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  No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

La República proscrita

Luis Arias Argüelles Meres 

La Nueva España 12 de Mayo de 2005

Zapatero acudió al homenaje a los combatientes republicanos de nuestro país que sufrieron los horrores en el campo nazi de Mauthausen. Han tenido que pasar casi tres décadas desde la caída del dictador a esta parte para que un Gobierno democrático haga los honores a los republicanos españoles que, tras sufrir las penalidades de un agónico periplo por una Europa invadida en gran parte por Hitler, fueron a parar a campos de concentración. Y muy pocos salieron de allí con vida.

Lo peor de todo es que hasta en un hecho como éste tengan que reventar las costuras de las heridas cerradas en falso con el inicio de la transición. La única bandera que puede ondear como homenaje a estos ciudadanos es la republicana. Pero no se atreve a tanto este Gobierno del talante y de la izquierda transformadora. Cuando se celebró en París en agosto de 2004 el homenaje a los que liberaron la ciudad entre los que había republicanos españoles, ese epítome de lo políticamente correcto, llamado don Javier Rojo, que es presidente del Senado, no mencionó en momento alguno ni la palabra República, ni habló de los republicanos españoles. Y se olvidó de que mientras algunos republicanos españoles colaboraban de forma importante en la liberación de París, otros, los de la División Azul, luchaban por todo lo contrario.

Y ahora ZP acaba de hacer algo parecido. Hubo que negociar para que en el acto de homenaje estuviese presente la bandera constitucional. A estas alturas, cuando las banderas tricolores son llevadas en brazos de la espontaneidad y se cuelan en imágenes oficiales que pretenden transmitir reportajes amables y ñoños, un partido que se llama de izquierdas sigue teniendo proscrito al único Estado no lampedusiano que hubo en la España contemporánea, es decir, a la II República.

A Zapatero le vendría muy bien leer las Memorias de Azaña. Y detenerse en el momento en que tras abandonar España el ya dimitido presidente de la República, ve a unos soldados republicanos españoles que le rinden honores. Y anota que esa bandera le ha de acompañar en su tumba. A Zapatero le vendría muy bien reflexionar que un partido de izquierdas no debe tener proscrita una bandera que en gran medida fue suya. Y, como consecuencia de todo ello, no le vendría mal dejar de hacer demagogia cuando declara que el actual Monarca es muy republicano, y demás lindezas.

Han pasado casi treinta años desde la muerte del dictador. Ya va siendo hora de que la bandera republicana deje de estar proscrita por parte de un partido que se llama socialista y que además se declara de izquierdas.

Han pasado ya 28 años desde que el PCE fue legalizado. Estamos muy cerca del 28.º aniversario de las primeras elecciones democráticas, en las que compareció el PCE de Carrillo tras haberse fotografiado con la bandera roja y gualda. Y es ahora ese mismo partido el que declara y se proclama republicano de pro, cuando en su momento se acordó muy poco de los partidos republicanos y del exilio. Ciertamente, coadyuva de forma inquietante a la ceremonia de la confusión que IU tenga como principal estandarte el republicanismo y no la hoz y el martillo. Porque no estamos hablando de simbologías coincidentes. Tampoco lo son el himno de Riego y la Internacional.

Así las cosas, el PSOE de ZP proscribe a la República, mientras que lo que queda del PCE la ensalza, acaso sepultando sus propios símbolos.

Por elementales razones de higiene y de decencia histórica y política, uno le pediría al PSOE que terminase de una vez por todas con su empecinamiento en tener al republicanismo proscrito. Y le rogaría a los náufragos de IU que se aclarasen. Y que se declarasen. O se es «ciudadano», «camarada». O se tiene como estandarte la bandera tricolor, o se porta la bandera roja. O se canta el himno de Riego, o se canta la Internacional.

Esos ciudadanos jóvenes que, como los personajes de Pirandello, buscan autor, llevando sus banderas republicanas, van a pasar de largo de una izquierda que proscribe en un caso a la República, y de otra izquierda que se declara tal cuando hay matices y hasta incompatibilidades manifiestas.

Por lo demás, la memoria, como la realidad, rompe costuras. Y la lucha histórica de los republicanos está ahí. Por lo demás, la historia es implacable con quienes juguetean con ceremonias de la confusión que al final, como en el relato de Poe, tienen su corazón delator.

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