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A propósito de un comentario de Esperanza Aguirre
Salvador López Arnal
UCR
4 de
Febrero de 2010
Micrófonos
abiertos, palabras de Esperanza Aguirre y columna en
Público sobre ayudas de condesas a comunistas.
Breve (e
innecesario) preámbulo: no hay nada en los alrededores
ni en el nudo central de Esperanza Aguirre que pueda
generar un átomo o tan siquiera un quark de empatía
entre la ciudadanía de izquierdas: poderosa
representante del sector neoliberal postmoderno del PP,
cubierta, eso sí, de corazas de protección de acero que
la inmunizan de toda falsación por el desastre económico
y social en el que continuamos inmersos; ministra y
amiguísima del dirigente de la extrema derecha española
neofranquista, el amigo de Bush II y lord Bliar (perdón:
mister Blair); privatizadora desinhibida de la sanidad
y escuela públicas madrileñas; receptora de zafios
elogios de uno de los más zafios representantes de la
sociedad civil empresarial; chulesca política de
ambición desmedida; probable cabeza (o fiel servidora)
de un inmenso caudal de corrupción sin límites
definidos; partidaria y ejecutora de prácticas
inquisitoriales y policiales en la práctica política;
jefa de una cohorte de intelectuales engreídos, de tono
subido y anticomunismo en vísceras que la aludan sin
medida ni reposo. Largo y sabido etcétera. Sobrina, eso
sí, del autor de “Pandémica y celeste” y de “Canción del
aniversario”. Pero no parece que esta relación familiar
sea mérito personal suyo. Fin del preámbulo.
“Los micrófonos
le han jugado una mala pasada a Esperanza Aguirre”,
comentaba Público el 30 de enero de 2010 [1]. "Yo
creo que hemos tenido una inmensa suerte de poder
darle un puesto a IU quitándoselo al hijoputa" [la
cursiva es mía]. Es la frase que cazaron los micrófonos
de la Cadena Ser y que Público reproduce.
Aguirre, que se encontraba en un acto celebrado en el
Camino de Santiago, estaba hablando con su
vicepresidente, Ignacio González. La presidente de la
Comunidad de Madrid no reparó que “un micrófono cercano
dejaba oír a los periodistas un diálogo de casi cinco
minutos con su mano derecha”, una mano derecha
que, desde luego, tampoco tiene desperdicio alguno. Es
ejemplar único.
Luego, lo
sabido. Desmentidos, diego donde dije digo, más
desmentidos con matices diseñados, sesudas reflexiones
de alta política: la señora Aguirre no se estaba
refiriendo al señor Ruiz Gallardón, sino a un consejero
cuyo nombre no logró recordar; el nuevo presidente de la
entidad, Rodrigo Rato [2], aseguraba por su parte que el
PP nunca había estado en guerra abierta por el control
de Caja Madrid; la conversación, insisten, se produjo en
un ámbito privado. Etc. Como siempre. La pelea
Gallardón-Aguirre, según parece, llegó a uno de sus
momentos más álgidos cuando se negociaron la renovación
de los consejeros de la Comisión de Control. Podían
renovar, informa Público, Rubén Cruz, de IU, y
Fernando Serrano, cercano a Gallardón. Renovó el
representante de IU. Lucha de sectores y grupos en los
puestos de mando.
¿Interés
cívico de la noticia? Nulo, insignificante. Da, acaso,
para alguna clase de teoría política sobre prácticas
instituciones reales y retórica política publicitaria.
Palabras como cabrón, acojonante, cojonuda, maricón,
mariquita, puta, hijoputa, forman parte del acerbo
cultural usual de sectores de la clase política española
con mando en plaza, por no hablar de los dirigentes
empresariales y sus expresiones chuscas y zafias contra
políticos de izquierda o luchadores sindicales. Ninguna
novedad en el frente del lenguaje de la derecha, ninguna
novedad en su cosmovisión. Un mundo sin piedad, sin
perdón, sin limites de codicia, directo a la caja, sin
mediaciones ni intromisiones legales. La cueva de EA y
los cuarenta expoliadores, una caverna más de las
poderosas familias hispánicas que consideraron y
consideran Sefarad como cortijo propio.
Por lo
demás, la lucha del poder entre clanes y sectores del PP
es conocida. Y, desde luego, no obliga a ninguna toma de
posición: sería ingenuo pensar que, en contra de las
apariencias y estrategias de los medios, Aguirre
represente un sector mejor, más dialogante, más abierto
a acuerdos con la izquierda, que el que pueda
representar Ruiz Gallardón. Nada de eso aunque la vida
suele dar sorpresas.
