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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
Para
Noviembre de 2005 el Gobierno programa la celebración de un homenaje a
Don Juan Carlos de Borbón y Borbón por el treinta aniversario de su
proclamación como Rey de España.
Ante este “homenaje” Unidad Cívica por la República desea expresar
su opinión, teniendo en cuenta que son palabras de Don Juan Carlos, la
siguiente frase: “Recibo de su S. E. el Jefe del Estado la legitimidad política
surgida el 18 de Julio de 1936”.
El Rey Borbón, bajo juramento, afirmó que la Cruzada del Caudillo
Franco legítimamente derrocó la República que se había constituido en 1931
con el voto del pueblo libremente en Cortes Constituyentes.
Así, a la muerte de Franco se estableció la “legitimidad monárquica”
de acuerdo con las Leyes Fundamentales del Movimiento. No se trata de una
Restauración (como la de Alfonso XII). Sino de la Instauración de otra Monarquía
creada por el Movimiento Nacional.
Don Juan Carlos firmó el Acta de aceptación ante el ministro de
Justicia como Notario Mayor del Reino después del juramento de cumplir las
leyes emanadas de las Cortes de la Dictadura en virtud de los votos de
falangistas, obispos, militares, financieros y del sindicato vertical, su elección
como sucesor del Dictador, que “solo era responsable ante Dios y la Historia,
a titulo de Rey”.
La Constitución democrática de
1978, dice en su disposición final que surgió por reforma de las
Leyes Fundamentales del Movimiento, que con la Constitución quedaban derogadas,
pero de ninguna manera con efectos retroactivos.
La legitimidad del Rey Juan Carlos I no nace de la Constitución de 1978,
que NO JURÓ, pero sí de su juramento de 1969 ratificado ante las Cortes de la
Dictadura, presididas por Francisco Franco.
Por tanto, afirmamos que el símbolo de Franco que hay hoy en la Villa y
Corte, Capital del Reino de España, Madrid, es Juan Carlos de Borbón y Borbón,
descendiente de Felipe V pero Rey gracias al Caudillo-Dictador.
Es verdad, que una noche del mes de Marzo el Gobierno actual retiró la
estatua de Franco que con caballo incluido había para vergüenza de la mayoría
de la gente frente a los Nuevos Ministerios, también es verdad que hoy y para
todo el territorio español la mayor representación de lo que fue el despotismo
y corrupción de la Dictadura es la Monarquía y su Soberano, Jefe del Ejército
y del Estado y como su antecesor solo responsable ante Dios y la Historia.
Nosotros tenemos las ideas suficientemente claras para manifestar y decir
a los promotores de los fastos a celebrar en el mes de Noviembre próximo que
“Se puede ser de derechas y republicano, pero jamás se puede ser de
izquierdas y monárquico, o juancarlista” como dicen de forma vergonzante ”demócratas
de toda la vida” que dan la espalda a la solución de graves problemas que
acucian nuestra sociedad.
Hay lacayos que se amparan en la monarquía para ejercer cargos públicos,
son simples oportunistas o trepas, es decir, súbditos y plebeyos, jamás
ciudadanos. El Ciudadano es demócrata, y por tanto republicano. En verdadera
democracia, República, el Soberano es el Pueblo. Todos iguales ante la Ley y la
Constitución de 1978 no es democrática ya que niega la Libertad, Igualdad y
Fraternidad, social y política, es decir el protagonismo del pueblo en su
promoción en todas las instituciones y estructuras de la sociedad, desde el
Municipio a la jefatura del Estado, tanto en lo individual como en lo colectivo
de forma autodeterminante, según los Derechos Humanos.
Promover y participar en el homenaje a un Rey que recibió su legitimidad
monárquica de acuerdo con las leyes fundamentales de la Dictadura, es aceptar
la condición de súbdito.
Hay una voluntad internacional de mantener viva la memoria sobre el
genocidio perpetuado por los nazis. Aquí, en España, Franco con apoyo de la
Iglesia Católica que firmó la “La Pastoral de la Cruzada”, parte del Ejército,
la Falange, Monarquía y marroquíes traídos de África con medios de destrucción
masiva, aviones, artillería, tanques, navíos y submarinos de los ejércitos de
Alemania e Italia también cometieron genocidio, no solamente los tres años de
guerra. Durante 40 años, hasta 1975 se asesinó a mansalva, en cárceles y
cunetas de carreteras y caminos, campos de concentración y trabajos forzados
como el Valle de los Caídos, construcción de canales, pantanos y carreteras.
La persecución fue tal que
durante muchos años si vivían en la Península no podían residir en su pueblo
o ciudad, líderes o responsables de sindicatos obreros, CNT o
UGT, a nivel de empresa industrial o agraria. La clase obrera quedó
completamente descabezada. Para alcaldes, concejales de municipios grandes o
pequeños, militantes de partidos de izquierdas, republicanos, marxistas y
masones, se hizo una ley especial de represión y condena, así como la ley de
vagos y maleantes.
De las universidades, hospitales, centros de investigación, prensa,
cooperativas y centros de instrucción pública apenas quedaron catedráticos,
científicos o profesionales
eminentes ya que la mayoría fueron promotores de la II República y esforzados
defensores comprometidos con la democracia por lo que fueron perseguidos siendo
asesinados o exiliados.
Recuperemos pues la memoria; que la juventud sepa lo que fue la II República
y coherentemente luche por la III. Denunciamos esto que actualmente llaman “el
Estado de Derecho” los “Demócratas
de toda la vida”, pero que fueron y son incapaces de denunciar y luchar contra
la dictadura y sus consecuencias, todavía hoy.
Reivindiquemos la transparencia de Libertad Igualdad y Fraternidad social
y política frente a la corrupción que
nos invade. Que solo puede hacerse realidad con la soberanía del pueblo.
Cambiemos la historia del País al grito de
¡Viva la III República!
Miquel Jordá.