Todos

Carlos Etcheverría

La Opinión de La Coruña   3 de Febrero de 2010

 

     Suma y conjunto de sus partes integrantes sin que falte ninguna. Cuando hace referencia a las personas, nadie queda excluido, como ocurre cuando se dice todos respiramos. El uso exagerado de este adjetivo induce a confusión, cuando no supone un ardid para desvirtuar la verdad.

     Este lenguaje desmedido propio de políticos anula la discrepancia, es decir, el disentimiento personal en opiniones o conducta, creando un revoltijo para acallar a quienes no aceptan la doctrina o simplemente no se sienten integrados en el conjunto.

     La Constitución lo utiliza torticeramente y a sabiendas, cuando expresa en el art. 15 que todos tienen derecho a la vida. Lo suyo sería decir, todas las personas tienen derecho a la vida, pues solo las personas pueden ser sujetos de derechos. El equívoco provoca un debate semántico al que se aferran quienes, por ejemplo, se oponen al aborto.

     En lo referente al pasado que hemos vivido tras el golpe militar de 1936, se quiere pasar de puntillas sobre los actores de tan siniestro atentado contra la República, en un vano intento de no molestar a los verdugos. Con tal propósito, todos fueron responsables de la masacre, los revoltosos y sus víctimas.

    Lo mismo ocurre con la palabra maldita extendida durante el franquismo y que aún perdura: república. Buena parte de los políticos huyen de pronunciarla y cuando se ven precisados, se refieren a ella con eufemismos y circunloquios. Si se menciona a quienes defendieron aquel régimen de libertades, aparece la palabra todos como común denominador, que comprende a comunistas, socialistas, anarquistas y republicanos. El propósito consiste en no dar protagonismo a lo que aglutinó a los combatientes, que no fue otra cosa que la defensa de la República.

    En los homenajes y reconocimientos institucionales que se vienen produciendo, se desliza el dichoso adjetivo para no reconocer a los republicanos como auténticos protagonistas. El discurso extendido no menciona nunca a los defensores de la República, sino a todos los que defendieron la libertad y la democracia. Hay que defender al Borbón y su Constitución, no vaya a ser que de tanto hablar de república se contagie la población con el virus democrático de tal forma de gobierno.

    Y así andamos, chupando cirios y soportando reyes, para bien de esos parásitos a quienes no afecta ni la crisis ni el paro.