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Democracia real y exaltación fascista son incompatibles
J. M.
Álvarez
UCR
5 de
Enero de 2010
Sobre los actos de conmemoración de la toma de
Granada
Este año que
acaba de estrenarse, se repitió la parafernalia que
conmemora la conquista de Granada. En esta ocasión
representó al elenco militar, don Francisco Puentes,
Teniente General del Mando de Adiestramiento y Doctrina
(MADOC) órgano que, entre otras cosas, recluta e
instruye a quienes ingresan en esa especie de oenegé
inofensiva, llamada Ejército español.
Ante la
avalancha de silbidos y abucheos, desencadenados por una
parte de los presentes que portaban una pancarta con el
lema “No al racismo, a la Toma, al fascismo", el general
Puentes, con su pecho cargado de medallas, que él sabrá
dónde y cómo las ganó, se acercó a los discrepantes y
les espetó la siguiente frase (aireada y alabada hasta
el infinito por los medios oficiales): “Soy un general
de un Ejército democrático. Yo entré en Sarajevo para
dar agua y luz a los musulmanes".
Enternecedora
declaración la suya. O existe gente que acaba creyéndose
el cuento de la democracia española debido al constante
machaqueo con esa historieta, o el fariseísmo campa por
sus respetos, pues resulta harto difícil entender que en
un Estado democrático coexistan presos políticos con
vejaciones humillantes contra sus familiares, algún que
otro desaparecido y torturas sistemáticas denunciadas
por la ONU.
El general
Puentes, que realizó una exhibición ególatra de sí
mismo, no dijo que Madrid participó en una guerra
generada por Alemania, donde Estados Unidos llevó la voz
cantante (en claro aviso a Berlín), una contienda
inventada, criminal y espuria que respondía únicamente a
los contradictorios intereses estratégicos que las
potencias imperialistas tienen en la zona. Las masacres
(¿las recuerda usted, señor Solana?) cometidas en los
Balcanes por las “democracias occidentales” también
fueron omitidas.
Si bien en
Granada se rememora un hecho histórico, a nadie se le
escapa que éste se utiliza para enaltecer al Ejército de
la burguesía, añejas glorias imperiales y satisfacer los
sentimientos más reaccionarios del régimen heredado de
Franco. La patochada del 2 de enero tiene connotaciones
fascistas, por esa razón los nazis de Democracia
Nacional y España 2000 gritaron vivas al fenecido
Caudillo. Sin embargo nuestro general no se acercó a
ellos para recriminarles; al parecer la impronta del
Generalísimo, es determinante. Con razón la madre de
Carlos Palomino, asesinado por un miembro del “Ejército
democrático” dice que la celebración de la toma de
Granada promueve la violencia neonazi.
Democracia
real y exaltación fascista son incompatibles ¿lo sabía
este señor que presume de demócrata?
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