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Soldadito ¿español?
Rafael Torres
Diarios del SigloXXI
4 de
Febrero de 2010
Para morir en guerras ajenas y remotas, son españoles,
pero si a los seis años de permanencia en nuestro
Ejército no han logrado obtener la nacionalidad
española, se les expulsa de él. Podría decirse que son
soldados "sin papeles". Morir, se les deja; vivir, no
tanto. La idea de que el contingente de extranjeros en
nuestras Fuerzas Armadas, en torno al 7% de los
efectivos, interpreta el trágico papel de carne de
cañón, se confirma al comparar ese guarismo con el de
los que son víctimas de los combates: el 43%. En efecto;
los soldados salvadoreños, peruanos, colombianos u
hondureños que visten el uniforme del Ejército español
por esos mundos de violencia desatada, lo visten, sobre
todo, en las misiones más peligrosas y en los puestos
más arriesgados. Su escasa formación militar, apenas
cuatro meses en muchos casos, y su extrema juventud,
hacen el resto.
En el vehículo blindado en que encontró la muerte
John Felipe Romero, viajaban con él otros dos chicos
colombianos, que resultaron heridos, y en el más letal
ataque a nuestras tropas, ocurrido en Líbano hace poco
más de dos años, tres de las seis víctimas mortales que
hubo eran también, por cierto, colombianas. Más ganas de
morir que los españoles de cuna no tienen, ciertamente,
esos muchachos, pero van donde se les manda, que en una
guerra nunca puede ser un buen sitio, y no conocen ni
practican el arte de la acomodación y el escaqueo. Sus
destinos, como inmigrantes antes que como soldados, ya
pendían de un hilo, pero en éste oficio que tienen ahora
el hilo es más frágil y, cuando se rompe, ellos se
rompen para siempre. ¿Sería mucho pedir a la ministra
Chacón que se les equiparara en todo con los españoles,
incluida la concesión, tras algún tiempo en filas, de la
nacionalidad española? Y a Zapatero, ¿sería mucho
pedirle, distrayéndole de sus preocupaciones, que
considerara la conveniencia de no seguir enviando
jóvenes, ni españoles ni extranjeros, a morir a
Afganistán? |