre, Don
Juan de Borbón y Battenberg,
tercer hijo y heredero del rey Alfonso XIII; sin embargo, la
existencia de un movimiento favorable al fin del franquismo y a la
restauración de la monarquía liberal en la persona de Don Juan de
Borbón y las no muy cordiales relaciones de éste con Franco,
determinaron el salto en la línea de sucesión, y el nombramiento de
Juan Carlos como "Príncipe de España".
Por tanto, Don Juan Carlos I, no pudo ser votado como jefe de estado
por los españoles en la consulta de 1978, por que ya lo era desde
el 20 de noviembre de 1975 tras la muerte de Franco, lo que se voto
fue un sistema político que establece la monarquía parlamentaria como
forma de gobierno y a su descendencia (con prioridad masculina) como
herederos de este titulo. Podría decirse, por tanto, que lo que
hemos elegido es un ADN a perpetuidad como jefe de nuestro estado,
independientemente de la capacidad de su futuro portador.
Cualquier niño puede encontrar estos datos haciendo una búsqueda en la
famosa wikipedia o en el todopoderoso Google (http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_I),
lo que le será mas difícil de encontrar es algún video de su majestad,
militar, no electo, vitalicio y hereditario jurando nuestra
constitución.
Cualquier niño necesita de la existencia de los reyes, príncipes y
princesas para crear su mundo imaginario de cuentos e historias de
hadas. Pero, por suerte, algunos, de mayores, piensan que todos somos
iguales, sin excepción.
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