¿Transición ejemplar?
Carolina Bescansa, Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, Ariel Jerez,
Juan Carlos Monedero y Pablo Sánchez León
Público 14 de Diciembre de 2008
Un año más, los relatos sobre la Transición que ocupan los circuitos institucionales de difusión cultural se articulan sobre un eje tan elitista y autorreferencial como contradictorio, sobre una cadena de contrasentidos que sólo a base de machacona repetición y convenientes silencios ha terminado por convertirse en palabra merecedora de crédito y en credo.
De manera insistente y monótona, los
relatores oficiales de la Transición tejen
con envejecido entusiasmo una historia sin
fisuras; en la que un pueblo español,
valiente y prudente a partes iguales, se
convierte en emancipado protagonista de su
destino a través de la entrega de su
voluntad política –moderada y centrista– a
los grandes pilotos de una transición que,
por pacífica, por su capacidad de
reconciliación y de modernización, resultó
tan ejemplar como para pretender ser emulada
en el mundo, primero por las hermanas de
América Latina y las de Europa del Este
después.
Hace unos días se celebraron en la Facultad
de Ciencias Políticas y Sociología de la
Universidad Complutense unas jornadas de
reflexión sobre la Transición española bajo
el mismo título que encabeza este artículo.
Muchas personas, desde distintas
perspectivas y experiencias, aportaron sus
vivencias y reflexiones sobre la dictadura y
su transición, de las que las ideas aquí
presentes son deudoras. Cabe empezar
destacando un lugar común en todos los
debates: el acuerdo de que, en algún momento
de aquel proceso, nos robaron la historia,
se quedaron con ella y nos dejaron a todos
desposeídos de las herramientas necesarias
para entender nuestra identidad y disputas
democráticas.
Las supuestas virtudes de la Transición
representan un elemento incuestionado de las
ciencias sociales elaboradas en nuestro
país, especialmente en la ciencia política y
la historiografía. No obstante, permanece el
reto de pensar críticamente muchas
dimensiones incómodas de nuestra realidad
social y política, que se vinculan a esos
acuerdos transaccionales que renunciaron a
demoler el grueso de la herencia franquista.
Por cuestiones de espacio, no abordamos aquí
materias institucionales más o menos
transitadas recientemente en la opinión
pública y sin duda centrales en el
encorsetamiento conservador diseñado en la
Transición (sistema electoral, Monarquía,
las cuestiones nacionales, clausura del
derecho a la verdad, la reparación y la
justicia), para atender otras cuestiones
esenciales en el mantenimiento de su
hegemonía social.
A fecha de hoy, una mirada rápida a la
situación de la educación pública en España
da cuenta de una cadena de anomalías
difíciles de comprender en democracia. Un
tercio de los niños y jóvenes en España
cursa estudios en centros privados o
concertados. El 70% de esos centros son
católicos. En el año 2003, los centros
católicos concertados o privados recibieron
del Estado una financiación de alrededor de
2.700 millones de euros, sin contar la
partida presupuestaria destinada a financiar
la enseñanza de la asignatura de religión en
los centros públicos. ¿Se puede entender
esta realidad sin referirnos al Concordato,
sin analizar quiénes suscribieron aquellos
acuerdos y quiénes los han sostenido?
¿Sabemos que los fondos públicos
transferidos a esta institución religiosa
equivalen aproximadamente a los necesarios
para poner en marcha la educación infantil
pública? ¿Qué ocurrió con la iglesia
católica cuando murió Franco? ¿De dónde, por
ejemplo, salió la cadena Cope?
El gasto social en España alcanza hoy el 19%
del PIB. Está situado 10 puntos por debajo
de la media europea y 20 puntos por debajo
de Suecia. En este campo el profesor Vicenç
Navarro explica con desgarradora
transparencia cómo la clase social pesa hoy
en la esperanza media de vida: entre los
cinco estratos que separan la alta burguesía
financiera y los trabajadores no
cualificados que han conocido el paro, hay
diez años de diferencia. ¿Cómo puede estar
ocurriendo esto en un país que ha sido
gobernado por un supuesto centro-izquierda
durante 18 de los últimos 26 años? ¿Por qué,
por ejemplo, la salud buco-dental no está
incluida en la Seguridad Social? ¿Es posible
explicar este déficit social sin denunciar
el papel jugado por los sindicatos
hegemónicos? ¿Cuándo y cómo unos sindicatos
se hicieron mayoritarios y otros no? ¿Qué se
firmó en los Pactos de la Moncloa?
La ausencia de una intervención pública
profundizadora de la democracia en el campo
de la industria mediática y cultural iluminó
de catódicos colores nuestro salto de la
premodernidad a la postmodernidad. Están aún
por evaluar continuismos y simulacros en
numerosas arenas culturales (universidades,
investigación, políticas culturales,
emporios mediáticos…). La visualización de
la modernización cultural en la movida
cumplió múltiples objetivos de
desorientación y legitimación, pero la
fiesta tuvo nefastas consecuencias: además
de la generación perdida de la heroína en
los ochenta, hoy somos el país del mundo con
la tasa más elevada de consumo de cocaína y
con otros puestos de cabeza en consumo y
adicción. ¿Cuándo empezó todo esto? ¿Somos
conscientes de cómo pesa en nuestra vida
ciudadana la cultura del espectáculo
aderezada de fiesta? ¿En qué medida nuestras
instituciones trabajan para conseguir la
cultura crítica que requiere la vida
democrática?
Conforme pasa el tiempo, se van acumulando
las preguntas sin respuesta sobre nuestra
siempre presente historia. Podemos seguir
como hasta ahora: anotamos las preguntas en
un cuaderno, lo guardamos en el último cajón
y volvemos a llamar a los pilotos de la
Transición para que nos cuenten el relato
del alunizaje democrático. O podemos dar
otro paso adelante, subvertir los órdenes de
nuestra historia y sus discursos y empezar a
entender dónde estamos y cómo hemos llegado
hasta aquí. Se están abriendo los caminos:
inundémoslos con los viejos y nuevos relatos
y abordemos de una vez el combate de las
representaciones.
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Carolina Bescansa, Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, Ariel Jerez, Juan Carlos Monedero y Pablo Sánchez León son Profesores-investigadores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología (UCM)
Ilustración de Mikel Jaso