La
rebelión individual (II)
José López
UCR
12 de Noviembre de 2008
O la materia prima de la verdadera
Revolución. De la importancia capital de la actitud personal de
cada individuo para cambiar el sistema. En la primera parte
vimos cómo todos tenemos margen de maniobra, cómo el control
social tiene sus límites y cómo el sistema lo hacemos entre
todos y nos afecta a todos. En esta segunda parte vamos a ver
cómo podría cambiarse el sistema entre todos.
1) El sistema podemos y debemos cambiarlo
entre todos
No nos sirve de nada ser conscientes de la situación, conseguir
poner en "evidencia" al sistema, analizar las causas de porqué
no funciona, llegar a la conclusión de que es posible y
necesario cambiarlo, si a continuación no intentamos cambiarlo
de alguna manera, si por lo menos no lo intentamos. El
análisis de la situación es imprescindible, pero debe
representar un primer paso, no debe ser el fin en sí mismo, es
necesario también buscar soluciones e intentar implementarlas.
Si tenemos claro que la forma más razonable de avanzar es
desarrollando la democracia, pero también tenemos claro que
el sistema va a impedirlo (como siempre ha hecho) por todos los
medios posibles (no va a renunciar a perder el control),
entonces ¿Qué salida nos queda? ¿Cómo podemos "forzar" la
situación? La respuesta es evidente, la única salida que
tenemos es, como siempre, LUCHAR.
La lucha por la emancipación debe ser en TODOS los frentes y
usando TODOS los medios (pacíficos) posibles. Dichas luchas se
complementan y sin todas ellas no puede hacerse una lucha global
y total (que es la que se necesita).
a) Colectivamente
Indudablemente es imprescindible organizarse y coordinarse
para luchar. La unión hace la fuerza. El "enemigo" es
demasiado poderoso para combatirlo exclusivamente de forma
individual. La lucha debe ser siempre pacífica y desde dentro
del propio sistema siempre que sea posible, siempre que el
sistema tenga algún flanco, alguna grieta, y normalmente casi
siempre la hay. Puede ser así aparentemente más lenta (si
analizamos los resultados a corto plazo) pero a largo plazo
puede ser más segura y rápida. La clásica estrategia de dos
pasos adelante y un paso atrás, muchas veces se ha convertido en
un paso adelante y dos pasos atrás. Es preferible un avance
CONTINUO pero SEGURO, que un avance "a saltos" discontinuo con
muchas paradas y retrocesos. Esto es como el cuento de la liebre
y la tortuga. La experiencia nos ha demostrado que el sistema
aprovecha los fracasos para contraatacar con más virulencia y
provocar retrocesos importantes y, lo que es peor, para provocar
el desánimo generalizado que impida volver a intentar cambios.
Evidentemente hay que organizarse a nivel local pero también a
nivel internacional, porque la "guerra" es internacional. La
izquierda debe aprender de sus errores y emplear otras tácticas
en esta "guerra" sin cuartel (ver mi anterior artículo Los
desafíos de la izquierda en el siglo XXI). Pero esta
"guerra" debe ser una "guerra" de ideas, las "armas" son las
palabras, la inteligencia, la razón, el sentido común, la
memoria, el conocimiento, la información . Hay que empezar a
cambiar el sistema desde dentro (intentando reformarlo, pero
de verdad, no sólo aparentemente, y sobre todo de forma
continua) y simultáneamente hay que empezar a construir un
sistema nuevo dentro del viejo (en aquellos ámbitos donde el
sistema actual no puede ejercer toda su influencia, en las
organizaciones populares, que deben servir de "conejillos de
indias", de "laboratorios de experimentación social"), un
sistema nuevo que deberá ir ganando terreno como si fuera una
"quinta columna".
b) Individualmente
Pero además de organizarse colectivamente, también es necesario,
es imprescindible un cambio de actitud generalizado de las
personas que conformamos el sistema. Es más, sin este cambio
de actitud individual y personal, probablemente tampoco será
posible la lucha organizada (la verdadera unión de las personas
debe sustentarse en la actitud individual de cada una de ellas
por dicha unión, en su compromiso personal, en su motivación, en
su responsabilidad) o no servirá de nada. El sistema siempre ha
intentado anular al individuo, como estrategia elemental de
anulación de las masas. La alienación de las masas pasa por
la alienación de cada individuo. Por tanto la emancipación
social debe pasar también por la emancipación personal. Una
revolución que no consigue emancipar a los individuos de una
sociedad, lo único que hace es cambiar la forma de alienación de
la misma, no la libera. La verdadera revolución social
necesita de la "revolución individual".
