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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

Cambalache

Ángel Escarpa Sanz

UCR 3 de Enero de 2010

 

      Un poco más de estiércol para que siga creciendo, fresca y lozana, la rosa de Ferraz.

 

     Qué bien se está en casa viendo llover mansamente al otro lado de los cristales; viendo como las ciudades, los campos, los paisajes de nuestra infancia y de nuestra adolescencia, la tumba de los seres amados, el general de bronce y su caballo que presiden la plaza, que ganaran “gloria” al frente de sus soldados en remotas batallas, se visten de blanco. Seguro que si a muchas personas les preguntáramos qué regalo desearían para estas Navidades, alguna, necesariamente, respondería que unas Navidades nevadas.

       Pero no es de antiguas agujas de catedrales europeas emergiendo de las ciudades sepultadas por la nieve o por las brumas del invierno, de antiguas y fantasmales naves, abandonadas y atrapadas en desolados paisajes polares, ni de las ciclópeas cumbres nevadas de los Pirineos, ni siquiera de los valles que bien saben de la destreza de la Casa Real en el arte de esquiar, de lo que hoy quiero hablaros, si no de la forma en que el Gobierno ha liquidado, “resuelto”, como queráis llamarlo, el asunto de esa mujer que, demacrada, exangüe, pero con una sonrisa en los labios y haciendo la V de la victoria, desde su dignidad de activista de los Derechos Humanos, que bien pudo conducirla hasta las puertas de la muerte, ha sabido darnos a todos una lección que difícilmente olvidaremos. 

        Si hoy he de confesar mi estupor es al descubrir, prácticamente al día siguiente del regreso de Aminetu Haidar al Sáhara, la inmoralidad, la falta de ética política del partido del Gobierno: sin una sola dimisión, sin una sola baja en sus filas quizás.

        Uno, en su rodar, ha tenido que afrontar en la vida diversas pruebas, de las cuales bien quisiera decir hoy que salió airoso, pero no es lo mismo hablar de un trabajador que tiene que sacar adelante a su prole, en un mundo tan hostil y competitivo como el que hemos heredado, que hacerlo de la clase política, de la que se le supone accedieron a las universidades, a los Colegios Mayores y a estudios que a otros nos fueron negados, que leyeron alguna vez en su vida a Platón, a Tomas Moro, a Benedetti, a Saramago. ¿Acaso no leyó usted nunca, o vio en el cine, El disputado voto del señor Cayo, de Miguel Delibes, señor Moratinos?

        No mencionaré aquí el maquiavélico Príncipe, que jamás lo leí, como no es necesario tampoco haberse leído las obras completas de nuestro respetado y querido J. L. López Aranguren para entender que la moral, la política y la ética, cuando no van unidas, mejor dedicarse a asesorar a un banco o a cualquier otra actividad donde sus habilidades no pongan en tela de juicio las virtudes de un pueblo que sabe mucho de cohechos, de estraperlos y de políticos corruptos.

        Si algo debe dejar tranquila conciencia de un político cuando éste se libera de tan “pesada” responsabilidad y por fin se retira para escribir sus memorias, es poder afirmar, sin remordimiento de conciencia, que hizo lo mejor por su país, que nada tiene que ocultar ni callar en aquellas.

        Yo estoy convencido de que, para los señores que tuvieron que tomar las decisiones en esos momentos para devolver a la Sra. Haidar al Sáhara Occidental, bajo las pretensiones del Gobierno de Marruecos, bajo la presión de las circunstancias y para que esta mujer no se les muriera en casa: admitir la soberanía de Rabat sobre aquellas tierras, no fue empresa nada cómoda.

         Lo que ocurre es que, en este caso, ni el PSOE ni la Corona pueden alegar inocencia alguna.

