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La flaca memoria histórica

Patxi Andión

www.estrelladigital.es 15 de marzo de 2006

La sociedad civil se pregunta, como lo han hecho las que le han precedido hasta hoy, por su memoria. El grupo necesita conocer sus pasos por si hubiera que volver sobre ellos o, por el contrario, conociéndolos, tenerlos en cuenta para no desandar la huella. Pero, ¡ay!, la memoria del hombre es aún más débil que él y demasiado a menudo prescinde de ella, ya sea porque conoce lo incómoda que puede ser para la conciencia, como porque tantas veces como hombres la han escrito, tantas historias parecen. Cada quien escribe la suya, y aun siendo cierto que el tiempo logra poner casi todo en su sitio, la mayor parte de las veces el interesado no es más que una sombra entre escasos jirones de tela y algún hueso pelado, cuando no un mínimo montoncillo de grises cenizas. Aunque a esa altura, por esas razones, tampoco importa demasiado lo que consiga el tiempo, ya extinto.

Hace unos días ha muerto Jorge Pérez Troya, un ciudadano nacido en el pueblecito manchego de Torre de Juan Abad, a quien, desde el también extinto Instituto de Estudios Avanzados de la Comunicación Audiovisual en la Universidad de Castilla-La Mancha, comenzamos a rodar un documental que aún no hemos logrado terminar por falta de fondos. El ciudadano Pérez Troya no ha podido esperarnos más y harto de su memoria se ha largado con viento fresco debajo de la gorrilla que usaba en los últimos tiempos.

Cuando fui a conocerle encontré un abuelillo de pueblo, con la voz titubeante y el corazón fiero. Casi setenta años de lucha no habían aplacado la furia revolucionaria que le enfrentaba desde el estrado en la Facultad de Sociología de la Complutense casi con todo el mundo. Aquel día supe que la juventud no habita donde los médicos dicen.

Jorge Pérez Troya, cuando derrotado su ejército leal a la República española, marchó a Francia, pasó por los “campos de acogida”, así entre comillas, donde ya destacó en la organización y resistencia. De allí fue enviado a Normandía a construir submarinos para los alemanes amigos de Vichy y, en cuanto pudo, se escapó. En un andén de tren fue abordado por un desconocido que, reconociéndole como español, le dio una dirección de Burdeos donde le podrían ayudar. Allí, Jorge Pérez Troya tomó contacto con quien sería el máximo líder de la Resístanse, Jean Moulin, de quien se hizo leal como tantos republicanos españoles que nutrieron las filas de la Resistencia contra los alemanes, fiados en su experiencia ante la muerte desde la guerra. Jorge Pérez Troya contribuyó decisivamente a la liberación de Francia, tanto, que fue condecorado con la Legión de Honor y ostentaba el grado de general del Ejército francés.

Pérez Troya cayó en manos de la Gestapo y fue enviado a Mathaussen, donde peleó guardando su vida hasta la caída de Hitler. Luego, como buen comunista, contribuyó también decisivamente a organizar la resistencia interior, o maquis, en España, entrando y saliendo clandestinamente, jugándose la vida, año tras año.

Empeñados como estábamos en hacer saber al mundo quién era Jorge Pérez Troya, comenzamos a rodar un documental sobre su vida y, entre otras cosas, le acompañamos a París, donde le rodamos algunos planos. En uno de los paseos nos llevó ante el Hotel Maurice, mostrándonos la placa que conmemoraba la gran acción de la Resistencia, cuando un comando atacó el hotel que por entonces servía de cuartel general de la Gestapo. Él mandaba el comando formado por una mayoría de nombres españoles, como muy bien rezaba la placa.

Allí estábamos con el abuelillo debajo de su gorrita, apoyado en su bastón, cuando un gendarme se acercó al equipo de filmación, probablemente con el ánimo de hinchar las pelotas. Jorge Pérez Troya sacó y mostró su documentación. El gendarme, emocionado, se cuadró militarmente ante su héroe. Nosotros apenas podíamos sujetar las cámaras. El gendarme simbolizó de manera extraordinaria la memoria de Francia. ¿Y la de España?

Miércoles descreído y quejumbroso. ¡Qué pertinaz la memoria, que extraordinaria la noria del recuerdo!

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