Republicantes
J. M. Delgado
Los movimientos sociales emergentes en España, esto es, el movimiento
antiglobalización, el ecologismo político que ha exigido responsabilidades por
el desastre del Prestige y mantiene su lucha contra el llamado Plan
Hidrológico Nacional, o el movimiento contra la guerra en Irak, cuestionadores
de la democracia representativa realmente existente, demandantes de mas
democracia, de otra democracia, están mereciendo la atención de los científicos
sociales, de la Universidad: rebautizados desde estos medios académicos de
"nuevos republicanos", celebrados como
"republicanismo cívico", la interrogación acerca de las
posibilidades de su eventual deriva hacia el republicanismo político está pues
servida.
En lo que respecta al movimiento antiglobalización el rechazo del capitalismo
al menos en su forma más agresiva, el ultraliberalismo, los eslóganes y
demandas que se les opone y que gozan de amplio consenso cuales ¡No somos
mercancía! ¡El planeta no está en venta! o la exigencia del repudio de la
deuda externa de los países del Sur, la denuncia concreta del
guión neoliberal de la política económica que supone el Consenso de
Washington que informa y se aplica en todos lo planos y ámbitos de poder del
orden capitalista, desde la política de estabilidad del Tratado de Maastritch
hasta la deslocalización de empresas, externalizaciones,
"adelgazamiento" de plantillas, despidos de conveniencia bursátil
exigidos por las práctica especulativas del action value, reducción de la
protección por desempleo hasta niveles de ignominiosa burla, privatizaciones de
servicios públicos, desmantelamiento del sector público de la economía, son
objetivos de la lucha del movimiento de movimientos que cuestionan el
capitalismo hasta su raíz misma, precisamente en las consecuencias de reificación
o cosificación de todo lo vivo, el fetichismo que desapropia al hombre del
producto de su trabajo y ya en forma de trabajo muerto o capital lo lanza contra
la humanidad toda, al cabo mercancía biológica, negación de sí misma.
Contra estas practicas del sistema capitalista realmente actuante, las denuncias
y alternativas resultan bastantes menos inocuas de lo que a primera vista
pudiera parecer y sin bien no son explícitamente anticapitalistas sin duda
embragan el ámbito de lo social y el plano político de manera tan armónica y
lograda como conocida en España desde los tiempos finales del franquismo y la
transición, cuándo el sindicalismo no existía y en su lugar el Movimiento
Obrero constituía la genuina izquierda
social, el Movimiento Socio-político, como durante años se autodenominó
Comisiones Obreras.
Que en la "normalización democrática" tras el franquismo, el
Movimiento Obrero se disolviera para constituir los sindicatos y que tenga que
reconstituirse hoy bajo la forma de esa izquierda social otra no ya solo obrera
aunque sí colmada de víctimas de la exclusión social, de desempleados y
trabajadores en precario, ex-estudiantes y universitarios sin futuro (que
no otras personas constituyen el movimiento antiglobalización) da cuenta, entre
otras circunstancias, de la inexistencia de democracia que tal nombre merezca,
anulada, subsumida, semidisuelta por esta otra dictadura que de
manera muy precisa el movimiento llama "dictadura de los mercados" y,
subsidiariamente, en la misma medida en que se aplican a ejecutar el programa
neoliberal, la derecha y la izquierda mayoritaria, arrebatando de consuno la
soberanía al pueblo, puede hablarse igualmente de dictadura de los partidos o
partitocracia.
Cada vez va quedando menos duda de que el llamado "bipartidismo
imperfecto" resulta, en lo que al neoliberalismo se refiere, bastante mas
perfecto de lo que a primera vista se percibe pues hasta puede permitirse el
lujo de
mantener un tertium quid o adversario "bonsai" como testimonio e ilusión
óptica de su legitimidad, a nuestro juicio el único papel que el sistema le
reserva al PCE-IU.