Sólo cuando cada uno de nosotros cambie de actitud, cuando
queramos realmente cambiar para mejorar, cuando aprendamos a
pensar bien (a usar adecuadamente nuestras mejores capacidades
mentales), a ser libres (sin necesidad de tutores ni de líderes,
sabiendo que nuestra libertad acaba donde empieza la de otros,
considerando que sólo seremos verdaderamente libres cuando
usemos la libertad con responsabilidad), a respetar al prójimo
(aunque lo aborrezcamos o sea radicalmente diferente), a
ponernos en el puesto de otros (para comprenderlos mejor), a ser
tolerantes, a ser sinceros (para con nosotros mismos y para con
los demás, a practicar la sinceridad pero también a valorarla
cuando los demás la practican hacia nosotros), a criticar
(constructivamente) pero también a encajar las críticas hacia
nosotros, a darnos cuenta de que nadie posee la "verdad
absoluta" (de que podemos estar más o menos equivocados, de que
todo es más o menos cuestionable), a evitar asumir ideas sin
criticarlas por el simple hecho de ser verdades
"incuestionables" o "aceptadas" (pensamiento crítico), a cambiar
nuestras ideas cuando lleguemos a estar convencidos de que eran
erróneas (pero al mismo tiempo a ser firmes en nuestras
convicciones hasta que ya no estemos seguros de ellas, tampoco
se trata de cambiar alegremente nuestros principios sin estar
convencidos y tampoco se trata de cambiarlos constantemente "al
son que toca" o por interés, así como tampoco se trata de
aferrarse a ellos de forma cerrada y a perpetuidad sin dar
opción de cuestionarlos), a practicar nuestros principios
cotidianamente de forma coherente (predicando con el ejemplo), a
respetarnos a nosotros mismos (y a exigir a los demás que nos
respeten también, a exigir un trato digno), a tener paciencia
para aprender o para enseñar (para cambiar las cosas se requiere
de mucha paciencia), a compartir, a esforzarnos (o por lo menos
a no acomodarnos en exceso), a tener una visión amplia y general
de las cosas (a controlar nuestro egoísmo y nuestro egocentrismo
para evitar que nos "nublen la vista", a no perdernos en los
detalles, a evitar que "las ramas no nos dejen ver el bosque"),
a "pensar globalmente y actuar localmente", a pensar más a largo
plazo, a reconocer nuestros errores y a rectificar, a pedir
perdón (pero sinceramente y coherentemente, evitando volver a
cometer los errores por los que nos disculpamos), a aceptar la
voluntad mayoritaria (lo cual no significa asumirla ni anular
nuestro espíritu crítico o nuestra discrepancia), a ser
verdaderos demócratas, a rebelarnos "con causa" (a no consentir
las injusticias), a implicarnos, a dialogar y resolver nuestras
diferencias pacíficamente, a ser nosotros mismos, a pensar por
nosotros mismos (a rebelarnos contra el pensamiento de grupo,
contra el miedo a ser diferentes), a ser independientes (a la
vez que solidarios y comprometidos), a no dejarnos impresionar
por las verdades "emitidas" por las "autoridades intelectuales"
(y en vez de ello a intentar entenderlas o rebatirlas), a evitar
el elitismo intelectual (a juzgar las ideas sin importarnos
quién las dice, sin caer en el error de darles más o menos
validez en función de la fama o anonimato de sus autores), a
perder el miedo y el orgullo de reconocer que no sabemos (a
preguntar en público nuestras dudas), a reconocer que no lo
sabemos todo (ni nunca lo conseguiremos, lo cual no impide
aspirar a aumentar nuestros conocimientos), a ser humildes (pero
no sumisos ni complacientes), a ser inconformistas (a darnos
cuenta de que todo siempre es mejorable), a seleccionar lo
prioritario frente a lo secundario (no podemos abarcarlo todo),
a distinguir entre lo superfluo y lo verdaderamente importante,
a no dejarnos engañar por las apariencias o las "etiquetas" (a
no juzgar "el contenido por el envoltorio"), a darnos cuenta de
que todo nos "salpica" más de lo que creemos (tarde o pronto), a
darnos cuenta de que "cualquier día nos puede tocar a nosotros",
a darnos cuenta de que la unión hace la fuerza (de que el
sistema no tendría NADA que hacer si estuviéramos unidos), a
darnos cuenta de que el problema muchas veces no es tanto la
falta de recursos sino su mala distribución, a no dejarnos
dominar por nuestros miedos, a tener coraje (a buscar la verdad,
contrastando las versiones opuestas de los hechos o de las
ideas, aunque pueda poner en entredicho nuestras más firmes
"creencias", y a decirla), a informarnos antes de opinar (a ser
prudentes y no opinar cuando no tenemos información suficiente o
"sólida"), a buscar siempre el "equilibrio" (tan necesario en
todas las facetas de nuestra existencia, por ejemplo tan
importante es la teoría como la práctica), a profundizar en vez
de "quedarnos en la superficie" (a analizar siempre el porqué de
las cosas), a no autoengañarnos con medidas "parciales"
(comprendiendo que los problemas no se solucionan con "parches",
