El carácter español está sometido al
sistema binario, que en matemáticas e
informática se representa utilizando
únicamente el cero y el uno. El carácter
español también se desarrolla
internamente como las computadoras con
sólo dos niveles de voltaje: el uno para
el encendido y el cero para el apagado.
Este sistema lo aplican los españoles a
la economía, a la política y a la moral.
Ésta es la patria genuina del sí y el
no, del bien y el mal, del sol y la
sombra, del amigo y el enemigo, del
cielo y el infierno, un espacio mental
sin fisuras. La ciencia y la cultura
europeas se han construido sobre la duda
metódica, pero en este rabo de Europa
sin desollar que es la península
ibérica, la duda se interpreta como una
falta de coraje. Entre Caín y Abel aquí
no se interpone nadie con un poco de
flema que los desarme. Algunas tertulias
políticas parecen hoy un concurso para
ver qué analista es más de derechas,
incluso más facha, en una proporción
directa entre sus flamantes corbatas y
su cerebro obsoleto, lleno todavía de un
viejo odio consolidado. Los mismos que
ayer ensalzaron a un político o a un
juez hasta convertirlos en héroes,
mañana los destruirán por el simple
placer de sacarle el serrín de las
tripas, como hacen los niños con los
muñecos. Ahora se trata de saber quién
da más leña al presidente del gobierno,
quién ahonda con más saña en la
desgracia social del paro, quién atiza
la frase más audaz, más hiriente, que
conduzca a la idea de que este país está
en plena ruina, pero estos líderes de
opinión y analistas económicos, cuando
huelan que ha cambiado el aire, pondrán
la fase en el encendido y nos darán la
misma tabarra con un optimismo
exacerbado. Sobre este país cae ahora la
densa niebla de la crisis económica.
Todos los analistas opinan, gesticulan,
gritan cada uno en dirección contraria,
pero parece que ninguno sabe nada ni
hace nada para salir de ella, aunque en
los restaurantes de lujo estos señores
con los carrillos morados hablan de la
crisis saludándose con una cigala en la
mano después de poner el voltaje a cero
para el apagado. De momento cae la
niebla sobre el gobierno, la oposición,
la economía y el poder judicial. Es la
que entumece los huesos y con la que se
enmascara el fantasma del fascismo que
viene.