El profesorado inicia una campaña para adelantar
las jubilaciones a los 60 años. Es justo:
renueva plantillas, evita el agravio
comparativo, impide cerrar el acceso cinco años
a los interinos y reconoce la responsabilidad
social y el desgaste en la profesión.
Y en esto llegó el gobierno. El mismo que hace
un año quitaba importancia a la crisis, después
quería reducir las cuotas sociales a los
empresarios y días atrás anunciaba la
recuperación. El que ha autorizado
prejubilaciones con cincuenta y pocos años en
RTVE, la banca y grandes empresas para ajustar
plantilla y aumentar beneficios. Ahora dice que
hay riesgo financiero para el sistema y quiere
elevar la edad de jubilación a los 67 años a los
albañiles, a los trabajadores a turno, de
cadena, a los maestros. Mientras, a González
(BBVA) le queda una pensión de 80 millones de
euros.
Con el nivel de desarrollo tecnológico se puede
y se debe trabajar menos para trabajar todos.
No hay que retrasar la salida sino adelantar la
edad de entrada al trabajo de los jóvenes, una
vez formados, para reducir su tasa de paro que
es del 40% Es más lógico que trabaje una persona
de 25 años que una de 66 ¿O buscan acortar el
período de disfrute de la pensión? Ya lo dice El
Roto: “para garantizar el futuro de las
pensiones, hay que hacerlas coincidir con la
fecha de fallecimiento”. Tratan de reducir
los derechos y cuantías de las pensiones y de
meter miedo para engordar el negocio de los
planes y fondos privados.
La propuesta gubernamental es un disparate: las
cuentas están saneadas (62.000 millones de euros
de superávit y siempre queda la financiación vía
fiscal), en España las pensiones son un 65% de
las europeas y nos jubilamos más tarde (63,8
años). También un suicidio político para el
PSOE: hace el trabajo sucio, obliga a los
sindicatos a convocar movilizaciones y perderá
las elecciones.
Aparte de la crisis, la difícil situación
económica se debe al modelo productivo de
ladrillo y turismo y a la rigidez que nos impone
el euro, responsable último de un déficit y una
deuda exterior de las mayores del mundo. Las
soluciones no pasan por recortar derechos
sociales, sino por cambiar el modelo y
replantearse los dogmas.