Sea como
sea, Público puede informar sobre el asunto e
incluso puede dedicar más de una página del diario a dar
cuenta de la anécdota, el mismo espacio (algo menos para
ser más preciso) que dedica a la comparecencia de mister
liar Anthony Charles Lynton Blair, un lord encantado de
haberse conocido ante lustros, ante la comisión de
investigación británica sobre el genocidio de Iraq, y
mucho más del que dedica al juicio de los trabajadores
afectados por el amianto. Admitámoslo: pelillos críticos
a la mar.
Pero no es
sólo esa información. A lado aparece una columna –“Punto
de vista”- de Manuel Rico. El título. “La condesa que
ayuda a los comunistas” [3]. ¿Comunista? ¿Dónde están
los comunistas en este asunto? Será alguna gracieta del
autor. Adelante pues.
Rico inicia su
artículo con una broma: Esperanza
Aguirre suele ser considerada una ricachona
ultraliberal. Es falso desde luego. “La primera mentira
la desmontó al confesar que no tiene dinero para pagar
la calefacción de su palacete”. La segunda, prosigue
Rico, la derribó el viernes 29 de enero al “admitir que
ella prefiere ayudar a un comunista antes que a un
‘hijoputa”. Estamos, pues, concluye Rico, “ante una
condesa pobre y roja” [4]. Aguirre ha demostrado,
continúa Rico con ironía, que es una verdadera
estadista: ha apostado “por el comunista ajeno antes que
por el hijoputa propio”.
¿Comunista ajeno? ¿A qué comunista ajeno se refierte
Rico? ¿Quién ha hablado aquí de comunistas, con
micrófono abierto o cerrado? ‘Nadie’ que es el nombre de
nadie. Ya, se dirá, pero Rubén Cruz es de IU y es sabido
que los comunistas dominan todos los nudos y aristas de
la organización “izquierdista”, esa organización, suele
añadirse, que suele hacer pinza con el PP, o incluso con
los sectores más rancios del PP. Es sinónimo, es
equivalente. Pero, ¿es en verdad equivalente? ¿No se
sabe que en IU hay militantes y dirigentes que han
declarado explícitamente no ser comunistas?
Bueno… si, es un lapsus, un error, se admitirá. Ya está.
Todo el mundo los comete.
Está… o no está. Ignoro si Rubén Cruz es comunista o no
(sería un honor para él y para los demás que lo fuera
claro está). Pero cuando se escribe una columna en un
diario que pretenda informar, analizar e instruir no
puede apelarse ni abonar tópicos ni fantasmas y todo
parece indicar que la columna del periodista Manuel
Rico, más allá de su torpe ironía sobre condesas y
comunistas, tiene mucho de todo eso: alimentar
estupideces con procedimientos nada ingenuos,
probablemente porque la atalaya desde la que uno piensa
y escribe rebose pletórica, y sin revisión, de sandeces
postmodernas vividas como verdades obvias y objetivas.
PS:
Ni que decir tiene que esta nota no sostiene ni
presupone bondad poliética alguna (no afirma tampoco lo
contrario) en formar parte de esa comisión de control
que “vigila” las actuaciones de la cuarta entidad
finaciera del país.
Notas:
[1] Yolanda
González, Público, 30 de enero de 2010, páginas 18-19.
[2] Ignacio
Escolar recuerda en Público (1 de febrero de 2010, p.
56) este paso de la conversación entre Aguirre y
González (recuérdese: sin piedad). E. Aguirre: ¿Qué arma
tenemos contra él[ contra Rodrigo Rato]? I. González:
“¿En la Caja de Madrid?”. EA: “Contra él”.
[3] Manuel
Rico, “La condesa que ayuda a los comunistas”, Ibidem,
p. 19.
[4] La
expresión “Condesa roja“ remite a una duquesa carlista
de Medina-Sidonia. En 1967, un año después del accidente
nuclear de Palomares, encabezó una manifestación en
defensa el derecho de los campesinos a recibir
indemnizaciones por lo sucedido. Fue procesada y
encarcelada entre marzo y noviembre de 1969 (y liberada
tras aplicársele el decreto-ley de amnistía). La
publicación de la novela La huelga, en 1968, la condujo
a un nuevo proceso instruido por un juzgado militar.
Abiertamente contraria al régimen franquista, se exilió
a Francia hasta la muerte del dictador golpista.
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