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Nuevos abriles republicanos
José María Fernández Criado
El Mundo 5 de Abril de 2006
Se anuncia tricolor este abril que comenzamos por mor del 75 aniversario de la II República Española. Aunque es probable que este año el color diferenciado de su enseña, el morado, quede diluido en los tonos martirio de la Semana Santa por la colisión de la fecha fija, el 14 de abril aniversario de la República, con la veleidosa de la luna que determina los ritos, el viernes santo. Pues antes de que ello ocurra y aquélla quede desleída en ésta, ya se adelantan algunos con manifiestos, declaraciones o anuncios de actos como el de la colocación en el cementerio de la primera piedra del monumento a los caídos por la República en las inmediaciones de León, y su realización si se superan las contradicciones de nuestros ediles al respecto.
Pero vengo sobre todo al manifiesto estatal que suscriben intelectuales de todo ámbito y saber y en cuyo elenco se incluyen algunos de aquí de León. De su mano, vía prensa, nos llega su proclama por la que vienen, en resumen, a reclamarse herederos de los valores republicanos, a lamentar el retroceso que respecto a ellos supuso la guerra y a celebrar su realización en la actualidad, agradecidos a aquella generación que 'creyó en nosotros al creer en el futuro de su país'. En términos hegelianos, tesis, antítesis y síntesis. Y síntesis de aquellos valores republicanos, la monarquía constitucional de que disfrutan.
Yo creía con el diccionario que república, más que valores, era la organización del Estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento para un período determinado. Por eso cuando piden que las instituciones rompan de manera definitiva los lazos que siguen uniendo nuestra legalidad constitucional con un estado ilegítimo sin denunciar la monarquía, incurren en una incoherencia supina en cuanto al concepto de democracia. Y en cuanto a la ruptura que reclaman, obvian el hecho de que esta monarquía es heredera directa de aquel régimen o estado que denuncian ilegítimo y la reducen al callejero franquista o a los libros de texto.
Como si la derrota de aquella república no hubiera sido la de todo un orden social y económico, también cultural, que promovía la igualdad y justicia social. Es decir, una república de la que pudieran sentirse herederos no sólo los colocados en este limbo constitucional, sino también nuestros jóvenes precarios, parados y abusados, víctimas últimas del modelo económico que su caída trajo, el neoliberalismo que apuntalan la ley de punto final que fue la transición y la monarquía.
Mas hete aquí que no sólo los intelectuales, no sólo los socialistas, contentos todos de haberse conocido monárquico-demócratas, hasta los más republicanos de izquierda, como IU-Izquierda Verde, solicitan se declare 2006, año del reconocimiento de la II República como antecedente de la monárquica Constitución del 1978. La cuadratura del círculo, vamos.