¡Que hable, que hable!
Víctor Casco
Digo vivir 31 de Octubre de 2008
La práctica totalidad de la clase política - salvo excepciones - ha lamentado las declaraciones de la reina Sofía. Opinan que como representante de una institución que debería estar por encima de las ideologías políticas no debería pronunciarse por unas frente a otras.
Será por ganas de llevar la contraria, pero a mí me parece bien que haya hablado. Es la única forma de desenmascarar la realidad y de permitir que la gente compruebe por sí misma quienes están al frente de la jefatura del estado, qué catadura moral tienen y cuáles son sus opiniones.
¿Sorprende que la hermana de un rey golpista que se apoyó en un gobierno de militares -destronado finalmente- y esposa de otro rey que accedió al cargo gracias a ser heredero de un dictador que dio un golpe de estado sea más de derechas que el capitán América?… pues sí, a algunos les ha sorprendido.
Hay personas del PSOE que se creían la propaganda de Zapatero y pensaban que estos reyes eran majos, modernos y avanzados… y ahora, de sopetón, se han dado el necesario golpe con el muro de la realidad: nuestra monarquía es una institución caduca, retrógrada y de ideas apolilladas. ¡Bienvenidos sean!
¡Que hable! ¡Que hable más! Es mejor que la gente se vaya desengañando cuanto antes.
Ya sabemos que la reina - católica ella - está en contra del aborto (es de imaginar que en todos los supuestos), de la eutanasia (a morir sufriendo, coño) y de los matrimonios gays (¡pa reinona yo!). ¿Es que podías albergar otra esperanza? ¿Estábais convencidos de que era de centro? Pues ahí tenéis.
No obstante hay otras reflexiones suyas en el libro que no han merecido tanta atención mediática y que a mí me parecen particularmente graves y sintomáticas de lo que ronda por la cabeza de estos vagos que están al frente de España. Vean:
Violencia de género: “Ha ocurrido siempre. Ahora se informa más y con todo detalle. En cierto modo se provoca un contagio”
Psicóloga ella, considera que cuanto más se nos informa de las barbaries que se comenten cada día, más nos entra gana a los varones de darle una paliza a una mujer. ¡Señora por favor! Consulte a algún especialista en materia de violencia de género que le informe mejor. Con lo que nos cuesta usted al erario público debería estar más informada. Claro que, si la violencia de género ha ocurrido toda la vida… a lo mejor hay que disculparla. Viene de antiguo, y las cosas de antiguo hay que conservarlas.
Religión: “En los colegios se ha de enseñar religión, al menos hasta una cierta edad. Los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida”
Hasta el más retrogrado católico (los evangelista son punto y aparte) saben que la religión no es una doctrina científica y que no sirve para enseñar “el origen del mundo y de la vida”. Eso, señora, se aprende en biología, y ya con cierta edad, pues no se trata de adoctrinar desde la más tierna infancia - como propone la reina - sino de aprender utilizando la lógica y la razón.
Creaccionista, a lo mejor ella, confunde religión con conocimiento científico. A fin de cuentas estas declaraciones exponen, sobre todo, el grado de ignorancia de la esposa del rey.
Y mi favorita: Mis tierras : nos cuenta sobre Hasan II que “a mi marido intentaba tenderle trampas: ven. ven a Ceuta o Melilla, y yo te monto allí un recibimiento por todo lo alto. Había que decirle: Pero Hasan, ¿cómo vas a recibirme tú a mí en unas tierras que son mías?
En unas tierras que son mías. Así se expresa, sin ninguna duda, un reyezuelo árabe, un Hasan o un Mohamed, un Rey Faisal o un Abdulá. Para ellos Marruecos, Arabia, son sus tierras, suyas de propiedad. Y según parece es la misma concepción que tiene el Rey de España. Somos “sus tierras”, su propiedad. Le pertenecemos. No en vano los emires árabes y el Rey español se llaman entre ellos “hermanos”.
Esperemos que la monarquía nos siga deleitando con esas sus opiniones.
Por cierto que la Casa del Rey ha dicho que esas opiniones “fueron hechas en privado y que no son exactas”. Lo que no casa con lo dicho por Pilar Urbano, la responsable del libro, que entregó el manuscrito del mismo a la Reina y la Casa del Rey para que dieran el visto bueno antes de pasar por imprenta. Ya saben: la reina habla, pero no lee.
