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Panamá, otro ejemplo de cómo la democracia burguesa se
preocupa por los ciudadanos humildes
J. M. Álvarez
UCR
4 de
Febrero de 2010
Es cierto que Panamá creció económicamente, al menos
hasta la llegada de la crisis que vino para quedarse.
Pero desde que existe el capitalismo, y su economía de
mercado que “hace feliz a la gente”, nunca cesaron de
aumentar las diferencias entre las clases sociales. En
ese país, los desposeídos abundan entre los indígenas y
campesinos, y en las zonas rurales un niño, de cada
tres, padece desnutrición. Panamá se caracteriza por una
pésima distribución de la riqueza (las élites se lo
llevan todo), el poder adquisitivo de las capas
populares es tan bajo que enfrentan graves dificultades
para comprar alimentos, a causa de la subida de precios,
salarios miserables y un gran número de desempleados.
La otra cara de la moneda está representada por las
grandes fortunas, como la del presidente Ricardo
Martinelli, un multimillonario, magnate de
supermercados, que llegó al Gobierno con promesas de
combatir la pobreza, pero-, despreciando a los los que
decía que iba a ayudar- ha tomado la decisión de pedir
(por orden de la Casa Blanca donde habita el tolerante
Obama) la retirada de la misión médica cubana “Operación
Milagro”, que ha devuelto la vista a cerca de 50.000
personas, la mayoría sin recursos, afectadas de
cataratas, desprendimientos de retina y glaucoma, entre
otras patologías oculares, y todo ello gratuitamente.
Dice el ministro de Salud panameño, Franklin Vergara,
que su Gobierno tomará el relevo con el programa “Visión
2020”, detrás del cual están, según el Frente Nacional
por la Defensa de Derechos Económicos y Sociales (FRENADESO),
los familiares del presidente y las clínicas privadas.
Con esa carta de presentación no creo que “Visión 2020”
llegue a lugares donde el negocio no sea rentable.
Vergara ha explicado que la presencia cubana cuesta al
ministerio 88.000 dólares mensuales, sin embargo la
norma de las misiones cubanas en el exterior, es que La
Habana corra con los gastos (incluidos equipos y
medicinas) de salarios y viajes del personal sanitario.
En fin. A partir de ahora, miles de infortunados
panameños con problemas de visión, susceptibles de ser
corregidos, han sido condenados a la ceguera, mientras
que los millonarios Vergara y Martinelli, no tendrán
problemas en utilizar, si lo necesitan, los servicios de
las clínicas más prestigiosas de Estados Unidos. Panamá
es otro ejemplo de cómo la democracia burguesa se
preocupa por los seres humanos... que tengan la
billetera llena.
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