Alameda, 5. 2º Izda.   Madrid   28014   Teléfono:  91 420 13 88    Fax: 91 420 20 04                                                                         Correo   

  No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

Homenaje  ¿Por y para qué?

     Miguel Jordá

          Para Noviembre de 2005 el Gobierno programa la celebración de un homenaje a  Don Juan Carlos de Borbón y Borbón por el treinta aniversario de su proclamación  como Rey de España.

       Ante este “homenaje” Unidad Cívica por la República desea expresar su opinión, teniendo en cuenta que son palabras de Don Juan Carlos, la siguiente frase: “Recibo de su S. E. el Jefe del Estado la legitimidad política surgida el 18 de Julio de 1936”.

          El Rey Borbón, bajo juramento, afirmó que la Cruzada del Caudillo Franco legítimamente derrocó la República que se había constituido en 1931 con el voto del pueblo libremente en Cortes Constituyentes.

           Así, a la muerte de Franco se estableció la “legitimidad monárquica” de acuerdo con las Leyes Fundamentales del Movimiento. No se trata de una Restauración (como la de Alfonso XII). Sino de la Instauración de otra Monarquía creada por el Movimiento Nacional.

          Don Juan Carlos firmó el Acta de aceptación ante el ministro de Justicia como Notario Mayor del Reino después del juramento de cumplir las leyes emanadas de las Cortes de la Dictadura en virtud de los votos de falangistas, obispos, militares, financieros y del sindicato vertical, su elección como sucesor del Dictador, que “solo era responsable ante Dios y la Historia, a titulo de Rey”.

          La Constitución democrática de 1978, dice en su disposición final que surgió por reforma de las Leyes Fundamentales del Movimiento, que con la Constitución quedaban derogadas, pero de ninguna manera con efectos retroactivos.

          La legitimidad del Rey Juan Carlos I no nace de la Constitución de 1978, que NO JURÓ, pero sí de su juramento de 1969 ratificado ante las Cortes de la Dictadura, presididas por Francisco Franco.

          Por tanto, afirmamos que el símbolo de Franco que hay hoy en la Villa y Corte, Capital del Reino de España, Madrid, es Juan Carlos de Borbón y Borbón, descendiente de Felipe V pero Rey gracias al Caudillo-Dictador.

          Es verdad, que una noche del mes de Marzo el Gobierno actual retiró la estatua de Franco que con caballo incluido había para vergüenza de la mayoría de la gente frente a los Nuevos Ministerios, también es verdad que hoy y para todo el territorio español la mayor representación de lo que fue el despotismo y corrupción de la Dictadura es la Monarquía y su Soberano, Jefe del Ejército y del Estado y como su antecesor solo responsable ante Dios y la Historia.

          Nosotros tenemos las ideas suficientemente claras para manifestar y decir a los promotores de los fastos a celebrar en el mes de Noviembre próximo que “Se puede ser de derechas y republicano, pero jamás se puede ser de izquierdas y monárquico, o juancarlista” como dicen de forma vergonzante ”demócratas de toda la vida” que dan la espalda a la solución de graves problemas que acucian nuestra sociedad.

           Hay lacayos que se amparan en la monarquía para ejercer cargos públicos, son simples oportunistas o trepas, es decir, súbditos y plebeyos, jamás ciudadanos. El Ciudadano es demócrata, y por tanto republicano. En verdadera democracia, República, el Soberano es el Pueblo. Todos iguales ante la Ley y la Constitución de 1978 no es democrática ya que niega la Libertad, Igualdad y Fraternidad, social y política, es decir el protagonismo del pueblo en su promoción en todas las instituciones y estructuras de la sociedad, desde el Municipio a la jefatura del Estado, tanto en lo individual como en lo colectivo de forma autodeterminante, según los Derechos Humanos.

          Promover y participar en el homenaje a un Rey que recibió su legitimidad monárquica de acuerdo con las leyes fundamentales de la Dictadura, es aceptar la condición de súbdito.

          Hay una voluntad internacional de mantener viva la memoria sobre el genocidio perpetuado por los nazis. Aquí, en España, Franco con apoyo de la Iglesia Católica que firmó la “La Pastoral de la Cruzada”, parte del Ejército, la Falange, Monarquía y marroquíes traídos de África con medios de destrucción masiva, aviones, artillería, tanques, navíos y submarinos de los ejércitos de Alemania e Italia también cometieron genocidio, no solamente los tres años de guerra. Durante 40 años, hasta 1975 se asesinó a mansalva, en cárceles y cunetas de carreteras y caminos, campos de concentración y trabajos forzados como el Valle de los Caídos, construcción de canales, pantanos y carreteras.

          La persecución  fue tal que durante muchos años si vivían en la Península no podían residir en su pueblo o ciudad, líderes o responsables de sindicatos obreros, CNT o  UGT, a nivel de empresa industrial o agraria. La clase obrera quedó completamente descabezada. Para alcaldes, concejales de municipios grandes o pequeños, militantes de partidos de izquierdas, republicanos, marxistas y masones, se hizo una ley especial de represión y condena, así como la ley de vagos y maleantes.

          De las universidades, hospitales, centros de investigación, prensa, cooperativas y centros de instrucción pública apenas quedaron catedráticos, científicos  o profesionales eminentes ya que la mayoría fueron promotores de la II República y esforzados defensores comprometidos con la democracia por lo que fueron perseguidos siendo asesinados o exiliados.

          Recuperemos pues la memoria; que la juventud sepa lo que fue la II República y coherentemente luche por la III. Denunciamos esto que actualmente llaman “el Estado de Derecho”  los “Demócratas de toda la vida”, pero que fueron y son incapaces de denunciar y luchar contra la dictadura y sus consecuencias, todavía hoy.

           Reivindiquemos la transparencia de Libertad Igualdad y Fraternidad social y política frente a la corrupción  que nos invade. Que solo puede hacerse realidad con la soberanía del pueblo.

           Cambiemos la historia del País al grito de

                                                                                 ¡Viva la III República!

 

                                                                                           Miquel Jordá.            

Página de inicio