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Los Derechos Humanos, un
objetivo revolucionario
Julio Anguita
Mundo Obrero
2
de Enero de 2010
La dirección de Mundo Obrero
me ha pedido que explique
los contenidos de la
conferencia que el pasado
día 17 de Septiembre
pronuncié en León como
clausura de las jornadas
universitarias dedicadas a
los Derechos Humanos (DDHH).
Los patrocinadores fueron la
Universidad y el
Ayuntamiento de San Andrés
de Rabanedo. El camarada,
Enrique Díez profesor de la
Universidad fue el
coordinador de las mismas y
en ellas intervinieron
también Carlos Taibo, Manuel
Monereo, Susana López, Maite
Mola, Javier Navascués,
Paula Garvín, y Pedro
Montes, entre otros.
He aceptado la propuesta
porque a través de este
artículo podré originar en
los lectores una doble
reflexión sobre la
importancia revolucionaria
que tiene la lucha a favor
de los Derechos Humanos y
también acerca de los medios
de comunicación y la
ligereza, frivolidad, cuando
no tendenciosidad de sus
textos presuntamente
informativos.
Tampoco quiero obviar los
comentarios que desde
supuestos y "sólidos"
principios comunistas se han
hecho a mi intervención sin
otra base que lo aparecido
en la prensa. Parece ser que
la tan denostada "prensa
burguesa" es de fiar cuando
se presenta la oportunidad
de lanzar un panfleto, hacer
una condena o simplemente
recitar una serie de mantras
que nos entonan el ego. Lo
ocurrido es una prueba más
de que es urgente un debate
sereno entre quienes nos
llamamos comunistas; estemos
dentro o fuera del PCE. A
las pruebas me remito.
Hace un par de años
recordaba públicamente
Xavier Arzalluz que cuando
fue a Madrid al entierro de
Dolores como representante
del PNV, se sorprendió
cuando a la pregunta de
¿cuál es, como comunistas
vuestro proyecto inmediato?
Le respondí: luchar
consecuentemente para que
los Derechos Humanos sean
una plena realidad
planetaria. Hace ya veinte
años, pues, que existe
constancia de mi permanente
preocupación acerca del
valor revolucionario de los
Derechos Humanos. Infinidad
de artículos, discursos,
propuestas y conferencias
sobre el tema han ido
jalonando desde entonces mi
actividad política como
militante comunista.
¿A qué me refiero cuando
hablo de DDHH? Tal y como
dije en León, a lo
siguiente:
1. A la solemne Declaración
aprobada el 10 de Diciembre
de 1948 (recomiendo su
lectura a la luz de lo que
está ocurriendo en el mundo
con la crisis).
2. A los tres Pactos que
firmados en 1966
desarrollaban y ampliaban la
Declaración a la vez que
obligaba a los Estados
signatarios a su estricto
cumplimiento. Dichos Pactos
entraron en vigor en España
el 27 de Julio de 1977.
3. A todas las luchas
anteriores de los hombres y
mujeres que englobados en el
movimiento obrero, la
intelectualidad comprometida
y en general a los herederos
de la Ilustración hicieron
posible que estos derechos
fuesen recogidos en un
documento que cuenta con el
apoyo y compromiso (al menos
sobre el papel) unánimes de
prácticamente todos los
países del planeta.
4. Al conjunto de
documentos, declaraciones,
organismos, instituciones
que venciendo a trancas y
barrancas las dificultades
inherentes a una ONU poco
democrática y las acciones
del imperialismo capitalista
consiguen avances, logros y
mantener al menos la
esperanza. No son menores
los impedimentos que
proceden de la inhibición
casi generalizada. Unos por
considerar que el mercado
capitalista es el mayor
valor al que se debe
supeditar todo ; otros por
pretender que basta un
barniz de derechos políticos
para dar por aplicados los
DDHH y los demás porque
mantienen que la tal
Declaración no es sino "un
documento burgués" carente
de solidez revolucionaria.
5. A todas las personas,
organizaciones, entidades,
instituciones, colectivos y
luchadores que han hecho del
cumplimiento de los DDHH el
objetivo y la meta de su
vida.
En 1994 declaré públicamente
que yo "apostaba totalmente
por IU desde mi militancia
comunista". Hoy declaro
solemnemente que el objetivo
de los DDHH a escala
planetaria es una tarea a la
que me siento convocado en
nombre de mi apuesta y mi
convicción de comunista
marxista. ¿Por qué me
considero comunista?
Intentaré expresarlo
siquiera esquemáticamente.
Para empezar y como actitud
vital e intelectual no
asumo, no acepto el llamado
sistema capitalista:
economía, sociedad, valores,
instituciones, hábitos y
comportamientos.
