Rafael Torres
OTR Press 30 de Enero de 2010
Hay ocurrencias que parecen
razonables desde un punto de
vista económico, pero que
dejan de parecerlo, incluso
desde ese punto de vista,
cuando, examinándolas, se
advierte en ellas la
reducción del ser humano a
número, a ente
exclusivamente productivo o
a mercancía. Es el caso de
la que ha tenido el
gobierno, y con la
pretensión de elevarla a
rango de ley, en relación a
la edad de jubilarse: quiere
que los trabajadores dejen
hasta el último aliento y
echen hasta el último bofe
en la oficina, en el taller,
en el andamio o en la cadena
de montaje para que la Caja
de la Seguridad Social se
ahorre parte de la miseria
que hasta hoy devolvía a los
jubilados en concepto de
pensión vitalicia. Hasta los
67 años, edad en que por
mucha "esperanza de vida"
que haya está uno para pocos
dibujos, quiere éste
gobierno que la gente
madrugue, aguante al jefe,
cubra jornadas interminables
y viaje en transportes
atestados, y todo para
enmendar no una inevitable
deriva de la Seguridad
Social hacia los números
rojos, sino una que se puede
evitar perfectamente si,
partiendo del reconocimiento
del derecho a descansar
luego de una vida de intenso
trabajo, se idea alguna otra
fórmula, equitativa y
amable, que asegure en el
tiempo las pensiones. Claro
que una idea es siempre, y
más en un asunto tan
sensible como éste, lo
contrario de una ocurrencia.
Que los trabajadores pactaron una edad de
jubilación, los 65 años, que
no puede ser modificada
unilateralmente sin su
anuencia, o que en el país
del paro, cuantos más
ancianos trabajen, menos
jóvenes podrán trabajar, son
obviedades que el gobierno,
rehén de su compulsión
recaudatoria, no contempla,
y ese no contemplar nada que
no sea el balance de la
Caja, le lleva a despreciar
fórmulas tan sensatas como
la que permitiría que los
trabajadores pudieran seguir
después de los 65,
dependiendo de la salud, el
vigor, la voluntad, el apego
al oficio y la ilusión de
cada uno, hasta cuando
quisieran, o plantarse. Me
temo que con ésta ocurrencia
de los 67, al PSOE se le ha
acabado de caer la "O".
