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Reforma laboral? ¡No! ¡Reforma empresarial! (Si
la tuviera)
Samuel
Zapico.
Asturias
Semanal
27 de enero de
2010
Estamos
ante una nueva ofensiva en la ya larga guerra
del capitalismo hispano contra los derechos de los
trabajadores. Otra vez, ese poderoso cuerpo de ejército
que forman los que laboran poco y cobran mucho, y no me
estoy refiriendo ahora a los controladores aéreos, sino
a esa caterva de economistas de la estadística falsa y
la triquiñuela contable, a esos catedráticos de la
ociosidad, la pereza y el fracaso, y al orfeón mediático
que siempre está al servicio del rico y el poderoso;
todos ellos juntos, con Mafo de jefe del Estado Mayor
Conjunto, se han lanzado al asalto de las últimas y
débiles trincheras que protegen los restos de los
derechos laborales conquistados en luchas seculares y
sangrientas.
¡Y menos mal que el gobierno lo preside José Luis
Rodríguez Zapatero y no Rajoy, Aznar o el mismo Felipe
González! Porque, entonces, nos lo meterían con todo lo
gordo p’alante.
Los responsables de la enorme crisis que padece el mundo
son los capitalistas, los empresarios, movidos,
como siempre, por una codicia sin límites y, también
como siempre, por una absoluta falta de escrúpulos. Así
es, fue y será el capitalismo. Pero para pasar de lo
abstracto a lo concreto, en España podríamos empezar a
poner nombre a los culpables de la crisis, sin olvidar,
cierto es, la responsabilidad del gobierno de Rodríguez
Zapatero por “dejar hacer y dejar pasar” lo que ya era
inadmisible desde hacía años. Todos al Reformatorio,
hasta que se rehabiliten (¿).
Los responsables de que más de cuatro millones de
trabajadores estén en el paro son los dueños y los que
mandaban en bancos y empresas, los que en el siglo XXI
se forraron como nunca antes habían podido soñar, con la
colaboración necesaria de ayuntamientos, consejerías,
ministerios e inspecciones varias. A esos es a los que
tendrían que intentar reformar.
Ahí tienen a los de la Caja La Mancha, o al de Air Comet.
No veo ni que se les meta en la cárcel ni que se les
procese. Y como ellos, todos los demás: siguen con sus
chalés, sus yates, sus cochazos y su lujoso tren de
vida. No pasa nada ni les pasa nada: es al trabajador
que está en paro porque ellos le echaron a la calle al
que le quitan la casa, el coche y le cortan la luz y el
teléfono porque se le acabó el subsidio y no tiene
dinero ni para comer.
La reforma real que proponen la caterva y el orfeón es
que los trabajadores, no ellos, claro, vuelvan al siglo
diecinueve: hoy te contrato, mañana te mando
para casa y el viernes por la tarde te llamo para que
vengas el sábado. Su reforma consiste, ni más ni menos,
en acabar con los convenios colectivos y pagarle a cada
obrero un salario diferente, descontarle las vacaciones
y obligarle a hacer horas gratis. Y si quiere médicos y
jubilación, que se los pague él. Siglo XIX. Y da igual
que el envoltorio lo hagan con habilidosas medias
verdades, con astutos argumentos y verborrea de
timadores, lo que hay dentro es siempre lo mismo: la
vuelta al siglo XIX.
Soy de los que piensa que el empresariado español no
tiene reforma, ni por arriba ni por abajo. Si
la tuviera, habría que empezar persiguiendo el fraude
fiscal y a la seguridad social, las cajas “b” y todo lo
demás. Resulta bochornoso que en 2009 el 75% de los
empresarios declare a Hacienda unas ganancias mensuales
inferiores a mil euros. Y para combatir eficazmente el
paro, se podría empezar por suprimir las horas extras, y
sí incluyo a los controladores aéreos, y el pluriempleo.
¡Y reducir la jornada laboral! No tanto como la
de los economistas, catedráticos y el orfeón mediático,
pero sí hasta dejarla en las 30 horas semanales.
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