comprendiendo que la caridad no resuelve la pobreza, que hay que
"atacar" las causas de la misma, comprendiendo que la labor de
una ONG no es suficiente, que es necesario exigir a los
gobiernos POLÍTICAS que erradiquen el hambre, la violencia,…), a
valorar más la calidad que la cantidad (de información, de
formación, de comunicación, …), a evitar las prisas (a evitar
correr sin motivo, sin necesidad, a darnos cuenta de que estamos
inmersos en una "carrera" absurda sin ninguna meta, a darnos
cuenta de que es imposible hacer las cosas bien corriendo, de
que es preferible hacer poco bien que mucho mal, de que correr
nos impide pensar bien), a disfrutar con las cosas sencillas y
verdaderamente importantes de la vida sin necesidad de rodearnos
de multitud de "cacharros" (a darnos cuenta de que no siempre lo
más caro es lo mejor, de que al contrario, las mejores cosas de
la vida son "gratis"), a respetar la naturaleza y a disfrutarla,
a centrar nuestras energías en lo verdaderamente importante (a
emplear nuestro preciado tiempo adecuadamente), a distinguir
entre los medios y los fines, a distinguir entre el fondo y la
forma, a enfrentarnos a los problemas, a buscar soluciones en
vez de quejarnos tanto, a asumir nuestras responsabilidades (en
vez de intentar siempre redirigirlas a otros), a ser honestos, a
ser coherentes (en vez de criticar a otros lo que luego también
hacemos nosotros), a autoexigirnos antes que a exigir a los
demás, a trabajar para vivir en vez de vivir para trabajar, a
vivir en vez de conformarnos con sobrevivir, a vivir y dejar
vivir, a colaborar más que a competir (sin renunciar a cierta
competencia "sana" y "moderada"), a darnos cuenta de que "dicen"
más los hechos que las palabras (de que las mentiras se pueden
poner en evidencia contrastándolas con los hechos, de que la
retórica sirve frecuentemente a la mentira), a desconfiar de la
demagogia (del falso halago interesado, uno de los principales
instrumentos de dominación del poder), a no dejarnos manipular
por el poder mediante los patriotismos o los nacionalismos (a
darnos cuenta de que, al margen de la natural "identificación"
con nuestros semejantes más "cercanos", de la natural simpatía
por lo próximo, las personas de otras naciones son en esencia
como nosotros, son seres humanos con ciertas diferencias
culturales, pero con unas inquietudes y necesidades básicas
idénticas a las nuestras, a darnos cuenta de que la lealtad debe
ser para con los principios, para con la verdad, para con el
pueblo, para con la democracia, para con los derechos humanos),
a respetar las diferencias (a respetar a los seres que son
diferentes a nosotros, a no tener miedo a las personas
distintas, a las personas de otras culturas o de otros países, a
darnos cuenta de que ser distintos no significa ser superiores o
inferiores, de que ser mejores en algunos aspectos no nos hace
superiores globalmente, a darnos cuenta de que incluso aun
asumiendo cierta superioridad, siempre muy discutible, nunca
puede justificarse la falta de respeto ni la imposición en base
a ella, no respetar nos hace "incivilizados", es la prueba más
palpable de que no somos "superiores"), a evitar las guerras (a
prevenirlas, a combatir sus causas, a elegir siempre que sea
posible el camino de la paz, de la lucha pacífica), a ……, es
cuando realmente podremos cambiar la sociedad.
Sino, no nos sirven de casi nada las revoluciones porque
sustituimos unos poderes por otros, porque sustituimos un
sistema deleznable por otro que reproducirá sus mismos defectos
tarde o pronto (aunque bajo otras formas), porque nos "quedamos
a medias". Si queremos construir un mundo mejor debemos
empezar por cambiar nosotros mismos, debemos empezar por
rebelarnos contra todo lo que nos oprime, contra todo lo que nos
aliena, contra todos nuestros defectos. Debemos liberarnos de
nosotros mismos, de nuestra parte negativa, de nuestros
"demonios", de nuestros "infiernos". Muchas revoluciones han
fracasado porque al lado de grandes personas que eran diferentes
y que practicaban una actitud personal profundamente
revolucionaria, profundamente transgresora, porque practicaban
una revolución individual contra sus características más
negativas como seres humanos, que usaban el margen de maniobra
que nos permite evolucionar y cambiar, que luchaban también
contra sí mismos, se han visto secundadas por otras personas que
lejos de practicar la misma "rebelión individual", en el fondo
lo único que querían era satisfacer sus ambiciones personales,
personas que se "vendieron" (no necesariamente al poder anterior
sino que a sus propios y peores sentimientos, a los principios
que encarnaba dicho poder) y traicionaron los ideales iniciales
de las revoluciones. Es necesario un compromiso personal
sincero, una responsabilidad individual, una verdadera voluntad
por cambiar, por parte de cada uno de nosotros.
