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Estado español:
Cínicos y mentirosos
Paco Azanza Telletxiki
Baraguá 16
de Febrero de 2010
Los gobernantes españoles mienten. Y lo hacen
tan habitualmente que sus gobernados se han
acostumbrado a aceptar la mentira como verdad o,
al menos, con tal indiferencia que los
mentirosos ya ni se molestan, siquiera, en que
sus mentiras sean medianamente creíbles. |
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Felipe González
dijo, entre otras muchas, que crearía 800.000 puestos de
trabajo. Pero el elevado desempleo ya existente no
descendió, sino que, muy al contrario de lo prometido
por el denominado “señor X” de los GAL, creció a
velocidades vertiginosas. José María Aznar, el “Führercito”,
aseguró que el gobierno iraquí era portador de
peligrosas armas químicas y, con su apoyo a Bush y a
Blair, contribuyó al asesinato de más de un millón de
personas; años después, siguen sin aparecer las armas de
destrucción masiva, y la masiva destrucción en aquel
país hoy existente también es “obra” suya. José Luis
Rodríguez Zapatero negó la práctica de torturas en el
Estado español, respaldando y encubriendo de cómplice
manera a su ministro de Interior, Alfredo Pérez
Rubalcaba -portavoz del gobierno en la época de los ya
mencionados GAL-, cuando en el caso de Igor Portu y
Mattin Sarasola presentó un relato de los hechos tan
exageradamente incongruente que ni sus más acérrimos
seguidores se lo creyeron. Y de Adolfo Suárez y Leopoldo
Calvo Sotelo, que junto a los tres presidentes arriba
mencionados cubren de “gloria” los treinta y un años de
“democracia española”, mejor no digo nada. A estos ni me
molesto en molestarles; según tengo entendido, el
primero padece de alhzeimer, y el segundo falleció hace
poco menos de dos años.
Mintieron todos de manera repetida y descarada, y siguen
mintiendo los actuales gobernantes. Dijeron no hace
tanto tiempo que respetarían la decisión de los
catalanes, pero “cepillaron” el estatuto decidiendo
ellos mismos cómo debía quedar. Similar comportamiento
practicaron en Nafarroa, donde la voluntad de cambio que
demandaba la ciudadanía quedó truncada por orden del
gobierno central, tras aliarse con la derecha más
extrema y rancia. “Violencia cero”, proclamaron a los
cuatro vientos, pero, ¿está exenta de la proclama la que
ellos practican? Insistieron hasta la saciedad en los
grandísimos esfuerzos que realizaban para conseguir la
paz, aunque paralelamente publicaron un DVD probando que
habían hecho menos que el PP, que no hizo nada; el
propio Rodríguez Zapatero expresó que participó en el
proceso de diálogo “buscando la paz, pero preparando la
confrontación”…
Han sido muchas las mentiras. La última del actual
presidente del gobierno español –o quizá ya no la
última- la escenificó en su reciente viaje a Washington:
“La nación. Los Estados Unidos, alumbrada en la
democracia, que no ha dejado de crecer bajo su fuerza;
que abolió la esclavitud, reconoció la igualdad de voto
y proscribió la discriminación; que ha ensanchado el
pluralismo, la tolerancia, el respeto a todas las
opciones y creencias”.
Tamaña mentira vomitada el pasado 4 de febrero, durante
el Desayuno de Oración Nacional y frente a reaccionarios
ultraderechistas yanquis –incluido Barack Obama-, que
aplaudieron de efusiva manera la intervención del
monárquico presidente.
De todos modos, aunque las mentiras abundan por doquier
–las hasta ahora expuestas sólo son un pequeño
muestrario-, me detendré en dos de ellas, por actuales e
importantes.
Primera mentira
Unos días antes de las elecciones generales del 9 de
marzo de 2008, el gobierno insistió en que la famosa
crisis económica desatada en los Estados Unidos no
alcanzaría, al menos de manera notable, a la economía
española, puesto que ellos ya tenían preparadas varias
medidas de “choque” para evitar ser salpicados por la
citada crisis.
Pasaron las elecciones, y con ellas el peligro de que el
caso les restara votos. Ganados los comicios por el
partido gobernante –el PSOE-, no mucho tiempo después
reconocieron que la crisis también llamaba a la puerta
de la “España Grande y Libre”; eso sí, tratando de
minimizar su negativa importancia, a la incómoda
“visitante” la bautizaron con el nombre de
“desaceleración”.
