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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


 

El abuelo que no se merecía tal nieto

Arturo del Villar

UCR 19 de Enero de 2010

 

   Las mayores traiciones que puede cometer un ser humano son a sus ideales y a su familia. El señor Rodríguez, presidente del Gobierno del reino de España, probablemente no ha traicionado a sus ideales, si consisten en mandar a costa de lo que sea menester, como demuestra cada día, pero a su familia sí.

   Es asombroso que ponga a su abuelo como modelo de patriota ejemplar, y con sus actos deshaga todo lo que él amaba. El abuelo combatió por la defensa de sus ideales, dispuesto a dar su vida por ellos, mientras que el nieto se dedica a exterminarlos de la vida pública española. Era republicano, mientras que el nieto preside el Gobierno de su majestad católica. Era marxista, mientras que el nieto defiende el capitalismo, apuntalando bancos y empresas con el dinero público. Era laicista, mientras que el nieto mantiene unos acuerdos privilegiados con la Iglesia catolicorromana, a pesar de la condena del Parlamento Europeo, y no se pierde fiesta religiosa, y cuando no puede ir él envía a sus ministros.

   El abuelo es seguro que detestaba a los Estados Unidos, por su ayuda a los militares sublevados contra los que él luchaba. Por ejemplo, la Texas Co. vendía a crédito petróleo a los rebeldes, en tanto se lo negaba al Gobierno constitucional, y la Ford Motor Co. les entregaba los camiones, también a crédito, que no quiso facilitar al Ejército leal. Los templos catolicorromanos de los Estados Unidos recogieron una cantidad indeterminada de millones de dólares, para colaborar con los sublevados. El presidente Roosevelt enviaba en noviembre de 1942 una carta al dictadorísimo, encabezada con un “Querido general Franco”, desvergonzada exhibición de doblez de quien luchaba contra el nazifascismo en Europa y lo mantenía en España.

   El nieto pretendió en otros tiempos emular al abuelo, mostrándose culoprotestante ante la bandera imperialista de las barras y estrellas. Ahora es el abanderado mayor de la política imperialista yanqui, por lo que envía a soldados españoles a luchar en lugares como Afganistán, en los que el reino de España no tiene otros intereses que los de su absoluta sumisión al Imperio. Eso sí: a los que mueren en campaña les organiza un funeral según la liturgia catolicorromana.

   Y para mayor escarnio, se marcha a los Estados Unidos para tomar parte en un “Prayer Breakfast” en el que se reúnen los ultraconservadores más ultrarretrógrados del país. Lo han invitado al considerar justificadamente que es uno de los suyos. Anda, que si se enteran de la historia del abuelo ateo, marxista y republicano, a quien él pone como ejemplo de patriota, le van a echar veneno en el café.

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Arturo del Villar es Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio

 

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