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consiento que se hable mal de Franco en mi presencia.
Juan Carlos
«El Rey»
La
cuestión republicana
Lorenzo Cordero
La Voz de Asturias 5 de Mayo de 2005
El republicanismo es una ideología que no exige compromiso de militar en un partido político| Agotado el programa
de los actos reivindicativos de la Tercera República Española (más
los conmemorativos de la proclamación de la segunda el 14 de abril de
1931, arrasada poco después por el golpe militar del 18 de julio de
1936), creo que, como recomendaba don Manuel Azaña --aunque a
propósito de otra cuestión--, los actuales republicanos españoles
podrían aprovechar este largo silencio sabático para dedicarse al
estudio de la cuestión. Sobre todo, para poner orden en esas episódicas
reacciones emocionales que un deseo de tan compleja naturaleza política
despierta puntualmente --una vez al año y por el mes de abril-- en el
alma angustiada de muchos españoles comprometidos, también
emocionalmente, con el idealismo republicano.
Conviene tener muy claro que el republicanismo es una ideología que no exige un compromiso de militancia en un partido político. Decía un brillante profesor español de lenguas y literaturas románicas, en la Universidad de Harvard, que la condición de republicano sobrepasa la de una mera pertenencia a un partido. Y advertía de que el republicanismo español de la época de la dictadura franquista es "el equivalente en nuestro tiempo al liberal español en los años de la ominosa década fernandina" (Juan Marichal, El nuevo pensamiento político español. Finisterre. México, 1974) Transcurridos casi treinta años de la proclamación de la vigente Constitución Española (1978), y después de aquella "ilusa experiencia de la Transición" (Antonio García-Trevijano, El discurso de la República. Temas de Hoy. Madrid, 1994), podría haber llegado el momento oportuno para dedicarse a tratar con rigor intelectual y seriedad política el estado del republicanismo en la España actual. Sobre todo, después de haber asistido --sólo como convidados de piedra-- al extraño fenómeno político de cómo la hipotética "rehabilitación" de la izquierda española permitió consolidarse a la derecha tradicional. Aquellos que hace treinta años pensaban que la restauración franquista de la monarquía sería el prólogo de la inevitable recuperación de la República (por ejemplo, don Claudio Sánchez Albornoz), hoy percibirían que lo único que se ha conseguido, con esa restauración incondicional de la dinastía Borbón, ha sido darle a la monarquía una estabilidad a prueba de "utopismos" republicanos.
QUIZAS, ESTAprevisión ya la había adivinado aquel general, que acaudilló el golpe de Estado en 1936 contra la República, cuando dispuso el modelo de la restauración monárquica que sustituiría a su declinante régimen dictatorial. A pesar de la dura oposición de los conspicuos falangistas que le rodeaban en permanente acto de adulación. Pero, además, la restauración franquista contó con la complicidad --tácita o expresa...-- de los grupos políticos históricos de la Segunda República; los cuales, con el pretexto de contribuir a una "reconciliación nacional" que, supuestamente, borraría de la historia cuarenta años de un oprobioso "cainismo" institucionalizado, y para evitar otra (hipotética) guerra civil, apoyaron sin condiciones la vuelta de la monarquía. Es decir, se resignaron igual que se resignó don Emilio Castelar cuando Cánovas impuso la Restauración de 1875. Con el triunfo monárquico en la controladísima transición se abrió un periodo político "neoposibilista" en este país, que permitió legitimizar --sin darles a los españoles la oportunidad de sancionar libremente esa legalidad-- la restauración "hacia la derecha"...
EN ESTAsituación, veintisiete años después de aquel gran alarido "democrático" del franquismo reformado, el republicanismo en España sigue estando sometido al cauteloso "neoposibilismo" que practican con especial esmero los dos partidos mayoritarios, que han secuestrado, para su propio provecho, la voluntad popular. Lo mismo que ocurrió durante las décadas postreras del siglo XIX, con la hegemonía política compartida entre los conservadores y los liberales. Sin embargo, ha sido la izquierda republicanista la única que, durante la transición, aceptó sacrificar su propio futuro para que los intereses dinásticos de una monarquía legitimada sólo orgánicamente no sufran deterioros "ideológicos"... Seguramente, esta neoizquierda española quiere pasar a la Historia --con mayúscula-- como un ejemplo de moderación heroica. Sentirse republicano hoy --en medio de la fuerte marejada rosa que pule la dura roca de la monarquía-- constituye un conflicto personal e íntimo. Como señalaba don Manuel Azaña en un folleto titulado Apelando a la República, publicado en 1934, esa situación es equivalente a "querer la libertad o no quererla". *Periodista. |