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  No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

Unidad y pluralidad por la III República

Adrián Álvarez y Rafael Velasco *

La Nueva España 10 de mayo de 2005

Este año el 14 de abril ha implicado un salto cuantitativo, por el número de actividades en toda España y cualitativo por el nivel de unidad y pluralidad alcanzado en el movimiento republicano. Sobre estas dos premisas entendemos nosotros/as debe seguir configurándose el movimiento. Unidad, para aglutinar a todas aquellas fuerzas y sectores que cuestionaron el modelo monárquico salido de la transición en torno a puntos mínimos de encuentro, y pluralidad, para permitir la independencia de todas ellas y evitar cualquier intento de patrimonialización instrumental que pudiera estrangular el movimiento que actualmente sigue en crecimiento.

En Asturies, una vez más, el acierto del Foro Ciudadano por la República, marco unitario de confluencia de todos y todas las que estamos por la III República, de convocar una manifestación ha contado con el apoyo y comprensión de fuerzas que en otras ocasiones no veían este tipo de movilizaciones. La III República, si llega, lo hará de mano de amplias movilizaciones sociales, de la asunción y defensa de dicho proyecto por amplias capas populares, no de los contubernios o cenáculos de intelectuales vigilantes del sanedrín republicano. Ya no es el momento ni de la nostalgia por la I o la II República, ni tampoco de los encuentros privados de convencidos, sino de la movilización clara por la III. En esta línea cada vez somos más, y esta manifestación así lo demuestra, demostrándose el error de aquellos que persisten en quedarse al margen del movimiento.

Algunos artículos de última hora de ciertos representantes de un cierto sector del republicanismo, que se autodefine como liberal (como si República y Liberalismo fuesen compatibles), no dejan de ser preocupantes, pues debilitan, sin duda, la unidad republicana. Muchos de ellos, aprovechando los intentos de ciertas fuerzas políticas de la izquierda institucional de patrimonializar esta lucha, asumen una postura donde parece que ellos son los únicos republicanos y donde además parece que el enemigo no son las fuerzas que sustentan el régimen vigente sino los demás sectores que luchamos por la República. Desde un anticomunismo visceral pretende teorizar que la III República podrá llegar excluyendo de la lucha a los que más esfuerzos, sangre, sudor y lágrimas han puesto por la República en los últimos setenta años. Creemos que ello es un error, porque la III República no vendrá sin la aportación teórica y práctica de los/as comunistas y mucho menos en contra nuestra. La izquierda cuando se equivocó de enemigo fue siempre derrotada. Por lo tanto, si realmente se quiere que podamos facilitar el cambio de régimen y no quedarnos tranquilos con nuestras conciencias en actos de resistencialismo simbólico, será necesario que toda práctica sectaria en el movimiento se supere. En este movimiento caben, sin duda, los que sólo se reclaman republicanos, pues no aspiran a ir más allá, pero también todos/as aquellos que consideramos que la III República es una forma más democrática de ordenación política y social que permitirá poner sobre la mesa alternativas sociales que superen el capitalismo (socialistas, comunistas...). Tiempo tendremos, en derrotando la monarquía, de poner encima de la mesa esas diferencias, pero sin caer en el error de creer que desde sólo una tendencia del republicanismo podremos avanzar la llegada de la III República. En ese movimiento, cada fuerza podrá intentar, legítimamente, aspirar a la hegemonía de sus posiciones, de forma democrática, y en función de la mejor o peor capacidad de análisis y propuesta en cada momento, que permita convencer a más o menos ciudadanos/as. Querer de antemano acercar el movimiento en función de posiciones propias es un error en el que nosotros/as no queremos caer.

Algunas de estas personas y fuerzas afirman públicamente que se autoexcluyen de los marcos unitarios y se niegan a asistir a las convocatorias que se le hacen para confluir. Les agradecemos tanta sinceridad, pero después que no se quejen que ciertas movilizaciones o planteamientos cojan un tinte más a la izquierda o comunista, pues si ellos no están para defender sus posiciones, lo normal es que no le hagamos su trabajo los demás. Los/as comunistas en 1931 cometimos el error de no sumarnos claramente en la lucha por la República, y sólo a partir de 1933 logramos darnos cuenta del error. Desde esa experiencia, llamamos a los republicanos «ideológicos», por llamarlos de alguna forma, que no cometan ellos el mismo error quedándose al margen de la lucha por la III República. Entre otras cosas, porque ese supuesto sujeto histórico de pequeña y mediana burguesía ilustrada, laica y radical, que existía en el año 1936 y que defendió la República, hoy en el marco del capitalismo neoliberal ya no existe. De no llegarse al convencimiento de que sólo con la lucha de las clases populares, sobre todo de la clase trabajadora, podrá venir la III República, la monarquía y fuerzas políticas que la sustentan pueden estar tranquilas, pues ciertos discursos republicanos se convierten en totalmente inofensivos, cuando no coartada del propio sistema.

Otro peligro que acecha al movimiento es el de intentar convertir en una mera etiqueta electoral la palabra «republicana». Dados los éxitos de Ezquerra Republicana de Cataluña, algunos pretenden simplemente utilizar el adjetivo republicano para lograr capitalizar en votos el auge de este movimiento. Incluso ahora sectores del asturianismo político o de fuerzas que apoyaron y apoyan al régimen de la transición parecen que asumen tal posición. Otros, aceptando plenamente el sistema monárquico, parece ser que apuestan por convertir lo republicano en un mero discurso ético o de comportamiento, pero aceptando plenamente el sistema político vigente, una especie de nueva religión. Creemos que ambos posicionamientos son otro error, que impedirá que el movimiento se desarrolle. Sólo si el movimiento crece luego las fuerzas políticas que en él participen tendrán algo que decir, pues si ahora estrangulamos el movimiento embrionario, estaremos perdiendo una oportunidad histórica de avanzar, y sólo si el movimiento asume la necesidad de hacer planteamientos políticos concretos, podría ir avanzando en grados de madurez suficiente para ilusionar al pueblo.

Nosotros/as seguro que cometeremos también errores y nos gustaría poder discutir de ellos con nuestros/as compañeros de lucha, pero creemos que tenemos autoridad moral suficiente, por nuestro comportamiento en esta lucha, para llamar a todos/as a la reflexión para evitar correr los riesgos de los que este artículo habla.

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+Adrián Álvarez Álvarez y Rafael Velasco Rodríguez (militantes del Partido Comunista de los Pueblos de España, PCPE, Asturies).

 

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