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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
La lógica histórica de una III República
Aquilino González Neira *
La Nueva España 23 de Febrero de 2006
Pocas veces, a lo
largo de
mucho tiempo colaborando en periódicos y revistas, he leído un artículo tan
absurdo como el de Javier Pizarro Martín, alrededor de una posible III República.
E insisto en el tema central, pues cuando interviene -evidentemente contestando
a Rafael Velasco, del Foro por la República, colega de alguien de Gijón con
quien estuve cuatro años en una revista, haciendo crítica de libros de ensayo-
lo menos que se puede pedir es que se atenga a argumentos sólidos y no diga
tonterías, que no tienen nada que ver con el debate actual sobre la monarquía.
A no ser que lo que se pretenda hacer sea propaganda y presentar muy
sesgadamente el tema.
Parece evidente que el autor, o desconoce el debate que se está produciendo en
los medios de comunicación sobre la monarquía, o trata de ocultarlo, algo
imperdonable. Si es lo primero, hay que pedirle que se informe un poco a la hora
de pontificar sobre un tema que desconoce, y si es lo segundo, prefiero no
opinar. Pero es que además, presentar la aspiración por una república como un
deseo de Izquierda Unida, una formación que ese artículo presenta en crisis,
es una forma de desviar el tema. Por una parte, porque los problemas de IU son
relativos, y su techo electoral real es de dos o tres millones de electores, según
todas las encuestas fiables, si estuviese mejor dirigida. Por otra, porque
posiciones republicanas hay muchas.
Otro error de bulto es el de destacar que todos los partidos de corte
republicano tienen que ser de izquierdas, y apoyar las bases de su ideología en
las tesis del anarquismo y del comunismo de Marx y Engels, o obras como «El
Manifiesto Comunista» o «El Capital», y de ahí deducir que republicanismo y
comunismo son lo mismo. Los partidos republicanos en España han tenido más que
ver con el desarrollo de la democracia representativa, que con el
cuestionamiento básico del capitalismo, eje central del marxismo.
Además, es absolutamente falso que las distintas posiciones republicanas que
existen en el país tengan que ver con posiciones ideológicas de signo
comunista. Es más, de algunas encuestas que dan un elevado porcentaje de
posibles republicanos (eso de minoría en proceso de extinción, ¡nada de
nada!), cabe deducir lógicamente que la mayoría se inclina por una república
democrática. Además, la mayor parte de partidos regionalistas de signo
progresista, clara o potencialmente republicanos, desde ya, o en un momento
dado, no son precisamente de signo comunista. Otra cosa es que interese crear
otra impresión.
Y, por cierto, que el tema de ser partidario de la república no es un problema
de derechas o izquierdas, es de ser demócrata o no serlo. Es la defensa de la
soberanía nacional por encima de ambiciones de casas, clanes económicos o
grupos de poder. El electorado del PSOE ha sido siempre republicano, y la gente
de centro, o de derechas, mínimamente abierta de mente que sea sinceramente demócrata,
es más republicana que monárquica. Al margen de los miedos históricos que
todavía pueden existir en muchas familias de la clase media, clase obrera, o de
la burguesía, por las consecuencias que la guerra civil tuvo para los abuelos,
lo cierto es que la monarquía sobrevive por la pura inercia del «atado y bien
atado» y de la debilidad de la sociedad civil frente al aparato del Estado,
heredado de la dictadura. Por eso, no es casual que cuando en muchas comunidades
autónomas surgen fuerzas que cuestionan o rompen el dogal de la partitocracia
existente, la posibilidad de cambios de fondo surja con fuerza.
Es más, de hecho tampoco se debe olvidar que efectivamente el país está
siendo gobernado por una coalición de partidos formalmente republicanos, con un
electorado de esa ideología, en mayor o menor grado.
Que el tema republicano no es sólo una cuestión de izquierdas, lo demuestra
Jesús Cacho, con mucho un liberal de centro, que en este país tardofranquista,
suena casi como un radical, cuyos artículos semanales o a diario en «El
Confidencial» digital, es recomendable leer. Cacho escribía el pasado 29 de
enero que la monarquía restaurada en 1975 en la persona de Juan Carlos I se
enfrenta a una crisis que «algunos califican de terminal. Los herederos del
franquismo pactaron el otorgamiento de una Constitución, la de 1978,
delimitando el terreno de juego para sus hacedores y garantes, que, a grandes
rasgos, eran la derecha española, el Partido Socialista y los nacionalistas
catalán y vasco. El experimento, ... llevaba, sin embargo, el germen de la
destrucción en su seno». Pero además, Federico Jiménez Losantos pedía la
abdicación del monarca actual a favor de su hijo, días después. Si añadimos
el nombre de Pablo Sebastián, en otro diario digital, tenemos que analistas muy
importantes del centro y de la derecha se cuestionan el marco político actual y
el papel de la monarquía.
Por el contrario, en un diario digital, «El plural.com», se habla de la «guerra
declarada de la COPE contra la monarquía» y destaca que resulta cada día más
evidente que «la COPE dispara desde sus cañones dialécticos de grueso calibre
contra la monarquía. O dicho de otro modo, la Iglesia católica está en contra
del Rey. Su silencio es elocuente. El asunto -de una gravedad creciente- no
tiene otra explicación».
Y si a todo esto, que configura una crisis política de fondo -que se podrá
aplazar más o menos tiempo, pero que ya no tiene solución en este marco político-
añadimos que el propio entorno de Zapatero no se aclara mucho sobre su apuesta
constitucional, el guiso final puede ser macabro.
Cacho sostiene también que el vistoso edificio ha empezado a derrumbarse como
un castillo de naipes. «El equipo de derribo ha pasado a ser dirigido por el
propio presidente del Gobierno, cuyo entorno ideológico considera, con la vista
puesta en el retrovisor de la historia, que hay que restablecer la legalidad
constitucional surgida tras la caída de la monarquía de Alfonso XIII y la
proclamación de la II República, legalidad violada por la rebelión de Franco,
puesto que la Constitución del 78 fue apenas un revoque de fachada».
La crisis es un hecho real, aunque los españoles asistan a la misma expectantes
y alejados de un ruedo político cuyas claves no entienden. La aparente
prosperidad económica de los noventa ha empezado a disminuir, y eso coloca en
mayores dificultades el mantenimiento del tinglado. Un sistema convertido en un
mal ejemplo de democracia: listas cerradas, partidos clientelares, justicia
dependiente, inseguridad jurídica del ciudadano, medios de comunicación
domesticados, torturas, espionaje político, corrupción extendida y élites
empresariales acostumbradas a hacer negocios a la sombra del poder político de
turno.
Una III República puede surgir de las contradicciones del actual sistema y de
la España plural que ya es un hecho en muchas comunidades autónomas. Una nación
capaz de edificar una democracia moderna, basada en el ejercicio de los derechos
ciudadanos, y que luche contra el empleo precario, el paro, las pensiones de
miseria y un modelo económico más acorde con la Europa del siglo XXI. Una España,
en definitiva, donde pudieran convivir, en paz, todos los españoles de
derechas, de centro, o de izquierdas, y se diese una estabilidad institucional y
un panorama autonómico definido.
*Aquilino González Neira es escritor.