Así como la emancipación social (o conjunta) no se producirá por
sí sola, la emancipación individual tampoco. Nunca los
avances sociales se han producido por sí solos, siempre han
requerido un enorme esfuerzo y sacrificio de personas con
nombres y apellidos comprometidas PERSONALMENTE (a veces incluso
hasta el punto de sacrificar sus propias vidas). El sistema
establecido, el poder, nunca ha llevado la iniciativa (al
contrario ha intentado siempre evitar los avances, reprimirlos).
Dichos avances siempre han requerido una lucha social
(organizada) sustentada en una lucha personal e individual de
sus líderes. Siempre han sido pocas personas las que han
llevado el verdadero peso de intentar cambiar las cosas. El
resto de personas se ha dejado llevar, en el mejor de los casos.
Por esto el sistema siempre ha tenido bastante fácil combatir
dichos intentos de avances, muchas veces bastaba con "eliminar"
a los líderes, y otras veces cuando éstos desaparecían
inevitablemente, desaparecían los ideales por los que se
luchaba. Ésta sea quizás una de las causas de fondo del fracaso
de las revoluciones, sólo ha habido una minoría que ha hecho el
enorme esfuerzo de intentar cambiar el mundo. Pero cambiar el
mundo requiere un esfuerzo conjunto de la mayor parte de la
sociedad. Ésta no puede cambiar realmente si no lo hace la
mayor parte de su población. La responsabilidad de cambiar el
sistema debe ser compartida por la mayor parte de las personas
del que formamos parte, no se puede ni se debe delegar dicha
responsabilidad en otros. Mientras la mayoría de las personas no
comparta la actitud individual de aquellas personas que han
elegido el camino de la justicia, de la paz, de la lucha social
por un mundo mejor, en realidad toda lucha está condenada al
fracaso. No se puede pedir que el enorme esfuerzo de cambiar
el sistema, de luchar contra el poder, recaiga sobre las
espaldas de "cuatro" líderes. Además siempre es peligroso
depender de pocas personas. Como dijo Bertolt Brecht,
Desgraciado el país que necesita héroes. La verdadera
emancipación social sólo es posible sin grandes liderazgos, no
debemos esperar a que nadie nos libere por nosotros. No podemos
emanciparnos sometiéndonos a las autoridades (ya sean las del
poder tradicional o las de los liderazgos revolucionarios, las
del nuevo poder). No podemos emanciparnos si nosotros mismos
no lo deseamos (al desear depender de "pastores" como si
fuéramos "ovejas").
Esto no quiere decir que cada uno de nosotros deba ir por su
propio camino de forma totalmente aislada, ni mucho menos.
Estamos hablando de una rebelión individual, no individualista,
como complemento de una rebelión conjunta o social. Quiere decir
que es necesario unirnos para luchar, pero desde una actitud
de compromiso y responsabilidad PERSONAL compartida, que
es necesario unirnos pero sin anularnos como individuos, sin
delegar nuestra forma de ser o de pensar en nadie. Podremos
delegar en cierta medida, es necesario siempre de alguna manera
delegar para poder organizarse, siempre es necesario cierto
liderazgo, pero debemos hacerlo siempre con una actitud abierta
y alerta ante los acontecimientos, ante los resultados de
nuestra delegación, sin que ésta sea un "cheque en blanco
eterno". Quiere decir que además de colaborar con organizaciones
populares que luchen por la verdadera democracia, también
podemos luchar individualmente usando los medios a nuestro
alcance (por ejemplo Internet) para difundir activamente
ideas, para debatir, para luchar en el "frente de las ideas".
Hay que propagar la idea de la necesidad de avanzar en
democracia a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros
compañeros de trabajo, además de acudir a asambleas o a
manifestaciones en la calle. Hay que ser ACTIVO también a
nivel individual.