        No se puede andar por ahí, jurando alegremente que se defenderá la integridad del territorio patrio hasta el último español; afirmar, con el puño bien alto y en las tierras del Sáhara, antes de tomar el poder y para ganarse las simpatías de aquella población y hacerse una foto para el currículo político, que aquellas doscientas mil personas tendrán siempre el apoyo y el reconocimiento de tal o cual partido, para luego, cuando los magros cuerpos descansan en los cálidos despachos del poder, abandonarlos a su suerte, venderlos miserablemente al primero que pasa por allí y da una patada en la puerta, como si de un inmueble abandonado se tratase. El Gobierno del PSOE no tiene menos responsabilidad en todo esto que el del “camarada” Arias Navarro. Pero, además, tienen doble responsabilidad: como socialistas y como gobierno elegido por el pueblo, que, a fin de cuentas, nadie eligió a los que encarnaban aquello del “espíritu del 12 de febrero” de marras.

        Cuán poca poesía trasciende de todo lo acontecido en estos días, si no fue la actitud de Aminetu Haidar y el respaldo, una vez más, de los pueblos, y cómo nos recuerda todo esto a aquella España que salió, malherida, de Cuba, de Filipinas, de Puerto Rico y del resto de las colonias, a finales del XIX, de la cual dan cuenta los ilustres Unamuno, Valle Inclán, Machado, Ortega, Azaña y toda la Generación del 98. (leamos La España del siglo XIX y La España del siglo XX, de Tuñón de Lara) Cómo nos remite toda esta decadencia, barnizada con una capa de libertad, al derrumbe moral y político de aquella España que no era capaz de encontrarse la herida, por muchas medallas que conquisten nuestros deportistas en las canchas, por mucho Julio Iglesias y mucho Raphael que triunfe más allá de nuestra fronteras, por más que el Sr. Obama nos reciba en la casa Blanca, foto que nos remite, una y otra vez, a la llegada a España del Presidente Eisenhower, ahora hace 50 años. Estoy seguro de que no estoy siendo del todo justo pero, ¿no os trae a la memoria todo esto aquella deliciosa película de Bardem, Bienvenido, mister Marshall?    

        Por mucho que les inviten a ustedes a las cumbres de los G20, a Génova, a Río, a Copenhague; pueden hacerse ustedes todas fotos que quieran: en las Azores o en el País de las Maravillas, que lo que no podrán evitar es que, como aquella ilustre generación que vivió la voladura del Maine, que no pudo sacudirse de encima las cenizas de aquel derrumbe hasta 1931, esta generación y la anterior están “tocadas” moralmente, más allá de la realidad que se nos quiere mostrar en la TV.

        Porque la Operación Haidar, del mismo modo que la liquidación de la Dictadura, tan poco airosas ambas y tan poco pedagógicas, no logró colgar ni un solo crespón negro en las universidades, en señal de duelo por tanta infamia acumulada contra la dignidad de este pueblo, por la decencia extinguida.

        La única salida airosa de este vertedero, a toda esta situación, es una renovación de los valores. Abandonar toda forma de colaboración con el Imperio que nos está llevando a la ruina y desolación del planeta Tierra.

        Una república de trabajadores de toda clase está siendo reivindicada en la calle. No se tapen ustedes las orejas. En ustedes está enrocarse con el PP en el poder para salvar una monarquía corrupta o apostar por un régimen auténticamente democrático que renueve los aires de la casa. Es preciso, por todos los medios a nuestro alcance, cerrar la puerta a los depredadores, tal como hicieran nuestros padres y nuestros abuelos con el fascismo en 1936. Está en juego, no sólo el prestigio de un partido que se dice de izquierdas, si no la imagen y el porvenir de este País. Porque, de morir de bala en éstas tierras, hemos pasado a morir de tedio y de asco. Este país padece de una crisis que, más allá de lo meramente económico, más allá de lo que afirme la COPE, empezó en 1939, con el hundimiento de la II República, y no se superará hasta que no se restablezca un régimen de autentica democracia: la que liquidaron los mismos que nos impusieron al actual rey.

 

Por la dignidad y la decencia nacional… ¡REPÚBLICA YA!

 

Ángel Escarpa Sanz  Islas Canarias Diciembre 2009

 

 

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