Pero mi negación me conduce
a una consecuencia para mí
ineluctable. Mi rechazo se
transforma en una decisión
de combatir en todos los
frentes al sistema que deseo
sustituir por otro que por
convención hemos llamado
Socialismo, Comunismo o
Anarquía.
Y a tal fin me siento en
estrecha relación de trabajo
político con otros seres
humanos que sienten lo mismo
y persiguen el mismo fin
confesado. Es obvio que la
organización para incidir en
la sociedad y cambiar el
sistema es imprescindible.
Estoy hablando de una
actividad colectiva y
organizada en la que el
militante sustituya
totalmente al simple
afiliado.
La acción política de esa
organización comunista se
traduce en lo que ha venido
en llamarse praxis o
práctica revolucionaria en
la que teoría y acción van
indisolublemente unidas sin
preponderancia de una sobre
la otra.
El fin perseguido, la
sociedad que se busca, debe
hacerse clara para los demás
debe ser entendida,
comprendida y sobre todo
asumida como una necesidad
personal y colectiva. Y eso
sólo es posible si el ideal
a construir es capaz de ser
encontrado en lo más
inmediato, en el entorno, en
los problemas de cada día. Y
es aquí donde el maestro
Marx, el maestro Engels, el
maestro Lenin el maestro
Trotsky y la maestra Rosa
Luxemburgo, deben ceder un
espacio al maestro Sócrates
(que se lo digan a Bertold
Brecht). ¿Por qué? Porque la
función de un colectivo
revolucionario es
básicamente hacer surgir de
la mente de los explotados
aquello que ellos saben
aunque muchas veces no saben
que lo saben. Una labor de
parteros de la
concienciación.
¿Hay algo más inmediato que
los contenidos de la solemne
Declaración de DDHH de 10 de
Diciembre de 1948? Al llegar
aquí os propongo lectores y
lectoras su lectura y tras
ella seguir leyendo.
Deduciréis claramente que el
capitalismo es incapaz de
cumplir sus contenidos y en
consecuencia la tarea más
inmediata es como diría
Lenin tirar del eslabón más
débil de la cadena. El
capitalismo es la negación
de los DDHH.
Y de esta consecuencia se
infieren otras a la luz de
la práctica liberadora. Las
clases sociales no son un
invento de nadie sino una
consecuencia del sistema
imperante. Pero además es
visible día tras día que
entre ellas existe una lucha
feroz de intereses. Lo que
ocurre es que muchas veces
los dominados no son
conscientes de ello bien por
el fallo de las
organizaciones de masas,
bien por la hegemonía
cultural del capitalismo o
bien por aquellos discursos
que no hacen otra cosa que
presentar la sociedad del
futuro pero sin
comprometerse en las luchas
diarias en esta. El
conflicto entre el capital y
el trabajo no es evidente
por sí mismo en la mayoría
de los casos hay que
sacarlo, deducirlo,
explicitarlo, hacerlo
presente ante la conciencia
cuando algo tan
universalmente asumido como
el derecho al trabajo no se
cumple porque el sistema ha
colocado por encima de él al
mercado, la competitividad y
el crecimiento sostenido.
¿Hay acaso, hoy en día, un
programa más claro, menos
negado y con más apoyo
universal que los DDHH? ¿No
sería éste el programa
adecuado para un
internacionalismo de nuevo
cuño? ¿No es más sugerente
para los parados,
perseguidos, marginados,
explotados y cuestionadotes
del capitalismo en general
una propuesta tan cercana
como los DDHH que la
proclama de un orden
radicalmente nuevo y
distante hoy por hoy para la
mayoría? ¿Qué impide a los
comunistas volcarse en
organizar, alentar, apoyar,
difundir y aplicar los DDHH?
¿Sería esta apuesta una
negación de la trayectoria
de nuestro Partido? ¿No
sería ésta una plataforma
capaz de generar una
amplísima mayoría
combatiente?
Soy consciente de que los
textos escritos por
avanzados y justos que
parezcan son papel mojado
para los poderes que de
facto los niegan. En
consecuencia de lo que se
trata es de conseguir una
fuerza que imponga y cumpla
los DDHH como programa de la
mayoría democrática. Ello no
impide que al socaire de esa
lucha y como complemento de
la misma se planteen otros
objetivos necesarios;
propongo dos: la inclusión
de los Derechos
Medioambientales en la
Declaración y la refundación
de la actual ONU en un
sentido más democrático.
Resumiendo; la conquista de
los DDHH para toda la
Humanidad no es sólo el
desencadenante de procesos
que inciden en las
contradicciones del
capitalista es también y a
la vez, la lucha por una
nueva situación de mayor
justicia, bienestar, valores
ciudadanos basados en
derechos y deberes y una
Ética de lo colectivo que
diría Fernández Buey. Sin
pasar por esta etapa no
habrá ni socialismo ni
comunismo.
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Fuente: http://www.pce.es/mundoobrero/mopl.php?id=1232
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