Asimismo es muy difícil (aunque no imposible) emanciparnos
individualmente sin ninguna ayuda externa, indudablemente el
contexto influye. Pero tampoco debemos esperar a que se
produzcan las condiciones ideales porque probablemente éstas
nunca vendrán. Hay que empezar a hacerlo incluso en condiciones
adversas. Esto requiere esfuerzo, pero en algún
momento se tiene que romper el círculo vicioso de que el sistema
no cambia si no cambiamos los individuos y de que los individuos
no cambian si el sistema no cambia (y el sistema no cambiará
"desde arriba" porque precisamente "arriba" no quieren
cambiarlo, necesitan evitar cambiarlo). Podemos intentar
empezar a cambiar en nuestra vida personal, además de en nuestra
vida social o política. En el día a día. Lo
fundamental es empezar a rebelarnos, empezar a practicar la
rebelión individual.
Rebelándonos contra la apatía, contra el pesimismo, contra
la pereza, contra la obsesión por el dinero (una vez sobrepasado
cierto umbral no nos hace necesariamente más felices, ¿para qué
queremos más dinero si luego no disponemos de tiempo para
gastarlo?), contra la codicia, contra la avaricia, contra la
envidia, contra la excesiva comodidad (que nos impide rebelarnos
porque siempre esperamos a que otro lo haga por nosotros),
contra el individualismo (que nos hace perder de vista nuestra
naturaleza social), contra el gregarismo (que nos anula como
individuos), contra el consumismo (desoyendo la publicidad,
quitando el volumen de la tele, comprando sólo cuando realmente
lo necesitemos), contra el trabajo alienante (esforzándonos lo
mínimo posible, practicando una "venganza silenciosa"), contra
la "información" de los medios de comunicación "oficiales"
(tomándonos con mucha prudencia la "información" que nos
proporcionan, siendo conscientes de que está manipulada y
autocensurada, observando cómo funciona dicha manipulación, cómo
se dan las versiones de una de las partes y no de la otra, cómo
siempre se da "voz" a los mismos, cómo no se analizan las causas
de fondo, contrastando la "información" de los medios
"oficiales" con la prensa alternativa accesible en Internet, con
la realidad que nos rodea, con nuestro sentido común), contra
los prejuicios de la hegemonía cultural impuesta (poniéndolos a
prueba y en evidencia siempre que sea posible, pensando en vez
de creer a ciegas), contra las ideas que el sistema "emite" para
dividir a los trabajadores (comprendiendo las causas de las
huelgas, comprendiendo que los primeros perjudicados de las
mismas son los propios huelguistas, comprendiendo e
identificando la táctica que hace el sistema de querer enfrentar
entre sí a los trabajadores realzando los inconvenientes sobre
la población de las huelgas y a la vez ocultando las verdaderas
causas de las mismas), contra las verdades "establecidas" (yendo
más allá de lo que se nos dice, practicando la duda metódica,
recuperando la curiosidad como motor del conocimiento, no
dejando de perder de vista lo importante, impidiendo que nos
distraigan con "cortinas de humo", analizando para conocer las
causas de los problemas, relacionando las causas y sus efectos),
contra el eufemismo (tan usado en el lenguaje políticamente
correcto para suavizar la realidad, para "enmascararla"), contra
nuestro papel de meras "marionetas" en las "democracias"
actuales (usando nuestro poder de voto adecuadamente, usando la
abstención cuando sea necesario, no participando en encuestas
absurdas que sólo sirven para legitimar al sistema y hacernos
creer que hacen algo por nosotros, no colaborando con la prensa
"oficial" haciéndole el boicot, …), contra el corporativismo
(que nos impide ser mínimamente objetivos), contra el sectarismo
(que nos impide tener una visión de conjunto, que nos limita
nuestra independencia y por tanto nuestra libertad), contra el
inmovilismo (que impide el cambio y por tanto la mejora, que
impide la readaptación a una realidad que siempre es más o
menos, en las formas y/o en el fondo, cambiante), contra las
injusticias, contra el pensamiento único (buscando activamente
visiones o versiones distintas de las "oficiales" para
contrastarlas con éstas, atreviéndonos a leer y estudiar
ideologías o ideas críticas con el sistema actual, la crítica es
el mejor antídoto contra la visión "monocolor" del mundo, la
pluralidad de ideas es imprescindible para encontrar soluciones
eficaces a los grandes problemas), contra la idea de que no es
posible cambiar el mundo (el mundo siempre ha cambiado y por
tanto siempre puede cambiarse, pero hay que cambiarlo a mejor,
hay que conseguir que los cambios beneficien a la mayoría),