Por esos días, el Instituto Nacional de Estadística
–INE- publicó que, en el primer trimestre del año, el
PIB registró un aumento interanual de 2,7% -ocho décimas
menos que el 3,5% del trimestre anterior, y 1,4 puntos
menos que en el mismo período de 2007-, lo que obligó al
anterior ministro de Economía, Pedro Solbes –ahora ocupa
la cartera Elena Salgado-, a añadir al nombre un
apellido: entonces habló de “desaceleración rápida”,
aunque siguió evitando pronunciar la palabrita “crisis”:
“Es un crecimiento con una desaceleración importante
respecto al 3,5% del último trimestre, y lo que pondría
de relieve es que esa desaceleración rápida de la que
estamos hablando se está produciendo”.
Lo cierto es que, desaceleración o crisis, la citada
tasa interanual era la de menor porcentaje desde 2002, y
en tasa intertrimestral -0,3%- la más baja desde 1995.
El 28 de mayo –sigo refiriéndome a 2008-, el propio
Rodríguez Zapatero reconoció que la crisis financiera y
los incrementos de los precios habían provocado un
ajuste “más intenso y rápido de lo previsto”. Un día
antes, el secretario de Estado de Hacienda, Carlos
Ocaña, anunció el “fin del superávit”.
Segunda mentira
La segunda mentira guarda bastante relación con la
primera. En esta ocasión, tratando de ganar votos en vez
de procurar no perderlos, Rodríguez Zapatero anunció en
plena campaña electoral –período en el que los
“demócratas” intensifican, si cabe, sus habituales
mentiras- que si volvía a ser elegido erradicaría el
desempleo antes de agotar la nueva legislatura, la
presente. Eso mismo fue lo que dijo, haciendo coro con
el lema del PSOE durante la citada campaña: “Por el
pleno empleo. Motivos para creer”. Tremenda bravuconada,
sin duda, tremendo embuste; como si no supiéramos que,
al margen de la crisis, el sistema capitalista –ese que
ellos defienden, a pesar de autodenominarse socialistas-
es incapaz de solucionar tan grave problema; y si lo
fuera tampoco lo resolvería, sencillamente porque el
deshumanizado sistema lo necesita.
Esta segunda mentira quedó muy pronto al descubierto.
Nuevos datos indicaron que el desempleo no estaba
bajando, sino subiendo. En el primer trimestre del 2008
el desempleo se situó en el 9,3% de la población activa
–más de 2.300.000 personas-. Con aquel nuevo ascenso y
la “desaceleración rápida” ya reconocida por el
gobierno, a éste no le quedó otra alternativa que
cambiar de discurso en cuanto al tema que nos ocupa se
refiere; aunque, pasadas las elecciones, tampoco les
importó demasiado. Ya no hablaban de erradicarlo,
entonces comenzaron a decir que al final de la actual
legislatura –marzo de 2012- el desempleo no superaría el
9,6%. ¡Y se quedaron tan anchos!
Obsérvese cómo en tan poco tiempo cambiaron radicalmente
de lectura –del cero desempleo anunciado en la campaña
electoral al 9,6% para el final de la legislatura- ¡Qué
cinismo! En cualquier caso, debido a la debilidad en el
consumo interno y a la crisis, fundamentalmente en los
sectores inmobiliario y constructor en un entorno
internacional similar, el ascenso del desempleo durante
estos dos últimos años ha sido vertiginoso; y de momento
no toca techo.
A día de hoy el Estado español sigue en recesión. El
2009 se acabó con un retroceso del PIB del 0,1% respecto
a julio-septiembre, el anterior trimestre, y el 3,1% en
comparación interanual. En cuanto al desempleo se
refiere, el pasado mes de enero cerró con más de
4.000.000 de individuos sin trabajo; casi nada,
alrededor del 20% de la población activa.
Los gobernantes españoles siempre han utilizado la
mentira para tratar de conservar y ampliar los enormes
privilegios que el poder les proporciona. Y la utilizan
porque, debido a la alta sumisión de sus gobernados, les
aporta grandes beneficios y, sin embargo, muy pocos
inconvenientes. Lo lamentable del caso es que, salvo
honrosas excepciones, la política opositora tampoco se
aleja de prácticas tan miserables.
Prácticamente faltan dos años para que acabe la actual
legislatura. Quedémonos pues con el 9,6% anunciado por
el dúo Solbes-Zapatero. A ver si es cierto que acaban el
mandato sin superar ese porcentaje.
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