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Catalunya en el disparadero
Arturo
Villar
UCR
27
de Noviembre de 2009
Parece que
los magistrados del Tribunal Constitucional se deciden a
publicar su decisión acerca del Estatut de Catalunya,
después de tres años largos de deliberaciones. ¿Qué le
ocurriría a cualquier trabajador de cualquier país que
se pasara tres años deliberando si ejecutaba su trabajo?
¿Se aceptaría que un médico estuviera tres años
contemplando una radiografía para emitir un diagnóstico?
¿O que un albañil dedicara tres años a meditar si subía
al andamio? Habría que exigir a los magistrados que
devuelvan los salarios cobrados durante este tiempo de
deliberación.
Podría
hacerlo el pueblo si fuese cierto lo que dice el segundo
punto del artículo primero de la vigente Constitución de
la monarquía del 18 de julio instaurada por el
dictadorísimo: “La soberanía nacional reside en el
pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.”
Sin
embargo, el punto primero del artículo 117 dice: “La
justicia emana del pueblo y se administra en nombre del
Rey”. Por eso las sentencias comienzan con esta frase:
“En nombre del Rey.” El rey de España es el único
soberano, y el pueblo es súbdito sumiso. En
consecuencia, los magistrados del Tribunal
Constitucional dictan las sentencias que convienen al
rey, y no al pueblo. Si el pueblo fuera soberano
efectivamente, nada habría que discutir, puesto que el
Estatut fue aprobado en referéndum por el pueblo
catalán, y ningún poder estaría facultado para
discutirlo. Pero en España solamente hay dos soberanos:
el rey y una marca de brandy.
Para que el
pueblo catalán sea soberano tiene que proclamar la
República. El 26 de setiembre de 1932 dijo Manuel Azaña
en Barcelona: “Ya no hay en España reyes que puedan
declarar la guerra a Cataluña. Vuestro himno histórico
se queda sin enemigo a quien motejar, ya no hay reyes
que te declaren la guerra, Cataluña, hay una República
que instaura la paz, que restablece el derecho, que
funda la nueva España en la justicia, la igualdad y la
libertad.”
Un grupo de
militares monárquicos se sublevó contra la República
Española, y declaró la guerra al pueblo español, que al
perderla perdió su soberanía. Para que la voluntad del
pueblo catalán sea soberana tendrá que recuperar la
libertad perdida, y eso únicamente lo conseguirá con la
República. La Constitución de la República Española,
aprobada por las Cortes el 9 de diciembre de 1931, dice
en el primer punto del artículo 94: “La Justicia se
administra en nombre del Estado.” Es señal de libertad,
de igualdad y de fraternidad.
Ahora hay
un rey que puede declarar la guerra a Catalunya, porque
lo impuso la voluntad omnímoda del dictadorísimo; pero
es el momento de recuperar su soberanía. Catalunya debe
dar el ejemplo a España.
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Arturo
Villar
es Presidente
del Colectivo Republicano Tercer Milenio
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