contra todo dogmatismo (que anula nuestra capacidad crítica y
por tanto nos impide evolucionar ideológicamente), contra la
indiferencia, contra la estupidez, contra la falsedad, contra la
hipocresía, contra el excesivo orgullo, contra la vanidad,
contra las apariencias (teniendo en cuenta que la mayor parte de
las veces las apariencias engañan, no dejándonos engañar por
cambios superficiales y aparentes que en realidad esconden
continuidad en lo esencial, cambios en las formas para ocultar
continuidad en el fondo, no dejándonos engañar por "el arte de
cambiar todo para que todo siga igual"), contra la intolerancia,
contra todo tipo de culto (a las personas, a las ideas, a los
objetos, …), contra cualquier forma de integrismo o fanatismo,
contra la violencia (de cualquier tipo, sin perder de vista que
la violencia tiene muchas "caras", que mucha violencia física y
repentina es la respuesta a otra violencia "invisible",
psicológica, sutil y continua), contra el racismo, contra el
fácil recurso de la venganza o del rencor, contra la maldad,
contra la competencia desmedida (que anula nuestro sentimiento
de solidaridad, que limita nuestra capacidad de colaboración),
contra la "uniformización cultural" (que en realidad es la
eliminación de una cultura por otra cultura dominante, es
"imperialismo cultural", es la pérdida de las señas de
identidad, es la pérdida de las raíces), contra los
nacionalismos y patriotismos exacerbados (que siempre sirven al
poder, antiguo o emergente, para desviar la atención de los
verdaderos problemas, para olvidarnos de que lo importante son
las personas, para hacernos creer que hay algo superior a las
personas, patriotismo utilizado por el poder para justificarse,
para someter y para controlar al pueblo, nacionalismos y
patriotismos en nombre de los cuales se han hecho y se siguen
haciendo algunas de las mayores barbaridades de la historia de
la humanidad), contra todas las guerras (la guerra siempre
supone el mayor fracaso de la humanidad), contra el odio
(antesala de nuestra propia destrucción), contra la locura de la
(auto)destrucción, contra ……
Podemos rebelarnos haciendo el "boicot" al sistema,
ejerciendo una resistencia pasiva y "silenciosa" (aunque
complementándola con una resistencia activa organizada).
Como mínimo, dejando de ser "cómplices" del sistema, dejando de
colaborar "ciegamente" con él. Por lo menos, resistiéndonos
a que nos cambie, procurando que aun teniéndonos que adaptar a
él para sobrevivir, no nos cambie demasiado, no nos haga
renunciar demasiado a nuestros principios (llegando a un
"equilibrio" , "prostituyéndonos" lo justo). Lo primero es
evitar que nos cambie demasiado, es "defendernos" para
posteriormente pasar a la iniciativa e intentar cambiarlo
nosotros a él, es decir "primero defendernos para posteriormente
pasar al ataque". Como dijo Murphy, Si resistes, vencerás.
Esta actitud nos costará más de un disgusto y nos requerirá
mucho esfuerzo (sobre todo al principio, luego no tanto), pero
afortunadamente, también nos proporcionará una profunda
satisfacción interior, una tranquilidad de conciencia (y no por
la inexistencia de ésta), una sensación de haber cumplido con
nuestro deber más profundo como seres humanos (contribuir a un
mundo mejor, o por lo menos no contribuir a empeorarlo), una
sensación de no haber renunciado a nuestra forma de ser, de no
renunciar a nuestra dignidad, de no ser un "zombi idiotizado" al
servicio de un sistema que nos controla. No podemos ser
realmente felices si no somos nosotros mismos, si actuamos bajo
los dictados de una conciencia superior externa a nosotros.
La rebelión individual nos requiere más esfuerzo pero nos
redunda en mayor felicidad, en mayor humanidad, en mayor
sensación de ESTAR VIVOS. La rebelión individual nos emancipa.
Es una lucha personal por maximizar nuestra libertad, por
conquistar la mayor libertad posible. La rebelión individual
nos permite liberarnos individualmente (o por lo menos nos
permite minimizar el control que ejerce el sistema sobre cada
uno de nosotros) y de paso puede contribuir a cambiar el sistema
(si es realizada conjuntamente por muchas personas, por la
mayoría de la sociedad). QUIZÁS no consigamos nada, pero si no
hacemos nada entonces SEGURO que nunca conseguiremos nada, y
probablemente conseguiremos poco a poco ir "poniendo nuestro
granito de arena", y si somos muchos (si somos cada vez más, a
lo mejor ya lo somos sin saberlo, el sistema desde luego se
encarga de que creamos que somos "raros" y "únicos") entonces
muchos "granitos de arena" pueden convertirse en "montañas".
