Acaso el año que viene,
cuando se celebre el 75º aniversario del advenimiento de la II República
Española, se consiga, merced al extendido gusto de conmemorar números
redondos, recuperar y restaurar la memoria de lo que fue, de lo que significó
y de lo que podría haber sido de no haber mediado un golpe de estado fascista
y la Guerra subsiguiente, aquél suceso político que fue saludado con
esperanza y júbilo por la mayoría de la población.
Hoy se celebra el 74º aniversario de la proclamación de la República, pero
casi 70 años de memoria bastardeada por quienes la destruyeron, hurta a los
españoles el derecho a conocer un episodio de su historia.
Con esfuerzo de los particulares y escaso apoyo de las instituciones se ha
conseguido reconstruir la historia y la memoria de la Guerra de España y del
sufrimiento impuesto por la tiranía franquista, así como la de las víctimas
de su inicua e interminable Victoria, pero no se ha alcanzado a desbrozar la
verdadera historia de aquél suceso democrático, de educación, paz y
progreso que representó, durante el breve espacio de tiempo que tuvo la República,
la historiografía franquista se empeñó en presentarla asociada a la Guerra
o como causa primigenia. Aquella República del 14 de abril no murió el 28 de
marzo de 1939, sino el 18 de julio del 36, y ya es hora de que el olvido y
elsilencio la sigan matando.