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Aviso a navegantes
Editorial de Deia
La sonrojante decisión de la Audiencia Nacional de obligar a reabrir
la querella contra dos periodistas de DEIA por injurias al Rey
supone una escandalosa sumisión y un intento más de cercenar la
libertad de expresión y de crítica.
tODOS los ciudadanos
han podido comprobar a través de la prensa o la televisión
informaciones, testimonios e imágenes elocuentes sobre la situación
de la justicia en el Estado español. Jueces desbordados con causas
pendientes desde hace años, juzgados en los que los expedientes se
acumulan en grandes columnas de papel en cualquier pasillo, causas
que se quedan en el limbo judicial, retrasos que obligan a dejar en
la calle a delincuentes, funcionarios que a duras penas pueden
tramitar los documentos... No se trata de opiniones o
interpretaciones sobre una situación determinada. El pasado mes de
mayo, el Servicio de Inspección del propio Consejo General del Poder
Judicial (CGPJ) elaboró un informe en el que los datos objetivos
eran demoledores: los juzgados españoles acumulaban 269.405 asuntos
pendientes de ejecutar a finales de 2007. Ahora serán más. Un
colapso en toda regla sobre el que apenas se han tomado medidas para
paliar sus efectos. Pues bien, con este aterrador panorama, la
justicia española se ha empecinado hasta límites sonrojantes en
ocuparse de cuestiones, al parecer, más serias e
importantes: sentar en el banquillo de los acusados a dos
redactores de DEIA por el presunto delito de injurias al Rey. Ambos
periodistas se limitaron a realizar en un suplemento satírico de
este periódico, Caduca Hoy, un fotomontaje sarcástico de
Juan Carlos de Borbón a propósito de un hecho que en las fechas
de publicación (octubre de 2006) había sido muy comentado en la
prensa: la caza por parte del monarca español en Rusia de un oso al
que previamente se habría emborrachado para hacerle presa más fácil.
Ante la sumisa denuncia presentada por el fiscal de la Audiencia
Nacional Javier Zaragoza, el juez Fernando Grande-Marlaska,
tras su investigación, dictó, con buen criterio, un auto en el que
decretaba el sobreseimiento libre y el archivo de la querella. Sin
embargo, la sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha decidido
ordenar al juez que reabra el caso, lo que supone, de facto, que
habrá juicio oral contra los trabajadores de este diario. Poco
sorprende ya de las decisiones y los entresijos de la justicia
española. Pero es sencillamente escandaloso que un caso como éste
pueda tener lugar en un país con problemas acuciantes. Que la
Audiencia Nacional se ponga al servicio de la Monarquía para
defenderla de supuestos ataques en los que nadie cree e intentar
salvaguardar su "dignidad y honor" por unas expresiones "vejatorias
y humillantes" publicadas en un suplemento de humor de un periódico
vasco dice mucho del estado de la justicia y de la calidad de la
democracia en el Estado español. Este último intento de acallar las
críticas sólo puede tener un objetivo: dar un aviso a navegantes, no
vaya a ser que cunda la idea de que la libertad de expresión, además
de un derecho formal, es para ejercerla. ¡Hasta ahí podíamos llegar!
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