Además, en las organizaciones que pretendan cambiar el
sistema se puede ayudar a realizar dicha rebelión individual
a través de la comunicación, del intercambio de experiencias,
del debate, del aprendizaje de técnicas que ayudan a pensar bien
(y por tanto que ayudan a ejecutar dicha liberación personal),
de la concienciación masiva, de la promoción del boicot general
al sistema, etc. La rebelión individual es ineludible para
cada individuo pero puede compartirse, puede practicarse de
forma "coordinada y colectiva". Indudablemente, hay gente
que ya de por sí es rebelde y no tendrá muchas dificultades en
realizar dicha rebelión individual (de hecho la practica desde
que nació), pero dado que "nacemos pero también nos hacemos"
(tenemos cierto margen de maniobra), también podemos aprender
a ser más rebeldes, a ser "mejores" rebeldes, a ser rebeldes más
"eficaces". Como dijo el filósofo italiano Domenico Losurdo,
Los procesos revolucionarios son procesos de aprendizaje.
No se trata de una rebeldía "ciega" sino de una rebeldía
"razonada". No se trata de una rebeldía "incontrolada". No es
una rebeldía sin causas. Como dijo Walter Benjamin, la
revolución no es un tren fuera de control, es la aplicación de
los frenos de emergencia. Hay que rebelarse no contra todo
sino contra lo que vaya contra nuestro sentido común, contra la
razón, contra nuestros mejores sentimientos, contra lo que nos
dicta nuestra conciencia. Pero para ello debemos recuperar
nuestra conciencia, debemos "redescubrirnos", debemos
"interiorizarnos" recurriendo a lo mejor de nuestras
características humanas, es decir, a nuestra capacidad de
observar y analizar la realidad que nos rodea (que debe ser
siempre nuestro "laboratorio" de pruebas de nuestras ideas o
teorías, que debe confirmar o negar nuestra visión de las cosas,
como se hace con el método científico para validar o no las
teorías), a nuestra inteligencia para intentar explicarnos
porqué ocurren las cosas que vemos en el mundo, a nuestra
desconfianza natural hacia los poderosos, hacia las autoridades
(que nos lleve a preguntarnos siempre a quién beneficia tal o
cual idea o hecho), a nuestros mejores sentimientos de
solidaridad y humanidad (a ponernos en el puesto de otras
personas, especialmente de aquellos que sufren o son oprimidos),
a recuperar la compasión (para evitar caer en los mismos errores
de los que decimos combatir). En definitiva, se trata de que
"despertemos" como seres humanos que somos y que intentemos
sacar lo mejor de nosotros mismos e intentemos reprimir o
eliminar lo peor de nuestra forma de ser, se trata de
rebelarnos contra nosotros mismos también, contra nuestras
características más estúpidas y más malvadas, se trata de ser
dueños de nosotros mismos, se trata de controlar nuestras vidas,
se trata de "mojarnos". Este es el auténtico "germen" de la
verdadera revolución social, la "revolución interior". Como
dijo Manuel Azaña, cuando el pueblo se apasione por sus ideas
será la señal del triunfo.
Conclusión
El sistema lo hacemos entre todos los individuos del que
formamos parte. Indudablemente hay una minoría dominante que
tiene más poder de influencia sobre el funcionamiento del mismo.
Pero dicha minoría no puede controlar al conjunto de la sociedad
sin la complicidad (consciente o inconsciente) de la mayor parte
de la población. El filósofo inglés David Hume señaló en su
teoría política la paradoja de que en cualquier sociedad la
población se somete a los gobernantes, aunque la fuerza reside
siempre en las manos de los gobernados. Los gobernantes sólo
pueden dirigir un país si controlan las opiniones, no importa
tanto (aunque importa mucho) de cuántos fusiles dispongan. Esto
es así incluso en las sociedades despóticas, o en las más
libres. Si el pueblo no acepta las cosas, sus gobernantes están
acabados. La única posibilidad de intentar cambiar el sistema
debe partir de la mayoría dominada, la minoría dominante,
por el contrario, siempre intenta perpetuarlo para perpetuar sus
privilegios. El sistema podemos y debemos cambiarlo entre
todos. El pueblo debe tomar la iniciativa si desea
emanciparse, no puede esperar a que nadie lo haga por él (ni
siquiera puede esperar una verdadera emancipación de una
"vanguardia" intelectual). La verdadera emancipación debe
consistir en hacerlo por sí mismo. Como dijo Salvador Allende,
La historia es nuestra y la hacen los pueblos. Pero
dicha emancipación social no puede existir si no se produce a su
vez la emancipación de cada individuo, si no se produce una
rebelión individual contra el sistema y todos sus
"tentáculos" (incluidos los existentes en la propia manera de
ser del individuo). Dicha rebelión individual debe ser a su vez
"generalizada", la actitud rebelde que ya tienen (en mayor o
menor medida) algunos individuos, debe ser "exportada" o
"contagiada" progresivamente al resto de la población. Sólo
con una masiva rebelión de la sociedad (como suma de las
rebeliones individuales "coordinadas"), puede realmente cambiar
ésta. El cambio del sistema es una responsabilidad que debe
ser compartida por todos los individuos que pertenecen a él.
