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Un
conseller del tripartito que
abomina del tripartito
Salvador López Arnal
UCR
12 de
Febrero de 2010
Algunas voces críticas han afirmado con insistencia, y
no sin documentación, que es el peor conseller de todos
los gobiernos de la Generalitat restaurada. Otras voces
más comedidas afirman que sí, que de acuerdo, que desde
cualquier atalaya de izquierdas, por moderada y prudente
que esta pueda ser, es el peor conseller pero sólo de la
conselleria de Educación.
Se les
recuerda a los últimos críticos los consellers de CiU,
especialmente los de Unió Democrática, el partido
dirigido por ese político de derecha extrema llamado
Duran i Lleida. No importa responden, a estas alturas de
la película no vale dejarse llevar por las siglas y las
apariencias. El balance es devastador, desolador
sostienen: concepción neoliberal de la educación;
desprecio a los sindicatos de enseñantes por moderados
que estos hayan sido en sus vindicaciones; tres grandes
huelgas contra su política con el silencio y la
inmovilidad como respuestas; continuidad -y superación
incluso- en las generosas subvenciones a la escuela
privada concertada, Opus Dei no excluido ni tampoco las
escuelas que segregan alumnos; pacto con la derecha
catalanista en la Ley de educación catalana, arrojando a
la cuneta, sin temblor en las manos, a sus propios
socios de gobierno; eliminación (o en proceso de
hacerlo) del bachillerato nocturno en Catalunya;
estancamiento en el porcentaje del presupuesto dedicado
a Educación (uno de los más bajos de España tras la
comunidad de Madrid de la señora Aguirre a quien, desde
luego, se critica abiertamente por privatizadora); apoyo
de palabra al software libre y acuerdos de hecho con
grandes multinacionales del software privativo. Y así
siguiendo, sin tregua, sin descanso, sin ningún gesto de
izquierda.
Los críticos añaden una arista más, muy reciente.
Aprovechando que el Ter pasa por A Coruña, que el
conseller de Medio Ambiente de ICV tiene algunas
dificultades políticas y alguna encuesta electoral
preparada para la ocasión, el señor conseller declaró el
miércoles 10 [1] de febrero que el país, Catalunya o la
sociedad catalana (no puedo precisar, pero no es
imposible que el término elegido haya sido “Catalunya”)
no está para renovar experimentos tripartitos, “un
artefacto como ese” creo que ha sido la expresión
elegida. Ya está bien, a otra cosa ha apuntado, el señor
conseller La sociedad catalana no está por esa labor, no
está por apoyar otra vez un gobierno inestable (sic) o
vivido de forma inestable (sic).
Recordemos: el conseller no forma parte de un gobierno
en funciones. No está abierta la campaña electoral. Las
elecciones catalanas se celebrarán el próximo otoño. El
conseller está atacando directamente la arista de
izquierdas de un gobierno del que forma parte. ¿Y a
santo de qué vienen estas reflexiones? Las hipótesis
forman una serie interminable: el conseller puede estar
haciendo un trabajo encargado directa o indirectamente
por el president, que desde luego se desmarcará dos
centímetros y medio si la situación lo requiere; el
conseller está abonando desde ya por un gobierno de gran
coalición (PSC-CiU o PSC-ERC-CiU) que garantice su
presencia en lugar prominente; el conseller habla
pensando en su futuro político, un futuro que reside en
otras siglas no alejadas dado que no es probable, dado
su inmenso desgaste político, que repita en las siglas
del PSC o que tenga garantizado algún cargo
institucional de importancia. El conseller habla para el
sector del partido que representa, el más
socioconvergente. El conseller aspira a que los votos de
izquierda, todos los votos de izquierda, se concentren
en las siglas que representa transmitiendo la sensación,
vana desde luego, de que su partido puede gobernar en
solitario pero con el objetivo de que a su izquierda no
crezca la hierba y pueda negociar con más fuerza con CiU.
Tanto da. No es necesario analizar con detalle sus
intenciones, sus finalidades ni sus cálculos políticos.
¿A quién le importa en la izquierda las sesudas
reflexiones políticas del señor conseller?
La
cuestión es otra. ¿No debería el president de la
Generalitat llamar la atención, digámoslo con suavidad,
a un conseller de su gobierno por unas declaraciones de
este calado político? ¿Vale todo en política, también la
deshonestidad más zafia y abyecta? ¿ICV-EUiA no debería
decir (o gritar) esta boca es mía y no suya ante tamaña
provocación? ¿No debería exigir la ciudadanía de
izquierdas alguna explicación ante este nuevo insulto a
su inteligencia y rebeldía? ¿Merece un político así
seguir cinco nanosegundos más en un gobierno que se dice
de izquierdas?
El
tema de fondo: ¿hicimos bien los ciudadanos de izquierda
al posibilitar un gobierno que tuviera en su seno
políticos de esa catadura poliéticas?
Me
olvidaba: el conseller, innecesario es decirlo, es
Ernest Maragall, nieto de un gran poeta. ¡Qué cosas
tiene la genética!
PS:
Ignoro si esta página tiene muchos lectores socialistas
que no han claudicado. Si fuera así, si tal conjunto no
fuera vacío, que no lo es probablemente, me permito una
sugerencia: ¿por qué no intentar que el tiro le salga
por la culata al señor conseller? ¿Cabe algún voto de
izquierdas a una dirección política con esa perspectiva?
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Notas:
[1] Si
no ando errado,
las declaraciones se han producido durante o tras una
conferencia. Se ha señalado que el president de la
Generalitat conocía el texto de la intervención del
conseller. Desconozco si también conocía el contenido de
las palabras comentadas. |