Mas volviendo al movimiento llamado antiglobalización, cabe decir que al menos
su corriente central, la que prefiere ser nombrada, mejor, alterglobalización,
de vocación mas "cosmopolítica" que propiamente internacionalista, y
que tiene como sujeto de la lucha contra la globalización neoliberal, no tanto
a los "pueblos" o a las clases subalternas cómo a los
"ciudadanos" del orbe entero, a las "multitudes" de Hard y
Negri o al "grito del Hacer" del neozapatismo de Holloway,
calificarlos de republicanos conviene de manera precisa en lo que al plano
mundial de su actuación se refiere: así sus demandas de imposición de tasas a
los movimientos especulativos de capitales, de tasas ecológicas o de una
especie de IVA mundial sobre el comercio, remite mediatamente a la creación de
nueva planta de unas, y reformas de otras, instituciones o agencias de las NNUU
(incluyendo en primera instancias al FMI y al Banco Mundial, aunque
no a la OMC, cuya disolución es exigida explicitamente) y a la ONU misma, con
competencias mayores, transparencia y democraticidad para todas sus
instituciones y agencias, - exigiendo igualmente la eliminación del derecho
de veto en el Consejo de Seguridad - hasta prefigurarla como embrión de una
verdadera República Mundial.
Sucede pues que entre los activistas del reino de España que exigen democracia
participativa localmente, además de transversalmente al interior de las
empresas, escuelas y universidades, aquellos a los que el grito ¡Otro mundo es
posible!, que al descender al ámbito estatal (y autonómico, o estrictamente
local o municipal) claman por otra democracia posible, por
democracia directa al cabo, el republicanismo político que se plantea la III
República Española como la única alternativa a la crisis de la democracia en
España, aquí y ahora, difícilmente podrá interesar mientras que la esperanza
al menos de reformas políticas y constitucionales concretas - siempre en el
sentido de arrebatar poder político a la partitocracia, de posibilitar la
iniciativa legislativa popular, los referendos para actos cívicos diversos -
pueda razonablemente mantenerse. Es cierto que nada en el comportamiento de la
clase política indica la menor sensibilidad ante las demandas de democracia
directa pero también lo es que el grito de los que la exigen aún no ha llegado
a ser suficientemente audible.
La conversión de esta izquierda social, cosmopolítica e internacionalista,
republicana en ese ámbito, en izquierda política y local no aparece por ahora
garantizada. Acostumbrada a una militancia social vivida a distancia de la política,
concibiendo esta en exclusiva como actividad institucional, su irrupción en la
acción política se ha producido a través de la lucha
contra la guerra de Iraq y el Prestige, por lo tanto su eventual interés por la
República o será un proceso natural que las circunstancias le impongan o no
será y con ello la vuelta al universo concreto, peculiar y automarginado
de la política que le resulta familiar.
Los activistas republicanos deberían, pues, considerar que mientras la
alternativa republicana aparezca forzada, como idea-fuerza con los contenidos
democráticos confusos y por definir, difícilmente conseguirán interesar al
republicanismo cívico.
Por lo demás, legitimidad, mitomanía y oportunismo (algunos de los que hoy,
desde los aledaños del nacionalismo periférico se reclaman republicanos bien
que se conformarían con un cambio de los borbones por los Austrias) se
entremezclan en proporciones diversas en no pocos conversos al republicanismo.
Si embargo la República puede ponerse en la agenda en España en virtud de
circunstancias tan variadas como complejas y entre las que no cabe excluir
cierta radicalización ciudadana mas o menos espontánea en esa dirección,
cansada de votar mas de lo mismo, a lo menos malo, cansada de huir hacia
adelante, como consecuencia acaso del hundimiento del sistema de partidos que
soportamos, en todo caso se trata de circunstancias de las que no podemos
ocuparnos aquí, para entonces se trataría de ubicarse en esa otra atmósfera,
todos, no sólo el movimiento de movimientos.
Quizás en ese contexto los republicantes devengan republicanos estricto sensu
aunque siempre estarán mas cerca de Rousseau que de Azaña.
J. M. Delgado. ( febrero 2004).