Pero dicha rebelión debe ser pacífica, debe ser la recuperación
de lo mejor del espíritu humano, lo mejor de su forma de ser,
debe ser mejorar potenciando lo mejor de nosotros y reprimiendo
lo peor de nosotros. Esta rebelión individual es tan
necesaria (o más) como una rebelión organizada y coordinada de
las masas, porque supone, no sólo derrocar el sistema
actual, sino que además, sustituirlo por uno nuevo que evite
reproducir los defectos del anterior, y esto sólo es posible
cambiando la manera de ser de cada individuo, aprendiendo a ser
de otra manera para construir un mundo nuevo. Obviamente estamos
hablando de un cambio profundo en la sociedad, que llevará mucho
tiempo, estamos hablando de la "semilla" que debe abonar el
"terreno" del cambio de la sociedad, estamos hablando de la
"materia prima" de la auténtica Revolución. Realmente estamos
hablando de la evolución ética y moral de la humanidad, si ésta
no se produce entonces probablemente tenemos muy pocas
posibilidades de subsistir como especie. Dicha evolución debemos
de alguna manera "forzarla" antes de que sea demasiado tarde (si
es que no lo es ya). Hemos evolucionado de forma muy desigual,
nos hemos desarrollado tecnológica y científicamente mucho más
que social, política y éticamente. La lucha por una sociedad
más justa, por su propia supervivencia, debe ser a nivel social
pero también a nivel individual. Se necesita una implicación
personal, además de social. Una implicación, por supuesto, en la
medida de nuestras posibilidades, pero éstas siempre existen, no
son nunca nulas. Ambas luchas se complementan y se "realimentan"
mutuamente. Como el Che Guevara dijo una vez a Nasser, el
momento decisivo en la vida de cada hombre es el momento cuando
decide enfrentarse a la muerte. Si la enfrenta, será un héroe,
tenga éxito o no. Puede ser un buen o mal político, pero si no
enfrenta la muerte, nunca será más que un político. Por
mucho que nos rodeemos de personas, por mucho que vivamos en
sociedad, por mucho que luchemos conjuntamente con otros, la
verdadera lucha por la emancipación es una lucha personal e
individual. La rebelión individual debemos practicarla
cada día, en nuestra vida cotidiana, no es una revolución
pasajera, es una revolución permanente, no es una revolución de
grandes hechos históricos protagonizada por famosos "héroes" y
en famosas fechas concretas, es una revolución de "pequeños"
hechos (de "microhechos") protagonizada por muchos "héroes
anónimos" que se produce cada día sin llamar la atención. Es una
revolución "democratizada y silenciosa". Esto no quiere decir
que no pueda o no deba producirse una nueva revolución en el
sentido clásico de la palabra, sino que significa que a la
espera de que llegue (si es que llega), hay que iniciar entre
todos una revolución "tranquila" mediante la implicación
personal de cada individuo del sistema, que además puede suponer
aumentar notablemente las posibilidades de éxito de esa posible
revolución "clásica" futura. El cambio de mentalidad debemos
empezar a practicarlo ya mismo cuestionando lo dicho en este
mismo artículo (porque todo es cuestionable, aunque no todo es
igual de cuestionable), pero haciéndolo con la razón, con la
argumentación y sobre todo con la mejor intención. Lo más
importante es la VOLUNTAD, es la ACTITUD (más que las
aptitudes), que realmente QUERAMOS cambiar el sistema. Si
queremos A LO MEJOR podremos, pero si no queremos entonces
SEGURO que no podremos. Y si queremos, tenemos que intentarlo.
Si lo intentamos A LO MEJOR lo conseguimos, pero si no lo
intentamos entonces SEGURO que no lo conseguimos. Lo
importante es que todos adoptemos una actitud RESPONSABLE,
ACTIVA y COMPROMETIDA. Como se suele decir, peor es
arrepentirse de lo que NO se hizo que de lo que se hizo (siempre
que no se haga ninguna barbaridad, por supuesto). Podemos
empezar a cambiar el mundo cambiando nosotros mismos para
cambiar nuestro entorno más inmediato. Como decía Gandhi,
Sé tu mismo la solución y el mundo que tú quieres para los demás.
Y como decía Platón, Buscando el bien de nuestros semejantes
encontraremos el nuestro.